Mientras estuvo en campaña, Abelardo de la Espriella prometió dar un golpe de timón en Colombia en caso de llegar al poder. Y una vez que fue declarado presidente electo el 24 de junio, arrancó con semanas de actividades que, dice, sentarán las bases para que pueda comenzar a cumplir esa promesa en cuanto asuma el cargo este viernes 7 de agosto.
En los 44 días que han pasado desde que el Consejo Nacional Electoral (CNE) lo declaró ganador de las elecciones —tras una segunda vuelta en la que derrotó al oficialista, Iván Cepeda—, De la Espriella ha emitido decenas de mensajes en público y en sus redes sociales, ha anunciado algunas de las primeras medidas que tomará su Gobierno y ha hecho nombramientos en el que será su gabinete.
Durante ese período, sin embargo, el futuro mandatario también se ha encontrado con algunas piedras en el camino, como las tensiones que ha tenido con el presidente saliente, el izquierdista Gustavo Petro, y el no haber logrado que su candidato, Alfredo Deluque, fuera electo para la presidencia del Senado.
De la Espriella no perdió el tiempo una vez que fue declarado presidente electo. El mismo 24 de junio, tras el anuncio del CNE —y cuando Cepeda ya había reconocido la derrota—, el candidato de ultraderecha y líder del movimiento Defensores de la Patria agradeció en sus redes sociales las felicitaciones por su triunfo y por la noche envió un mensaje de solidaridad a Venezuela tras los fuertes sismos que golpearon al país, donde hasta la fecha ya se cuentan más de 6.000 personas fallecidas.
Al día siguiente, él y el vicepresidente electo, José Manuel Restrepo, acudieron a recoger sus credenciales y dieron comienzo a los preparativos para asumir el poder.
Dentro de ese camino, De la Espriella se ha reunido con gobernadores y alcaldes, ha dado a conocer a su gabinete y ha hecho algunos de sus primeros anuncios.
Por ejemplo, dijo que una vez que asuma el cargo pondrá fin a la política de “Paz total” de Petro, con el argumento de que no ha servido para frenar la violencia en el país y de que los grupos armados deben ser encarados con mano dura. También anunció que creará un Bloque de Defensa para la Seguridad Urbana, en el que autoridades nacionales y locales de las principales ciudades se coordinen para combatir los delitos.
Además, aseguró que el suyo no será un Gobierno que trabaje exclusivamente desde Bogotá, por lo que adelantó que se mantendrá recorriendo el país y promovió que su investidura este viernes no se lleve a cabo en la capital, sino en la ciudad de Cali, a pesar de que algunos sectores criticaron que rompiera con la tradición.
Abogado de formación, considerado un outsider de la política y apodado “el Tigre”, De la Espriella declaró el inicio de la transición con el Gobierno saliente desde su primera semana como presidente electo. Sin embargo, no fue un proceso exento de tensiones.
Esto quedó en evidencia el 7 de julio, cuando De la Espriella declaró suspendidas las mesas luego de que Petro, quien había prometido respetar los resultados electorales, acusó que hubo fraude sin presentar pruebas concretas de sus dichos. “Mi deber es proteger los intereses de la Nación y garantizar una transición seria, transparente y al servicio de los colombianos, nunca legitimar el desastre ni el desconocimiento del orden constitucional”, dijo entonces el presidente electo.
La suspensión del empalme terminó el 22 de julio —según reportaron medios locales—, pero no las fricciones entre De la Espriella y Petro.
En su cuenta de X, Petro ha insistido en que hubo fraude en los comicios, sin presentar pruebas todavía, y también descalificó la cercanía que De la Espriella tiene con los gobiernos de Estados Unidos e Israel. En una publicación del 2 de agosto, incluso dijo que con De la Espriella serán el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, y el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, quienes gobiernen en Colombia. “Por un tiempo cesa la república independiente y soberana, y volvemos a ser colonia, hasta que el pueblo libre de Colombia decida gritar que Colombia es libre y soberana”, señaló.
De su lado, tanto en sus redes sociales como en sus discursos, De la Espriella ha continuado con sus críticas al Gobierno de Petro, el cual, sostiene, debe ser auditado para detectar posibles irregularidades.
Un terreno donde De la Espriella ha apurado el paso para imprimir su sello es la política exterior de Colombia, con un claro propósito de marcar distancia respecto del Gobierno de Petro.
A mediados de julio, el vicepresidente electo abrió brecha en esta materia. En una gira por Washington, no solo se reunió con líderes políticos y empresariales estadounidenses, sino que también, en una entrevista con CNN, aseguró que su país “puede ser un aliado incondicional de los Estados Unidos”.
El propio De la Espriella anunció días después que cuando asuma el cargo Colombia se unirá al Escudo de las Américas, una iniciativa impulsada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para que otros gobiernos del continente se unan al suyo para combatir a la delincuencia.
Durante la campaña presidencial en Colombia, Trump expresó su apoyo abierto a De la Espriella, como lo ha hecho con otros candidatos de derecha en América Latina desde que comenzó su segundo mandato en enero de 2025. Ya electo, De la Espriella le devolvió el gesto y planteó que Medellín sea la sede principal del Escudo de las Américas en territorio colombiano.
En esa línea, De la Espriella anunció el 27 de julio que Colombia reestructurará su servicio exterior, con lo que cerrará 14 embajadas, incluidas las de Cuba y Nicaragua, países con los que romperá relaciones. “En mi Gobierno no habrá vínculo alguno con tiranías”, dijo.
Dentro de este camino de anuncios sobre las relaciones que perfila con el mundo, un punto donde De la Espriella se topó con un alto fue Venezuela, un país con el que Colombia comparte una frontera de más de 2.000 kilómetros. El 11 de julio, el Gobierno venezolano respondió a De la Espriella que las tareas de reconstrucción tras los fuertes sismos del 24 de junio son una tarea “exclusiva” de los venezolanos, luego de que el presidente electo dijera que ese proceso debería dirigirse desde Colombia.
Por último, un factor que sobrevoló por estos 44 días de transición —y que desafiará los cuatro años de mandato de De la Espriella, según varios analistas— fueron los problemas de violencia en Colombia.
Durante estas semanas, las fuerzas de seguridad con frecuencia reportaron ataques de grupos armados contra sus elementos. Entre estos atentados resaltó el cometido durante las primeras horas del sábado 1 de agosto en Cúcuta, en el departamento de Norte de Santander, donde un vehículo bomba causó heridas a cuando menos 11 personas: ocho policías y tres civiles.
El presidente electo fue de las primeras figuras públicas que condenaron el hecho, al que se refirió como un “cobarde atentado terrorista”. “El terrorismo no intimidará a Colombia ni doblegará la voluntad de los colombianos de vivir en paz y con seguridad. Los responsables deberán ser identificados, capturados y llevados ante la justicia con todo el peso de la ley. A nuestros héroes de la Fuerza Pública: no están solos. Colombia y el tigre los respalda”, dijo De la Espriella en X, cuando para entonces faltaba menos de una semana para su juramentación.
Hoy, en una ceremonia que vigilarán más de 6.300 policías desplegados en Cali, De la Espriella finalmente asumirá la presidencia de Colombia para el período 2026-2030, con el reto —entre muchos otros— de hacer realidad la pacificación que desde la campaña ha prometido para el país.
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