España está en la final del Mundial por segunda vez en su historia, después de aquella gloriosa edición de 2010 para la Roja, donde ganó su primer y hasta ahora único trofeo de la Copa del Mundo. Lo hizo a costa de Francia, la gran candidata de muchos, que, por primera vez en el torneo, se quedó sin respuestas.
Lejos estuvo de ser una reedición de aquel infartante 5-4 que protagonizaron estos mismos equipos en las semifinales de la UEFA Nations League en 2025. Ni España ni Francia tuvieron más que un puñado de opciones claras para marcar goles en Dallas. De hecho, el partido fue muy impreciso y táctico en el inicio.
De entrada, quedó clara una cosa: Francia tenía mucho respeto por la Roja. De hecho, fue la versión más gris de Les Bleus en mucho tiempo. Una sombra del equipo ofensivo, dinámico y decidido que lo había llevado a ganar los seis partidos del torneo con total justicia y, en la mayoría de los casos, también holgura.
Deschamps, sorpresivamente, se decidió por el regreso de un Tchouaméni al que le quedó enorme el mediocampo, mucho más cuando su compañero Rabiot vio merecidamente la tarjeta amarilla a los 9 minutos de la primera parte. Sin embargo, en esos primeros minutos se vio lo mejor de Francia en toda la jornada, y eso dice mucho de lo que siguió después.
Los galos no patearon al arco, pero cortaron varias veces el circuito de juego de España e intentaron atacar, aunque con poca gente y menos resolución. Ni Mbappé ni Dembélé dijeron presente y mucho menos Barcola, que pareció merecer el mismo cambio que hace cuatro años dejó en ridículo al hoy Balón de Oro, cuando salió a los 25 minutos de la final con Argentina.
Olise tuvo uno de sus peores partidos, lejos del área de resolución y demasiado preocupado por impedir que Rodri reciba el balón en la salida de España. Sin su vocación ofensiva, a Francia le costó horrores enlazar las líneas.
España tampoco hizo mucho. De hecho, prácticamente no le había visto la cara a Maignan cuando recibió un regalo del cielo. Mejor dicho, de Digne, el lateral izquierdo, que falló al controlar un balón alto y, cuando quiso despejar, se llevó puesto a un Lamine Yamal que le ganó con lectura y rapidez la posición. Penal indiscutible, a pesar de lo que diga Deschamps, gol de Oyarzabal y a otra historia.
Y esa historia que empezó con el segundo gol fue la de una España controladora, para nada ambiciosa, pero muy posesiva del balón. Rodri empezó a encontrar espacios y, con el 1-0 en el bolsillo, llevó la pelota de un lado a otro casi sin oposición. Francia sufrió un segundo golpe cuando Saliba, su mejor defensor, pidió el cambio por lesión.
Les Bleus no tuvieron más que un par de aproximaciones, un pase largó que Unai Simón salió atorarle bien alto a Mbappé y un remate de nula exigencia de Barcola.
España pudo haber marcado el segundo gol tras una gran jugada por derecha que por poco no llegó a definir Fabián Ruiz.
Si el error de Digne fue la primera clave del triunfo español, la segunda fue la pésima lectura de juego que hizo Deschamps al descanso. Eligió dejar a Barcola en el campo y solo cambiar piezas, Koné por Rabiot, cuando el partido le pedía sacar a uno de los extremos (Barcola se imponía como cambio, pero Olise podría haber salido también) para reforzar el mediocampo con el fin de evitar la orquesta de pases de España.
Fue tan mala la lectura que, tras 15 minutos de toquetear el balón a sus anchas, la Roja se decidió a liquidar la historia. Y lo hizo su lateral derecho, quizás la figura del partido. Pedro Porro trepó por derecha y centró un pase en diagonal para un Dani Olmo parado de centrodelantero. El del Barcelona, con un simple toque, le dejó el balón en el camino al del Tottenham, que con toda la resolución que les faltó a las figuras de Francia, fue a buscar la devolución y convirtió el segundo gol.
Segundos después, Lamine marcaba el tercero, pero se lo anulaban por un offside muy pequeño.Francia lucía golpeada, deambulando por el terreno de juego. Mbappé probó a Simón desde un ángulo imposible y tuvo su mejor chance ante un remate que se desvió en Cucurella. Pero fue una reacción casi aislada.
España controló el trámite hasta los minutos finales, cuando Francia fue sin ideas y con orgullo. Primero Doué desperdició una chance clarísima sin portero y Dembélé probó a Simón, de buena tarea. Fue todo para los subcampeones del mundo.
La Roja confirma que va de menos a más en este torneo. Casi nadie recuerda ya que empezó el Mundial no pudiendo ganarle a Cabo Verde (que después resultó un rival mucho más complicado de lo que parecía).
Juega con soltura, sin apremio, de manera casi exasperante para el público neutral, como si no le importara el arco rival. Pero lo hace con inteligencia. No es falta de ideas. Es táctica y estrategia.
Así moldeó De la Fuente a este equipo. Restará saber cómo reacciona ante la presión del marcador, porque, por ahora, no estuvo nunca abajo en el resultado durante la Copa del Mundo. Y quizás esa sea la marca de esta selección, que domina golpeando poco, pero, convencida, avanza a la gran final.
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