Casi todas las regiones de Rusia están afectadas por la crisis del combustible en medio de los ataques con drones de Ucrania

Casi todas las 83 regiones de Rusia están experimentando escasez de gasolina o interrupciones en el suministro, según un análisis de CNN, y muchas gasolineras han impuesto medidas de racionamiento mientras el Gobierno ruso se apresura a contrarrestar una feroz campaña de ataques con drones ucranianos dirigidos a sus refinerías.

La crisis del combustible, que se intensificó inicialmente en Crimea —territorio bajo control ruso— y generó la declaración del estado de emergencia y la prohibición total de venta de combustible a particulares el 21 de junio, se extiende a lo largo de todo el territorio de Rusia.

CNN analizó declaraciones oficiales de alcaldes y gobernadores regionales, así como informes de medios nacionales y locales, y constató que más de 50 de las regiones reconocidas internacionalmente notificaban oficialmente problemas de suministro. Además, existen informes no oficiales de interrupciones en casi todas ellas. Al menos tres regiones, incluidas Irkutsk y Transbaikalia (en el este de Rusia), han declarado un “estado de alerta reforzada”, un nivel inmediatamente inferior al estado de emergencia.

“Actualmente observamos cierta escasez, aunque no es crítica”, afirmó el presidente Vladímir Putin durante una extensa entrevista en la televisión estatal el domingo, una intervención que parecía formar parte de una campaña de relaciones públicas organizada apresuradamente para tranquilizar a la población y asegurar que todo estaba bajo control.

Quizás menos tranquilizador resultó su comentario de que la tarea más urgente era “aumentar rápida y significativamente la producción de sistemas de defensa aérea”, una señal clara de la creciente vulnerabilidad de Rusia ante los ataques ucranianos.

No es la primera vez que Rusia sufre una escasez generalizada de combustible. El pasado agosto, un aumento de los ataques ucranianos afectó al suministro en varias regiones, pero los expertos señalan que la situación actual es mucho peor.

“La diferencia clave radica en la magnitud y la persistencia de los ataques”, señaló Sumit Ritolia, analista principal de suministro y modelización de refinado en Kpler, una firma de inteligencia sobre materias primas. Otro factor a tener en cuenta son las labores de reparación que aún continúan tras la campaña del año pasado, añadió.

Ritolia estima que la producción rusa de gasolina se sitúa actualmente alrededor de un 20 % por debajo de la demanda interna debido a los ataques ucranianos, y que los niveles de procesamiento de las refinerías (la cantidad de crudo que estas tratan) se encuentran en mínimos de varios años.

“En esta carrera entre quienes reparan y quienes atacan, la balanza se está inclinando”, afirmó Sergey Vakulenko, quien trabajó durante 25 años en el sector ruso del petróleo y el gas y es investigador principal en el Carnegie Russia Eurasia Center, un centro de estudios con sede en Berlín. Vakulenko señaló que Ucrania no solo había aumentado la frecuencia de los ataques en las últimas semanas, sino también el número de drones utilizados. “La resiliencia de la industria petrolera rusa está siendo llevada peligrosamente al límite”, escribió en un artículo reciente.

La resiliencia del pueblo ruso también está bajo prueba. Las gasolineras de toda Rusia están imponiendo límites a las compras, y han surgido sitios web que rastrean el combustible para guiar a los conductores hacia los mejores lugares para repostar, según un análisis de CNN. A medida que las filas de automóviles se alargan, aumenta la tensión.

Un video publicado en redes sociales la semana pasada muestra a dos mujeres en Moscú enzarzadas en una discusión llena de insultos por sus respectivos turnos en la fila. “Aquí se atiende por orden de llegada”, grita una de ellas, y le dice “imbécil” a la otra.

En la ciudad rusa de Krasnodar, situada en el sur y limítrofe con Crimea, otro video muestra a un hombre llenando un recipiente en la parte trasera de su vehículo mientras dos mujeres lo increpan por infringir las normas. Varias regiones rusas han prohibido el uso de bidones grandes —con capacidad para unos cinco galones (aprox. 19 litros)— para evitar el acaparamiento de combustible.

Es imposible medir el alcance del malestar público, pero el propio Putin se mostró lo suficientemente preocupado como para advertir, en una entrevista concedida el domingo a medios estatales, que los ataques buscaban “generar incertidumbre o, mejor aún, causar una fractura en la sociedad rusa”.

Las autoridades también se ven obligadas a tomar medidas enérgicas contra quienes pretenden sacar provecho de la crisis. En la ciudad siberiana de Irkutsk, la policía multó el lunes a cuatro personas acusadas de revender combustible en el mercado negro a precios inflados, según informó el Ministerio del Interior de la región. En uno de los casos, un joven de 20 años fue sorprendido en una operación encubierta después de que agentes anticorrupción se hicieran pasar por compradores. Presuntamente vendía el combustible a un precio que cuadruplicaba la media nacional.

El gobernador de Irkutsk, una de las regiones más afectadas, declaró un “estado de alerta reforzada” para estabilizar la situación y prohibió la venta de combustible en bidones a cualquier persona que no perteneciera a los servicios de emergencia.

“Es una especie de arma de doble filo: afecta tanto al estado de ánimo de la población como a la inflación”, señaló Alexander Kolyandr, investigador principal del Centro de Análisis de Política Europea (CEPA), refiriéndose a la escasez de combustible.

Los medios rusos han informado que la gente espera hasta 18 horas en filas para repostar. En internet se han multiplicado los memes, incluido uno que muestra a personas instalando mesas con bebidas y pipas de agua (shishas) junto a sus vehículos detenidos.

Incluso en Moscú se observan escenas insólitas de automóviles y camiones haciendo fila frente a las gasolineras, donde algunos conductores esperan durante horas sin garantía de poder llenar el depósito.

La inquietud en la capital rusa es elevada tras el ataque con drones perpetrado por Ucrania el 18 de junio, que fue el mayor desde el inicio de la invasión a gran escala de Rusia y el segundo dirigido contra la refinería de Kapotnya, en Moscú, en menos de una semana. Un intento de interceptación generó una gran explosión que arrancó el techo de un tanque de combustible.

En la última semana, algunos conductores en Moscú han comentado a CNN que llevan días recorriendo la ciudad en busca de gasolina. Una conductora de 27 años, que prefirió mantener el anonimato, relató este lunes que había estado esperando en fila durante dos horas en una estación de servicio. Preguntó al empleado si se estaba racionando la venta y le respondieron que era información confidencial, aunque poco después el trabajador reveló que cada estación decidía por su cuenta cómo gestionar la situación.

El 23 de junio, una empleada de una gasolinera en el centro de Moscú declaró a CNN que los camiones cisterna seguían llegando y suministrando combustible según lo previsto. Calificó de “totalmente innecesario” el revuelo y las colas en las estaciones de servicio, atribuyendo las crecientes filas a las compras por pánico.

Sin embargo, Vakulenko, del Carnegie, considera que los problemas de suministro en Moscú son reales, debido no solo a los ataques de junio, sino también a los múltiples impactos sufridos por las refinerías de las regiones circundantes que abastecen a la capital.

Ritolia, de Kpler, señala que estas interrupciones “se producen al inicio de la temporada de alta demanda” en el país, que suele prolongarse hasta septiembre, momento en que los niños regresan a clases.

El gobernador de la región de Leningrado, Alexander Drozdenko, resumió la situación con precisión en su canal de Telegram: “No hay motivo para el pánico. Ni tampoco para un optimismo excesivo”.

Rusia aún dispone de herramientas para afrontar esta crisis, pero expertos señalan a CNN que las opciones se están reduciendo.

El domingo, Putin enumeró las medidas que el Gobierno estaba adoptando: desde acortar los plazos de mantenimiento programado en las refinerías hasta considerar la prohibición de exportar diésel y aumentar las importaciones. El miércoles, la agencia Reuters informó citando dos fuentes que Rusia había comenzado a comprar gasolina a la India; se trata de un giro sorprendente en una dinámica ya consolidada, en la que las refinerías indias actúan como válvula de escape para colocar el crudo ruso en los mercados mundiales en medio de las sanciones internacionales.

Según informó esta semana el diario económico Kommersant, Rusia también podría estar considerando permitir la comercialización de gasolina de menor calidad para aumentar el suministro, una medida que conlleva riesgos para los usuarios. “A los coches nuevos no les sienta bien la gasolina de mala calidad”, señaló el analista Kolyandr, “así que, se mire por donde se mire, es la población la que paga las consecuencias”.

La comunicación también resulta crucial, dado el impacto que generan las compras impulsadas por el pánico. Si el Gobierno logra estabilizar el suministro y tranquilizar a la población, podría producirse una “normalización” en la que la gente perciba que la escasez no es tan grave como se temía y reduzca sus compras, señaló Janis Kluge, asociado sénior del Instituto Alemán de Asuntos Internacionales y de Seguridad.

El viceprimer ministro Alexander Novak afirmó el miércoles que el mercado ruso está “plenamente abastecido” tanto de diésel como de gasolina.

Sin embargo, si los ataques de Ucrania continúan al ritmo actual, es posible que esa normalización no llegue a materializarse. Además, los riesgos económicos derivados de una mayor inflación y un menor consumo consecuencia de la escasez de combustible han surgido en el peor momento posible.

Los precios del petróleo, que se dispararon durante los primeros meses de la guerra entre Estados Unidos e Israel e Irán, están descendiendo ahora, lo que cierra una ventana de oportunidad para que Rusia utilice los mayores ingresos por exportaciones para paliar su creciente déficit presupuestario. Mientras tanto, la economía rusa ya se encuentra estancada, a pesar de que el gasto en defensa sigue aumentando.

En su reunión del miércoles para fijar las tasas de interés, el Banco Central de Rusia recortó sus elevadísimas tasas apenas un cuarto de punto porcentual, argumentando que las presiones inflacionistas volvían a aumentar debido, en parte, a “una contracción temporal en la producción de combustible para vehículos”.

No obstante, dado que esta semana Putin ha reiterado sus pretensiones tanto sobre la región ucraniana del Donbás como sobre “Novorossiya” (término que emplea para referirse a las regiones ucranianas de Zaporiyia y Jersón), Kolyandr considera que el escenario más probable a corto plazo es una escalada militar. “Para la parte ucraniana tiene todo el sentido intensificar las acciones, ya que la estrategia funciona; por el lado ruso, cuanto antes intensifiquen el conflicto, antes […] podrían resolver la situación, pues el dinero se está agotando y es probable que la paciencia de la opinión pública también se esté acabando”.

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