Incluso antes de que Irán anunciara este sábado que el estrecho de Ormuz había vuelto a cerrarse, los operadores de buques ya habían reducido las travesías por este canal estratégico.
El jueves, veinticinco barcos transitaron por el canal clave, según datos de la firma de inteligencia marítima Kpler. Sin embargo, Matt Smith, analista principal del sector petrolero, declaró a CNN que el número de petroleros cayó a una cifra de un solo dígito el viernes, tras cancelarse la primera ronda de conversaciones entre Irán y Estados Unidos para ultimar los detalles de su acuerdo.
“No es que estemos viendo un éxodo masivo de repente”, señaló Smith. “Se observa un ligero aumento del tráfico… pero nada significativo. Aún no hemos llegado al punto en el que surja un ‘pionero’ que dé el primer paso”.
El tráfico de buques del jueves fue el más elevado desde mediados de abril, momento en que Irán abrió brevemente el estrecho al tráfico comercial. No obstante, esa cifra seguía representando solo una fracción de los entre 100 y 120 petroleros que cruzaban diariamente el paso entre Irán y Omán antes de la guerra, indicó Smith.
Cerca de 500 barcos, incluidos 220 petroleros, han permanecido atrapados en el golfo Pérsico desde el inicio del conflicto. A pesar de que tanto Irán como Estados Unidos han firmado un acuerdo para poner fin a las hostilidades, diversos expertos coinciden en que pasarán meses antes de que el tráfico marítimo y el flujo de petróleo recuperen la normalidad.
Según Smith, esto se debe a las dudas que sienten los operadores de buques. Estima que harán falta semanas para que salgan los aproximadamente 120 petroleros cargados de crudo que se encuentran en el Golfo, y aún más tiempo para que los 100 petroleros vacíos se carguen y partan.
Persiste la incertidumbre entre los buques sobre dónde es seguro navegar y cuáles son los procedimientos adecuados para el tránsito, según Jakob Larsen, director de Seguridad y Protección del Consejo Marítimo Internacional y del Báltico (BIMCO), una importante organización internacional de operadores de buques.
“A pesar de la firma del acuerdo de alto el fuego, consideramos que la situación de seguridad para el sector naviero sigue siendo inestable”, declaró el jueves a CNN. “La zona central del estrecho está minada y no es navegable; al parecer, solo las zonas de tráfico costero cercanas a Omán e Irán están libres de minas”. Sin embargo, la congestión y los incidentes de navegación en esa zona costera también convierten el paso en algo arriesgado para los buques en este momento, añadió.
Se estima que hay 20.000 tripulantes aún atrapados en barcos en el golfo Pérsico. Muchos marinos están deseando marcharse, aunque exista cierta inquietud sobre la seguridad al hacerlo, señaló Ben Bailey, director de programas de Mission to Seafarers, una organización benéfica que presta servicios a las tripulaciones a bordo de los buques.
“Supongo que el término adecuado sería una especie de optimismo cauteloso”, dijo Bailey el viernes al referirse a las esperanzas de los marinos de partir pronto.
A los armadores también les preocupa que las aseguradoras marítimas aún no hayan anunciado que cubrirán los daños derivados de riesgos de guerra. Estas aseguradoras retiraron dicha cobertura en los primeros días del conflicto y todavía no la han restablecido para la mayoría de sus clientes.
“No fue solo Irán quien cerró el estrecho de Ormuz; fueron Lloyd’s de Londres y compañías similares”, afirmó Tom Kloza, analista petrolero independiente y asesor de Gulf Oil.
Más allá del riesgo, existen cuestiones prácticas, como determinar si los buques siguen en condiciones de navegar tras haber permanecido fondeados durante más de tres meses o si disponen del combustible y los suministros necesarios para zarpar, indicó la Lloyd’s Market Association, una asociación comercial de suscriptores de seguros marítimos.
Bailey mencionó también la necesidad de retirar los percebes y otros organismos marinos adheridos a los cascos durante los meses de fondeo.
“No basta con decir que el semáforo está en verde. No es cuestión de que todos arranquen motores y se pongan en marcha sin más”, comentó.
Pero incluso si los buques zarparan de inmediato, eso no significa que la producción de petróleo en el golfo Pérsico volvería a la normalidad. Gran parte de la producción y el refinado de la región se paralizó al inicio del conflicto, cuando se interrumpió el paso de los petroleros, y reactivarla será un proceso lento.
Una vez que se reanude la actividad, será necesario que nuevos petroleros regresen para recoger nuevos cargamentos de crudo. Lo último que desean los armadores es navegar de vuelta al golfo Pérsico y quedar atrapados de nuevo durante varios meses, señaló Kloza.
Esto requiere que los operadores de petroleros confíen en que el acuerdo de paz se mantendrá a largo plazo.
“No conocemos la respuesta a eso”, dijo Kloza. “Tal vez se perciba como una zona de aguas segura, pero creo que aún nos queda un largo camino por recorrer para llegar a eso”.
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