En Uruguay es vox populi. Nadie lo duda ni lo discute: la selección uruguaya tiene cuatro estrellas. Como dijo el histórico relator uruguayo Carlos Solé al inmortalizar su relato del “Maracanazo” de 1950, “Uruguay es campeón del mundo por cuarta vez”. Por eso, la camiseta de la Celeste tiene del lado del corazón el escudo de la Asociación Uruguaya de Fútbol con cuatro estrellas.
La FIFA lo avala y permite. Pero ¿cómo se explica esto si Uruguay ganó solo las copas Jules Rimet de 1930 y 1950?
La explicación es sencilla, pero, para algunos, polémica. La historia del fútbol internacional marca que la selección uruguaya ganó dos Copas Mundiales de la FIFA —en 1930 en casa y en 1950 en Brasil— y las medallas de oro en los Juegos Olímpicos de París 1924 y Amsterdam 1928, dos certámenes organizados por la FIFA y con carácter de campeonato mundial, antes de que la casa madre del fútbol internacional organizara su torneo aparte desde 1930.
Esta historia empieza en 1924, en el campo de juego Colombes, en la periferia de París. Hasta allí viajó, en barco y tren durante dos meses (con una gira de partidos previa por España), la selección uruguaya, para representar a Sudamérica y mostrarles a los europeos que de este lado del océano no solo también se jugaba al fútbol, sino que se jugaba el mejor balompié del planeta.
Los jugadores de este pequeño país que pocos podían ubicar en el mapa sorprendieron al mundo y ganaron con claridad esa medalla de oro, que rezaba en francés: “champion du monde”. Ese torneo olímpico de fútbol (igual que el que siguió en 1928 en Amsterdam) estaba organizado por la mismísima FIFA, presidido por el francés Jules Rimet y otorgaba el título de campeón del mundo.
Cuatro años después se sumó Argentina, en busca del mismo título, y viajó con todas sus estrellas a esos Juegos Olímpicos de Amsterdam. La final se jugó entre las dos selecciones rioplatenses, que dejaron claro que dominaban el fútbol de la época. Los capitaneados por el histórico José Nasazzi ganaron esa final por 2 a 1 en un partido de desempate (después de haber igualado 1-1).
Lo más importante: convencieron al presidente de la FIFA Jules Rimet de que era necesario organizar un torneo exclusivo, un verdadero Mundial…
Poco después comenzó la organización de la primera Copa Mundial, que organizó precisamente el campeón, Uruguay, en 1930, y cuya final fue también contra Argentina, en el Estadio Centenario.
Desde entonces, la FIFA ha considerado esos títulos olímpicos del ‘24 y el ‘28 como campeonatos mundiales, debido a que fueron organizados por esa entidad antes de la creación de la Copa del Mundo de 1930.
Algo similar sucede, por ejemplo, con el Mundial de Clubes, explican los historiadores. Hoy en día existe una verdadera Copa Mundial, que en 2025 ganó el Chelsea en su primera edición. Pero la anteriormente llamada Copa Intercontinental (jugada entre los campeones de Europa y Sudamérica) y el Mundial de Clubes que la reemplazó (disputado solo entre campeones de cada confederación) son considerados títulos mundiales. Cuando el Real Madrid, por ejemplo, se considera el máximo campeón mundial de clubes (nueve títulos), en su palmarés incluye los distintos formatos.
La tradición de poner estrellas en la camiseta es algo relativamente nuevo. La primera selección que empezó la tradición de utilizarlas sobre su escudo para simbolizar sus títulos fue la de Brasil, que lo implementó en 1974 para recordar las tres copas Jules Rimet (1958, 1962, 1970) que le permitieron conservar el trofeo a perpetuidad.
Posteriormente, Mundial tras Mundial, otras selecciones tomaron la idea y también empezaron a bordar las estrellas en sus escudos: Italia en 1986, Alemania en 1998, Argentina e Inglaterra en 2006 y España en 2014.
Uruguay empezó a usar oficialmente las cuatro estrellas sobre su escudo en 1991, y vistió ese emblema en todas las ediciones de la Copa Mundial que jugó a partir de entonces. Sin embargo, 30 años después de la primera irrupción de las cuatro estrellas, la FIFA por primera vez lo puso en duda.
En 2021, la casa madre del fútbol le solicitó a la marca Puma, que vestía a la Celeste, a que quitara dos de las insignias. Esa decisión fue apelada por las autoridades uruguayas que, apoyadas por documentación de la propia FIFA, documentos históricos y alegatos de historiadores, como el francés Pierre Arrighi, convencieron al organismo de que las cuatro estrellas estaban en buena ley. La FIFA las ratificó y la Celeste volverá a utilizarlas en 2026.
Las principales pruebas que presentó Uruguay fueron los siguientes: análisis documental de los decretos emitidos por la FIFA en 1924, que confirman que la federación fue la organizadora de los torneos olímpicos de fútbol bajo la condición de que se reconocieran como campeonatos mundiales si eran organizados por la propia FIFA; normativa histórica de la FIFA utilizada para reglamentar esos dos campeonatos de 1924 y 1928; documentos sobre el rol de Jules Rimet y sobre cómo la FIFA institucionalizó los dos certámenes previos a 1930, otorgándoles el estatus de máxima competencia global; antecedentes de la propia FIFA autorizando a Uruguay a utilizar las cuatro estrellas en su indumentaria desde 1991.
Otra forma de verlo es similar a la que utilizan muchos países para considerar sus propios títulos nacionales de clubes: separar los títulos entre los “amateurs” y los “profesionales”. Sea como sea, cuando los futbolistas uruguayos entran a la cancha conocen bien la historia y saben que representan un pasado glorioso, con cuatro estrellas y múltiples títulos internacionales.
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