Nada de lo que ocurrió este viernes, cuando el Departamento de Justicia retiró el caso contra el presunto responsable de vandalizar el estanque reflectante del Monumento a Lincoln, resultó completamente sorprendente.
Pero precisamente eso es lo que hace que el episodio sea tan escandaloso.
El Gobierno fue cuestionado en repetidas ocasiones sobre la posibilidad de que los daños en el estanque reflectante no hubieran sido causados por vándalos. Quizá se debieron a una instalación deficiente por parte de la empresa contratado sin licitación por el presidente Donald Trump. O tal vez se trató simplemente de un trabajo apresurado, como plantearon varios periodistas, dado que Trump quería que el estanque estuviera listo para las celebraciones del Día de la Independencia.
Sin embargo, el Gobierno rechazó de manera reiterada y contundente esas teorías e insistió en que los daños eran obra de vándalos de la izquierda radical decididos a destruir los monumentos más preciados del país. Afirmó que eso estaba probado y documentado. Finalmente, presentó un caso de alto perfil contra una persona —el excanoísta olímpico David Hearn—, quien pasó el último mes enfrentando la posibilidad de una condena por un delito grave.
El Gobierno solicitó retirar el caso siguiendo la práctica habitual de anunciar este tipo de decisiones un viernes, cuando muchas personas ya han desconectado por el fin de semana. Al hacerlo, realizó importantes admisiones.
En esencia, el Departamento de Justicia señaló que la situación era exactamente lo que parecía: que los daños “fueron el resultado de una instalación defectuosa y no de un acto de vandalismo”.
Además, responsabilizó al Departamento del Interior de haber retenido deliberadamente información que habría demostrado ese hecho y evitado que el caso llegara a presentarse.
“El Departamento del Interior proporcionó información incompleta al inicio de este caso”, señaló el Departamento de Justicia en su presentación judicial.
Añadió: “Si el Departamento del Interior hubiera proporcionado oportunamente la información que claramente estaba en su poder, el Gobierno no habría solicitado una acusación formal ante un gran jurado”.
En circunstancias normales, todo esto habría dado lugar a investigaciones de gran alcance e incluso a indagaciones del Congreso. Según el propio Gobierno de Trump, otras dependencias gubernamentales ocultaron información, lo que permitió presentar un caso penal injustificado contra un hombre inocente. Además, el Departamento de Justicia impulsó un caso claramente deficiente sin contar primero con toda la información disponible.
Y todo ello, conviene subrayarlo, mientras se reforzaban los objetivos políticos de Trump. El mandatario comenzó a atribuir los daños a actos de vandalismo a mediados de junio, después de que la remodelación del estanque reflectante empezara a deteriorarse rápidamente, lo que generó aún más preguntas sobre el manejo del proyecto. Todo apunta a que otro proceso apresurado impulsado con fines políticos terminó desmoronándose.
Sin embargo, Trump redobló su versión de que los daños fueron causados por vándalos y escribió este sábado en redes sociales: “No estoy de acuerdo en absoluto con Jeanine Pirro, fiscal federal del Distrito de Columbia, sobre el estanque reflectante”.
“No sé qué estaba pensando. Para mí, fue claramente un caso de VANDALISMO, que incluyó el césped, donde aparecía un enorme ’86 47’ escrito con letras gigantes, además de otros elementos de la zona. Puede que haya habido algunos problemas con el contratista, pero los daños principales fueron causados por VÁNDALOS”, escribió el presidente en Truth Social, en aparente referencia al misterioso grabado “8647” que apareció sobre el césped de la Explanada Nacional en junio.
También vale la pena detenerse en la manera en que el Gobierno defendió públicamente este caso, con afirmaciones que ahora han quedado directamente desacreditadas por la nueva presentación del Departamento de Justicia.
Una y otra vez sostuvo afirmaciones que ahora han sido contradichas. Y cuando se le plantearon explicaciones alternativas que finalmente resultaron ser correctas, las descartó de plano.
Poco después de que Trump planteara por primera vez la posibilidad de que los daños fueran obra de vándalos, un periodista le preguntó en junio si el responsable no podría ser simplemente el contratista.
“No, no. Fueron vándalos”, respondió Trump, al asegurar que habían hecho “un corte de 300 pies” en el estanque.
Cuando otro periodista señaló que resultaba extraño que alguien hubiera podido vandalizar el estanque de esa manera, considerando que “la Guardia Nacional y la policía han estado por toda la Explanada Nacional”, Trump aseguró que existían pruebas.
“No puedo evitar que alguien entre con un cuchillo y empiece a cortarlo”, añadió. “Y además tenemos fotografías”.
Esas fotografías nunca aparecieron. De hecho, el Departamento de Justicia ni siquiera acusó a Hearn de haber utilizado un objeto cortante.
Trump continuó calificando a los presuntos responsables como “matones”, “personas enfermas”, “personas que quieren destruir nuestro país”, “basura de la izquierda radical que odia a nuestro país” y “sinvergüenzas que odian a su país”. Con el paso del tiempo, la supuesta longitud del corte pasó de 300 pies a 300 yardas.
Hearn fue acusado formalmente el 2 de julio. Fue el único caso por vandalismo tratado como delito grave, luego de que el Gobierno elevara el cargo desde un delito menor al afirmar que había causado daños por al menos US$ 1.000. (El Gobierno también retiró al menos dos de los tres cargos menores presentados contra otras personas). Pirro decidió además ofrecer una conferencia de prensa.
Cuando un periodista le preguntó si el estanque “probablemente ya estaba dañado” antes del incidente con Hearn, Pirro rechazó reiteradamente esa premisa.
“Él lo dañó”, respondió.
“¿Pero cree que ya estaba dañado antes?”, insistió el periodista.
“Él dañó el estanque”, respondió nuevamente.
“¿Antes de que él lo tocara?”, volvió a preguntar.
“Él dañó el estanque”, repitió ella.
En una aparición posterior en Fox News, donde Pirro trabajó antes de convertirse en fiscal federal del Distrito de Columbia, el presentador Jesse Watters le comentó: “Mucha gente, cuando ocurrió lo del estanque, no le creyó al presidente cuando habló de vandalismo”.
Pirro se burló de manera audible.
“Cuando llegan estos anarquistas —y tenemos testigos— dicen: ‘Oh, no hicimos nada’”, afirmó, y añadió que los vándalos actúan como si “tuvieran derecho a destruir un monumento”.
“No, no lo tienen”, dijo Pirro enfáticamente.
Días después, el secretario del Departamento del Interior, Doug Burgum, abordó el tema en programas dominicales de televisión, donde Dana Bash, de CNN, señaló que el revestimiento del estanque ya parecía estar desprendiéndose antes de la llegada de Hearn.
Burgum respondió: “No se desprendió solo. Hubo vandalismo. Se utilizaron cúteres”.
“¿Y está 100 % seguro de que lo ocurrido con el revestimiento fue vandalismo? ¿Puede demostrarlo?”, preguntó Bash.
“Sí, absolutamente, Dana”, respondió Burgum.
Luego añadió: “No entiendo por qué usted y otras personas de los medios siguen cuestionando esto… Se trata de un revestimiento industrial”.
Agregó: “Literalmente, nunca se desprendería ni se caería por sí solo”.
Ahora, el Departamento de Justicia sostiene que el departamento encabezado por Burgum ya disponía de información que indicaba exactamente lo contrario: que conocía esos datos desde casi un mes antes y decidió no revelarlos.
“Casi inmediatamente después de que finalizaran inicialmente los trabajos, se observaron desprendimientos a lo largo del perímetro del estanque”, señala la nueva presentación judicial. “Un correo electrónico del ingeniero del Servicio de Parques Nacionales del 11 de junio de 2026 indicaba que la causa de los daños fue un error del contratista debido a un ‘exceso de pulverización’”.
Al final, todo parece haber sido exactamente lo que mostraban los hechos desde el principio: un grupo de funcionarios empeñados en ignorar las evidencias que tenían frente a ellos para convertir en realidad una narrativa políticamente conveniente para el presidente.
Incluso si eso implicaba poner en riesgo la libertad de un hombre inocente.
Esta historia fue actualizada con información adicional.
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