Un ciudadano estadounidense fue evacuado de la Antártida en una audaz misión de rescate en pleno invierno

Un expedicionario estadounidense fue rescatado el mes pasado en la Antártica en una audaz evacuación médica realizada en pleno invierno por un equipo de aviación australiano, en medio de temperaturas extremas y condiciones de oscuridad casi total.

La misión, calificada de “extraordinaria”, comenzó el 28 de julio, cuando la División Antártica Australiana realizó una “solicitud urgente de asistencia” para una evacuación médica desde la estación de investigación estadounidense McMurdo, según Skytraders, la aerolínea australiana especializada en vuelos a este vasto continente helado.

Tras un primer intento el 29 de julio que se vio retrasado por las inclemencias del tiempo, el Airbus A319 de Skytraders —llamado Snowbird 1— despegó de Australia el 31 de julio a las 2:44 a.m. (hora local) y llegó a la estación McMurdo más de cinco horas después. La aerolínea informó que el aterrizaje se produjo en “condiciones extremadamente difíciles”, que incluían oscuridad total y temperaturas que descendieron hasta los -43 °C (-45,5 °F).

Tras embarcar al paciente estadounidense de forma segura, la misión abandonó la Antártida “antes de que las condiciones empeoraran”, señaló Skytraders, y voló a Christchurch (Nueva Zelandia), donde el paciente recibió tratamiento.

No se han facilitado detalles sobre el paciente, y Health New Zealand no quiso divulgar información sin la autorización de la familia. Skytraders declinó hacer comentarios sobre el paciente y se limitó a decir que actualmente se está “recuperando bien”.

El Programa Antártico de EE.UU. no respondió hasta el momento a la solicitud de detalles realizada por CNN.

“Toda misión en la Antártida exige una precisión absoluta, pero las operaciones invernales aumentan considerablemente la complejidad”, declaró el capitán Al Wallach, piloto principal del vuelo. “Las condiciones que encontramos estaban al límite de la capacidad incluso de las aeronaves más especializadas”.

Louise Robertson, copiloto de la exitosa misión, declaró a CNN que, incluso durante los meses de verano, las misiones a la Antártida no son tarea fácil.

“La mayoría de las pistas son simplemente de nieve compacta; esto significa que salen máquinas pisanieves a preparar la pista para garantizar que haya suficiente fricción para que la aeronave pueda detenerse, y también para asegurar que la superficie esté lisa y despejada”, explicó Robertson.

Durante el vuelo, las tripulaciones mantienen una comunicación constante con equipos meteorológicos de todo el mundo para seguir la evolución de patrones meteorológicos impredecibles.

Esa preparación se intensifica aún más durante los inusuales y arriesgados vuelos invernales, y la presión aumentó debido a la rapidez con la que debía realizarse la operación ante la emergencia médica, añadió.

Antes de la misión, la tripulación analizó los peores escenarios posibles, como un corte de energía en la pista de aterrizaje que los obligara a aterrizar con visibilidad nula, o la necesidad de llevar combustible adicional por si no lograban aterrizar y debían regresar a Australia.

“Requirió una enorme concentración y carga de trabajo, además de muchos cálculos mentales: estimaciones para clima frío, correcciones de altitud durante la aproximación y la comunicación constante entre los miembros de la tripulación a bordo”, señaló Robertson.

“Cuando empezamos a acercarnos a Nueva Zelandia, sentimos un verdadero alivio; pudimos relajarnos un poco y estar más tranquilos”, añadió.

Robertson elogió el “trabajo en equipo” y afirmó que la misión no habría sido posible sin una comunicación clara y coordinada entre los distintos equipos internacionales.

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