La mayor victoria del fútbol masculino estadounidense en una generación tuvo un alto costo. Pero el precio que pagó Estados Unidos en el Levi’s Stadium para conseguir derrotar por 2-0 a Bosnia y Herzegovina en los dieciseisavos de final de la Copa del Mundo dejó algo muy claro.
Este equipo es diferente. Muy diferente.
Con una ventaja de 1-0 gracias a un gol de Folarin Balogun en la primera mitad, un balón largo llegó al campo bosnio y el goleador estadounidense y el defensa Tarik Muharemovic forcejearon por la pelota.
Balogun extendió su pierna derecha hacia el balón y acabó golpeando con su bota la pantorrilla de Muharemovic, llegando incluso a pisotearle el tobillo.
No hubo intención de lesionar en la jugada. Ambos jugadores iban a por la pelota y Balogun no se movía como si quisiera lastimar a Muharemovic.
Pero al reproducirse a cámara lenta en la repetición instantánea —tal como lo vio el árbitro Raphael Claus después de que el VAR señalara la jugada— la situación se veía fatal.
La diferencia entre la lectura inicial a velocidad normal —sin ninguna sanción, ni siquiera falta— y las repeticiones del VAR no podría haber sido más evidente.
Claus volvió de revisar el video y dictaminó que Balogun merecía una tarjeta roja por juego peligroso, expulsándolo del terreno por el resto del partido.
Esa bien podría haber sido la historia del partido (y si se echa mucho de menos a Balogun en el próximo encuentro contra Bélgica, se volverá a analizar una y otra vez).
Pero el momento más impactante del encuentr aún estaba por llegar, y es algo a lo que los aficionados estadounidenses pueden aferrarse mientras siguen soñando con llegar lejos en este torneo.
Ante la perspectiva de jugar con un hombre menos durante 35 minutos contra un rival decidido que podía lanzar repentinamente oleada tras oleada de ataques a su portería, Estados Unidos… no se rindió.
En cambio, liderados por la estrella del mediocampo Weston McKennie, el torbellino de movimientos que fue Christian Pulisic y el juego inspirado de Malik Tillman, sin mencionar la repentina solidez de la línea defensiva, Estados Unidos hizo lo que hacen los buenos equipos: capearon el temporal, mantuvieron el control, eligieron sus momentos, atacaron cuando tuvieron la oportunidad y supieron mantener la ventaja hasta el final.
Es un nivel de serenidad y aplomo que los estadounidenses no están acostumbrados a ver en su selección masculina de fútbol.
Es un nivel que algunos equipos nunca alcanzan. Basta con preguntarles a los italianos, que se quedaron en casa porque no pudieron evitar que Bosnia y Herzegovina anotara tras una tarjeta roja en el partido de clasificación para el Mundial, una derrota que dejó a la selección italiana en casa viendo el torneo.
Esa mentalidad es algo que se espera de los mejores equipos del mundo, y que ellos demuestran. Podría ser una señal de que Estados Unidos se está acercando a ese selecto grupo.
“Es un momento de orgullo y un momento que nos da mucha confianza, ya que hemos mantenido la portería a cero en dos de los últimos cuatro partidos”, declaró el defensa Chris Richards tras el encuentro. “Creo que antes no teníamos el mejor registro en cuanto a partidos sin encajar goles”.
Desde la sólida defensa que siguió a la expulsión hasta el brillante gol de tiro libre de Tillman en el minuto 82, Estados Unidos demostró una profesionalidad y madurez que otros equipos estadounidenses han tenido dificultades para mostrar en los escenarios más importantes.
Los recuerdos de colapsos en la Copa del Mundo del pasado —los dos goles en la prórroga marcados por Bélgica en 2014, el gol de Asamoah Gyan en la prórroga que eliminó a Estados Unidos en 2010, y la humillante derrota ante los hoel tiempo extra hace cuatro años— afloraron en la mente de los aficionados estadounidenses tras la expulsión de Balogun.
¿Qué nuevo infierno le esperaba al equipo de 2026? ¿Cuándo llegaría el momento que destrozaría de nuevo los sueños americanos en la ronda eliminatoria? Ahora que estaban en inferioridad numérica, ¿cuándo serían superados en el marcador?
Los bosnios se prepararon para asediar a Estados Unidos. Desplegaron al campo a tantos atacantes como pudieron. Su intención era aumentar la presión progresivamente hasta que los estadounidenses cedieran y permitieran el gol decisivo.
Y resulta que la persona que marcó el importantísimo segundo gol del partido tenía acento alemán, no bosnio.
Tillman, nacido en Alemania de padre estadounidense y madre alemana, se dispuso a lanzar el tiro libre tras una falta cometida por Stjepan Radeljic sobre Sergiño Dest justo fuera del área estadounidense.
Conseguir el tiro libre sirvió como válvula de escape, permitiendo a Estados Unidos respirar sin verse acorralado contra su propia portería. Sin embargo, también se encontraba en una posición peligrosa.
Tillman tomó impulso y, con un disparo curvo de derecha, superó la barrera bosnia, el balón rebotó en el guante del portero Nikola Vasilj y entró en la portería.
El goleador se dirigió hacia la grada, mientras sus compañeros corrían a su encuentro y la multitud enloquecía. Fue un momento mágico, fruto de la garra y la habilidad.
El fútbol masculino estadounidense siempre ha contado con abundancia de lo primero. Lo segundo va y viene. Ambos se combinaron para lograr uno de los resultados más importantes en la historia del país el miércoles por la noche en el Área de la Bahía.
“En el campo, soy una persona diferente. … No se ven mis emociones, pero si marcas un gol como este, creo que sí que las visteis”, declaró Tillman a los periodistas tras el partido.
“Es una sensación fantástica y, por supuesto, un momento de gran orgullo para mí”, agregó.
Es bastante raro que un equipo de 10 jugadores amplíe su ventaja, y aún más raro que lo haga en un partido eliminatorio de la Copa del Mundo, donde la cautela es fundamental.
Pero este equipo parece haber adoptado la personalidad de su entrenador, y los mejores equipos de Mauricio Pochettino siempre se han caracterizado por su valentía, su disposición a atacar con intensidad y defender con tenacidad hasta el pitido final.
Los equipos de Pochettino corren y corren sin parar, hasta que sus rivales se cansan y se vuelven vulnerables.
Esa mentalidad es la que el argentino tendrá que inculcar en su equipo durante los próximos días, porque la tarea que tienen por delante contra Bélgica se complicó mucho cuando Balogun fue expulsado.
Los Diablos Rojos no son el mismo equipo que en 2014, cuando eliminaron a Estados Unidos en octavos de final. Están muy lejos del cuadro que terminó tercero en este torneo en 2018 o que llegó a cuartos de final de la Eurocopa en 2016 y 2020.
Esa generación dorada de jugadores prácticamente ha desaparecido, y solo quedan Romelu Lukaku y Kevin De Bruyne.
En los dos primeros partidos de este Mundial, parecía que los mejores años de Bélgica habían llegado a su fin tras los decepcionantes empates contra Egipto e Irán.
Pero la contundente victoria por 5-1 sobre Nueva Zelandia les sirvió de escarmiento, y la increíble remontada del miércoles contra Senegal, en la que superaron un déficit de 2-0 con dos goles en los últimos cinco minutos y luego un penalti decisivo en la prórroga, dejó claro que Bélgica no es un rival fácil.
A eso hay que añadir que Estados Unidos jugará sin su mejor delantero, el hombre clave en la mayoría de sus goles en este torneo, y de repente Estados Unidos siente que vuelve a estar en una posición familiar: la de ser el equipo menos favorito.
Sin su delantero estrella, Pochettino podría recurrir a Ricardo Pepi, quien se compenetró bien con Pulisic antes del torneo, o a Haji Wright, autor del único gol de Estados Unidos en la derrota ante Holanda hace cuatro años.
O bien, el argentino podría hacer algo inesperado y cambiar por completo su formación para el partido de octavos de final.
Una cosa está clara: los estadounidenses demostraron el miércoles que tienen la mentalidad necesaria para llegar lejos en este torneo.
Bosnia y Herzegovina quizás no sea el equipo más talentoso ni una nación con una gran tradición futbolística, pero se les presentó una oportunidad de oro para forzar a Estados Unidos a sufrir el tipo de humillante derrumbe al que los estadounidenses están acostumbrados a ver cuando los focos brillan con más fuerza en la Copa del Mundo.
¿Pero este equipo? Este equipo es diferente.
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