Sin el sonido de helicópteros, bombas ni el olor a pólvora del último fin de semana, lo que sobrevuela Caracas y el resto de Venezuela es un manto de dudas sobre la reconfiguración del poder chavista sin el derrocado presidente Nicolás Maduro, preso en Nueva York.
Las interrogantes van desde la cohesión de las filas oficialistas, los términos que establece la Constitución sobre la presidencia encargada de Delcy Rodríguez y las aspiraciones de la oposición para una vía electoral.
“Estamos viviendo una transición, ya se inició”, consideró la politóloga Carmen Beatriz Fernández, directora de la consultora venezolana DataStrategia, quien expresó su deseo de que el proceso conduzca “a la democracia”, pero mantiene la expectativa por los nuevos anuncios. “Hemos cambiado de estatus, aunque hay un temor que sea un ‘rebranding’, cambiar al mandatario sin cambiar el régimen. Hay señales de una transición tutelada (de Estados Unidos), que implica más tarde o temprano elecciones”, agregó.
El Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela (TSJ) ordenó el sábado que Rodríguez asuma la presidencia del país como encargada tras la “ausencia forzosa” de Maduro.
La medida señala el artículo 234 de la Constitución, que dispone que la vicepresidenta ejecutiva suplirá una “falta temporal” del mandatario por hasta 90 días, prorrogables por otros 90 por decisión de la Asamblea Nacional.
“El TSJ actuó correctamente al decir que (el asunto) no está resuelto, pero me llama la atención que no diga por cuánto tiempo” asumirá el cargo Rodríguez, dijo a CNN Juan Carlos Apitz, decano de la Facultad de Derecho de la Universidad Central de Venezuela (UCV).
La Constitución dice que es la Asamblea (controlada por el oficialismo) quien decidirá si debe considerarse una “falta absoluta” del presidente, que al producirse en los primeros cuatro años del mandato deberá entonces convocarse a una nueva elección “dentro de los 30 días consecutivos siguientes”.
Más que una discusión legal, se torna un manejo político para ver si el chavismo dará luz verde en el Congreso para, eventualmente, declarar una falta absoluta.
“No la pueden mantener toda la vida, sería una contradicción”, adelantó Apitz, aunque subrayó que es un proceso en marcha, con muchos capítulos por delante.
“El chavismo está en una fase de negación. En algún momento, cuando supere esa etapa, va a tener que enfrentarse a la verdad: el presidente no va a pisar más nunca el país o al menos en los próximos años”, dijo el decano. Sin embargo, también consideró que hoy por hoy “no están las condiciones políticas” para una elección en 30 días.
Por ahora, la presidenta encargada de Venezuela continúa consolidando el poder con nuevos nombramientos en seguridad y economía.
Hay una dinámica de “retirada de personas que fueron cercanas a Maduro”, dijo el analista Eduardo Valero Castro, exdirector de la escuela de estudios políticos de la UCV.
Entre los distintos modelos de transición, Valero Castro traza un paralelo con la salida del poder del militar venezolano Juan Vicente Gómez, quien gobernó entre 1908 y 1935. Su sucesor, Eleazar López Contreras, tomó elementos del gomecismo y fue modelando el autoritarismo hacia un modelo de mayor apertura política.
“En el siglo XX hubo una transición que salió del mismo Gobierno. Me parece que hoy está saliendo de sus mismas fuentes. No creo que haya apertura a la democracia directamente, por lo menos en los próximos seis meses. Será pétalo a pétalo”, dijo a CNN. Sobre la situación en desarrollo, dijo que “es muy sui generis, no es con los sectores oprimidos, sino desde el mismo gobierno”.
La politóloga Fernández también apunta a un modelo que, lejos de un “elemento de caída y mesa limpia” como en países del norte de África, hay “elementos del propio régimen que se encargan de desmontarlo y trazar puentes a la democracia”.
Bajo ese marco, dijo que “la responsabilidad de la sociedad venezolana es hacer acopio de todas sus fuerzas e inteligencia para exigir una transición a la democracia, en cuanto sea posible”.
El proceso, agregó, “pasa entre otras cosas por libertad a presos políticos, que puedan volver buena parte de la dirigencia que está afuera, exigir que el tutelaje (de Estados Unidos) de la transición no se quede en el petróleo, en asuntos económicos”. Destacó que la postura de líderes europeos enfatiza más en la necesidad de democracia, un término pocas veces usado por el presidente Donald Trump en sus conferencias de prensa.
Rodríguez dijo el miércoles que Venezuela vive un “nuevo momento político” e hizo un llamado a la oposición: “Espero que en conjunto y en unión avancemos hacia una dirección, a sanar lo que han sido las consecuencias del extremismo y del fascismo en Venezuela”. Posteriormente, el Gobierno anunció la liberación de un “número importante” de detenidos.
Este jueves comenzaron las primeras excarcelaciones desde la caída de Maduro, aunque no hay información concreta sobre cuántos presos saldrán ni cuánto llevará el proceso.
Algunos analistas consultados por CNN consideran que Washington busca que la presidencia encargada estabilice Venezuela antes de que pueda convocarse a nuevos comicios. Valero Castro tampoco vislumbra un horizonte electoral a corto plazo, “porque los partidos están prácticamente desestructurados, mucha gente se fue del país, muchos dirigentes, otros están presos”.
“Hay gente que perdió las ganas. Para volver a tener el entusiasmo, a ser una oposición, tiene que haber ese proceso de sanación interna”, agregó
Sin embargo, destacó que el Gobierno encargado ha dado señales hacia una economía de mercado. “Empezamos a dar algunos pasos hacia ese lado, volvemos a la normalidad”.
Estados Unidos, además de la recompensa que ofrecía por la captura de Maduro, todavía ofrece millones de dólares por información que lleve al arresto del ministro del Interior, Diosdado Cabello, y el ministro de Defensa, Vladimir Padrino, por cargos vinculados al narcotráfico y corrupción que el chavismo tacha de “inventos”.
Desde 2013, luego de la muerte del presidente Hugo Chávez, el poder en Venezuela quedó repartido en varios frentes, divididos principalmente entre esferas cívicas y militares. “Se habla del archipiélago de poderes, de los seis que eran ahora quedan tres: los Rodríguez (Delcy y su hermano Jorge, titular de la Asamblea), Padrino y Diosdado. Esos tres islotes no tienen jerarquía, cualquiera se siente tan importante como el resto”, dijo Fernández.
Con tensiones latentes entre estos líderes durante años, las miradas se fijaron en cuán firme se mantiene la unión del chavismo en medio de la crisis por el ataque de militares estadounidenses. La Fuerza Armada Nacional Bolivariana sigue siendo un sostén fundamental del poder.
“Hasta ahora no hay ningún indicio” de ruptura, dijo Fernández. La solitaria aparición de Padrino en las primeras horas después del ataque despertó algunos rumores, pero luego apareció con el alto mando militar ratificando su apoyo a Rodríguez.
Cabello ratificó el miércoles en su programa Con el mazo dando a la presidenta encargada: “Hemos hecho lo que establece la Constitución: estamos apoyando de manera absoluta, total, a la compañera Delcy Rodríguez, presidenta encargada del país, ante el secuestro de nuestro hermano presidente constitucional, Nicolás Maduro. Lo estamos apoyando de manera clara y no solo yo, sino el país entero”.
Para Valero Castro, todavía hay dudas sobre la facilidad con la que se realizó el operativo estadounidense, que no reportó bajas, frente a las decenas de muertes reconocidas por Venezuela. “Mucha gente se pregunta por qué no actuaron. ¿Hubo una relación entre militares venezolanos y estadounidenses o de verdad todo fue tan calculado y sorpresivo? Eso nos lleva a un escenario de entrega”, especuló el politólogo, que añade que “la presión de EE.UU. era insostenible”, con el despliegue militar en el Caribe y el bloqueo naval.
La analista Fernández destaca la lista de venezolanos que aparece en la acusación divulgada el sábado por la Justicia estadounidense, en la que aparecen Maduro, su esposa Cilia Flores, su hijo Nicolás Maduro Guerra, Cabello, el exministro Ramón Rodríguez Chacín y Héctor Rusthenford Guerrero, más conocido como “el Niño Guerrero”, presunto líder de la banda Tren de Aragua. “Lo más interesante son los nombres que no están: los Rodríguez y Padrino. Son a los que el Departamento de Estado está invitando a participar del proceso (de transición)”, consideró.
El aparato de seguridad y control social del chavismo va también por canales extraoficiales. Las bandas paramilitares llamadas “colectivos”, surgidas a partir del intento de golpe de Estado de 2002, funcionan como una fuerza informal de control ciudadano y responden al Ministerio del Interior.
“No hay que ser genio para saber la jugada de Diosdado”, dijo el abogado Apitz. “Tiene que fortalecerse para poder negociar y salvarse. La única manera es repotenciando el poder de fuego de la tropa”, entre los que mencionó a militares, policías, colectivos y otros grupos armados.
Fernández dijo que hay evidencia de que los colectivos han estado armándose, pero habla de un cambio en los últimos años. “Tuvieron una motivación ética y moral en algún momento, en defensa de la revolución. Hoy la revolución no tiene esa ética, esa parte está desvinculada, y el chavismo está en su etapa más mermada. Lo que queda del chavismo, que es una parte importante de la población, de entre 15 y 20 %, están asumiendo este golpe muy fuerte, donde hay una sospecha de traición”, remarcó. Simpatizantes chavistas organizaron en la semana marchas de apoyo al Gobierno y para insistir en la liberación de Maduro.
Para Valero, el proceso de liberación de presos vinculados a la oposición conlleva el riesgo de causar enojo en grupos afines. “Hay una especie de temor por la reacción de las pandillas, los colectivos, gente armada que controla muchos sectores de la ciudad, especialmente en el oeste. Al ver que la narrativa de Delcy Rodríguez no es lo que parece, puede salirse de las manos”, advirtió.
“En algún momento, va a venir la fractura, no sé cuándo. No sé cuál es la capacidad de respuesta de la fuerza militar venezolana frente a una situación de inestabilidad civil”, dijo.
Esa voluntad de querer mantener la legitimidad se plasma también en la disonancia entre lo que proclama Washington sobre el control de Venezuela y la soberanía que Caracas insiste defender. “(El secretario de Estado) Marco Rubio le habla a los gringos y Delcy le habla a su tropa”, dijo Apitz.
El malabarismo del Palacio de Miraflores, satisfaciendo sus intereses, y las presiones de Washington ponen a Rodríguez en una situación complicada. “Que se haga evidente que está bajo la tutela de Trump es su peor escenario”, dijo Fernández, quien señala que la presidenta encargada tiene una posición más débil que la de Maduro. “No puede contrariar demasiado a las bases oficialistas, es un juego peligroso”.
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