“Cumbres Borrascosas”, del libro a la película: las diferencias del clásico de Emily Brontë y su nueva adaptación

No parecía posible una mayor polarización en Internet y entonces Hollywood tuvo a bien producir una nueva adaptación de “Cumbres Borrascosas”.

Ríos de tinta virtual corrieron desde que se publicó el primer avance y ahora que la película protagonizada por Margot Robbie y Jacob Elordi debutó en la pantalla grande el debate es ineludible: ¿se puede defender esta adaptación del clásico de Emily Brontë?

La directora, Emerald Fennell, no esconde ni por un segundo sus intenciones de hacer una reinterpretación libre. Ni por un segundo literalmente: la primera escena muestra un ahorcamiento público al que asiste con regocijo la pequeña Catherine que no sucede en ninguna de las más de 400 páginas del libro.

Si leíste la novela antes de ver la película, probablemente ya tengas una opinión formada. Si no lo hiciste, considera esto una invitación formal a leer un clásico ineludible de la literatura inglesa del siglo XIX. Hasta entonces, si te estás preguntando en qué difiere la película que viste del libro en el que se basó, aquí te dejamos algunas primeras respuestas que, con un poco de suerte, despertarán tu curiosidad por una obra excepcional.

Atención: a continuación hay spoilers de ambas obras, desde luego.

La adaptación omite un personaje clave de la familia Earnshaw que creó con maestría Brontë: Hindley. Fennell presenta a Catherine como hija única, pero lo cierto es que en el relato original tiene un hermano mayor, Hindley Earnshaw, el primogénito de la familia.

Y su papel es fundamental. Hindley rechaza a Heathcliff desde el momento en que pone los pies en la casa de los Earnshaw y es quien le causa mayor sufrimiento. El viejo Earnshaw, por el contrario, muestra una deferencia por el forastero que solo hace aumentar el encono del hermano mayor de Catherine.

Heathcliff, a quien Earnshaw lleva desde Liverpool, es descrito como de pelo y ojos y piel oscura, en ocasiones con la palabra “gitano”, y esa también es una cuestión esencial en el libro: su origen desconocido y su pobreza le hacen objeto de odios y violencias que él a su vez reproducirá con creces. Detrás del “demonio” de Heathcliff y su enfrentamiento con los terratenientes de la campiña subyace una lucha de clases que es eje central de la novela de Brontë, una autora que fue testigo en tiempo real de los cambios que operó en la sociedad la Revolución Industrial.

Volviendo a la trama: una vez que el padre muere —un progenitor con rasgos de nobleza muy diferente al que recrea la película—, Hindley toma las riendas de la casa, condena a Heathcliff al abandono y embrutecimiento y favorece el vínculo de Catherine con los Linton, poniendo de relieve nuevamente la cuestión de la clase.

Sin embargo, luego de la muerte de su esposa, Hindley se precipita barranca abajo y apuesta y bebe hasta morir, un poco como el padre en la película (pareciera que la directora junta a ambos personajes en uno, una decisión que deja a la audiencia sin poder conocer al verdadero Sr. Earnshaw). Entonces Heathcliff, que promovió esa caída en desgracia tras regresar con el porte y el dinero de un caballero de un viaje del que nunca conoceremos los detalles, logra hacerse con el control de las “Cumbres Borrascosas”.

Bajo el ala de Heathcliff queda el único hijo que tuvo Hindley con su amada esposa, Hareton, y en su sed de venganza le hace, básicamente, lo que le hicieron a él: condenarlo a la ignorancia y el embrutecimiento.

En la familia Linton las cosas también son bastante diferentes. Para empezar, Edgar e Isabella son hermanos, y viven en la Granja de los Tordos junto a sus padres. Brontë los pinta a ambos con una ingenuidad infantil que contrasta con la fiereza de Catherine y Heathcliff incluso más de lo que puede advertirse en la película (que, no obstante, juega mucho con el contraste entre las dos casas y sus habitantes).

Una diferencia aún mayor tiene que ver con la forma en que entablan relación con Catherine. La “Cumbres Borrascosas” de 2026 muestra a una joven Earnshaw sumida en la miseria económica que activamente busca que Edgar se enamore de ella y le proponga casamiento para largarse de “Cumbres Borrascosas”. Brontë no lo concibió así. En la novela del siglo XIX, Catherine y Heathcliff terminan en las afueras de la casa de los Linton en una tarde de juegos en la que se estaban burlando de sus pusilánimes vecinos desde la distancia y, después de un altercado con unos perros, los refinados vecinos le dan la bienvenida a ella en su hogar, pero no a él, a quien despachan como un sirviente.

Semanas después, Catherine vuelve a “Cumbres Borrascosas” con un refinamiento inesperado, algo que a su modo retrata la película, y se encuentra con un Heathcliff huraño que tiene que asistir a la consolidación del vínculo con los Linton que termina en la pedida de mano. Es verdad que Catherine sucumbre a la clase social y el bienestar de la Granja de los Tordos, sí, y que ella hace ese errado razonamiento según el cual siendo la esposa de Edgar puede ayudar a mejorar la posición social de Heathcliff más que como están las cosas en ese momento —con un Heathcliff bajo el yugo del maltrato y el desprecio de Hindley—, pero no que ella haya ido allí expresamente a buscar una oferta de matrimonio.

Un comentario al margen: la cuestión de la edad. En el libro los protagonistas son considerablemente más jóvenes que en la adaptación.

Y en esta parte de la trama es que llega una diferencia que puede ser dolorosa para los puristas de Brontë. Fennell recrea la conversación entre Catherine y Nelly —que en el libro es una criada y luego ama de llaves que incluso en el error se preocupa por el bienestar de la familia, por cierto, no una dama de compañía mezquina como la retrata la película— en la que Catherine le cuenta que le dio el “sí” a Linton, le pregunta insistentemente si cree que hizo lo correcto y le explica, como hace Margot Robbie, la intensidad con la que siente que no está bien casarse con Linton.

Tal como en la película, Heathcliff escucha a medias lo que hablan: sí la parte en la que Catherine dice que casarse con él lo degradaría pero no la parte en la que queda claro que Heathcliff ha sido, es y será su amor. Más que su amor, es ella misma. Entonces Heathcliff se va. Hasta ahí, con ciertas notorias diferencias en el texto y la escenificación, la historia coincide. Sin embargo, la Nelly de Brontë le cuenta enseguida después a Catherine que cree que Heathcliff escuchó solo una parte y eso puede explicar su huida. Catherine se casa con plena consciencia del efecto que pudieron haber tenido sus palabras y no hay, por supuesto, un intento de ella de despedir a Nelly en revancha como sí en la película.

Es verdad que la relación entre ambas no está exenta de tensiones, y que Nelly toma algunas decisiones a lo largo de la novela que terminan modelando el destino de los personajes. Pero sin duda la ama de llaves, que por cierto en el libro es la gran narradora de la historia, tiene un carácter algo más bondadoso al que le adjudica la película.

Es ineludible y a la vez sobra decirlo: no hay escenas explícitas de masturbación ni relaciones sexuales en la novela de Brontë, ni entre criados ni entre Heathcliff y Catherine ni entre Catherine y Edgar ni entre Isabella y Heathcliff. No hay BDSM. No hay erecciones post mortem.

Lo que sí hay es una intensidad emocional en dosis suficientes para agotar al más empedernido amante de las novelas románticas. Acaso mucha más intensidad emocional de la que, para algunos, logra reflejar la película con sus arrebatos sexuales.

Sí, Isabella Linton se enamora de Heathcliff sin llegar a comprender ni mínimamente su salvajismo, pareciera que es imposible para una joven de su naturaleza hasta admitir la sola existencia de abismos tan hondos y crueles como los que habita quien se convierte más tarde en su esposo.

Sí, Isabella acusa a Catherine de ser como el perro del hortelano y Catherine la expone delante de Heathcliff, acaso sin real consciencia de que él puede llegar a usar esa información para causar daño como a posteriori lo hace.

Sin embargo, inmediatamente después del desdichado matrimonio Isabella adquiere plena consciencia del hombre con el que se casó y es ella quien decide escaparse cuando encuentra ocasión: no se convierte en la sumisa que Nelly se encuentra en “Cumbres Borrascosas” ni nadie la tiene que arrastrar fuera de la casa. Ella aprovecha una ausencia de Heathcliff para ver a Catherine cuando está enferma y huye. Cría lejos al hijo de ambos, Linton Heathcliff, hasta que muere y le pide a su hermano, Edgar, que acoja al niño. La suerte del pequeño, enfermizo y caprichoso, dura poco: rápidamente termina en las manos de Heathcliff, quien lo desprecia aunque sea su propio hijo porque le corre por las venas sangre de la familia a quien tanto odia.

La Catherine de Brontë muere, desgarrada por el desamor, y la Catherine de Fennell también muere, también desgarrada por el desamor. Sin embargo, en el texto publicado inicialmente en 1847 bajo un pseudónimo masculino, Ellis Bell, Catherine da a luz a una niña antes de morir, una pequeña de mejor carácter que su madre a la que su padre siempre llamará Cathy.

La poderosísima escena en la que Margot Robbie se desangra no refleja los hechos tal cual los escribió Brontë, pero puede que para muchos refleje con precisión el dolor de una Catherine que muere víctima de un destino torcido que ella misma ayudó a forjar.

Y la historia no termina en la tumba de Catherine, sino que aborda el destino de la siguiente generación de habitantes de “Cumbres Borrascosas”: Cathy Linton, Hindley Earnshaw y Linton Heathcliff.

Los tres jóvenes se convierten en las grandes víctimas del odio de Heathcliff, desconsolado tras la muerte de la única mujer a la que amó, hasta que su plan de venganza se topa con un giro que nunca podría haber previsto.

Por supuesto que las diferencias entre el texto escrito por la hija de un pastor de la era victoriana y su adaptación al cine comercial del siglo XXI no acaban acá. Uno podría decir que tienden al infinito.

Sin embargo, en lo que constituye una renovada invitación a leer la novela, hasta aquí las que planteamos en el artículo. Para cerrar, solo agregamos una que no podemos dejar fuera con la conciencia tranquia: Joseph.

El Joseph de Brontë no es un buenmozo amable. Es un criado odioso que se dedica a meter cizaña contra Catherine y Heathcliff, y luego contra sus hijos, sembrando el odio en lo que a todas luces contradice las enseñanzas de las sagradas escrituras con las que está tan obsesionado. Que el jovencito de la película no los engañe.

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