El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, rompió este miércoles otra norma tradicional del Gobierno estadounidense al convertirse en el primer presidente moderno en asistir a una audiencia oral de la Corte Suprema.
No es ningún secreto de qué se trataba.
Los presidentes han evitado asistir a audiencias orales para evitar incluso la apariencia de intentar influir indebidamente en un poder del Estado de igual rango. Pero a Trump no le importa intimidar a quien sea necesario para conseguir lo que quiere. Y ha reservado algunas de sus críticas más duras recientes para jueces de la Corte Suprema que él mismo nombró y que en ocasiones han fallado en su contra.
Así que, tras pasar dos años insinuando que rompería esta norma y después de sufrir su mayor derrota en la Corte Suprema con la decisión sobre aranceles en febrero, Trump finalmente lo hizo.
Pero su decisión de asistir fue curiosa. Y podría decirse que lo es aún más tras la audiencia.
Trump parecía querer enviar una señal a los jueces, que se han convertido cada vez más en sus mayores obstáculos durante su segundo mandato. El hecho de que haya decidido asistir incluso en medio de la guerra con Irán, y a pocas horas de un discurso en horario estelar a la nación sobre el conflicto, refuerza esa idea. No es como si no tuviera otras cosas que hacer.
Pero, sumado a una serie de fallos judiciales recientes en su contra, su presencia en la Corte Suprema corría el riesgo de subrayar lo poco que puede controlar al poder judicial.
La política en cuestión este miércoles fue el decreto de Trump sobre la ciudadanía por nacimiento. En su primer día de regreso al cargo el año pasado, intentó revertir de facto la interpretación de más de un siglo de que la Enmienda 14 otorga la ciudadanía a los hijos nacidos de no ciudadanos en suelo estadounidense.
Desde hace tiempo se da por sentado que este decreto tenía pocas posibilidades de sobrevivir ante los tribunales, ha sido rechazada en todas las instancias de los tribunales inferiores, y la audiencia del miércoles no contribuyó a disipar esa idea.
El fiscal general adjunto D. John Sauer se enfrentó una avalancha de preguntas escépticas, incluso por parte de los jueces conservadores del tribunal nombrados por Trump.
En uno de los intercambios más complicados para el Gobierno, el presidente de la Corte Suprema, John Roberts, cuestionó a Sauer sobre los argumentos en torno al llamado “turismo de nacimiento”, es decir, viajar a Estados Unidos para dar a luz y así obtener la ciudadanía para el bebé. Cuando Roberts señaló que ese no era un problema cuando se ratificó la Enmienda 14 tras la Guerra Civil, Sauer respondió que “ahora estamos en un mundo nuevo”.
A lo que Roberts replicó: “Bueno, es un mundo nuevo. Es la misma Constitución”.
Trump abandonó la audiencia poco después de que Sauer terminara su intervención y cuando los jueces comenzaron a interrogar a Cecillia Wang, directora legal nacional de la ACLU.
Probablemente habrá que esperar hasta junio o julio para conocer el fallo del tribunal. Pero, a juzgar por los argumentos, es posible que la decisión sea incluso más contundente que la derrota de Trump por 6 a 3 en el caso de los aranceles.
Incluso parecería posible, según las preguntas del juez Brett Kavanaugh, que los tres jueces nombrados por Trump fallen en su contra.
Un resultado así en el primer caso al que Trump decidió asistir en persona podría demostrar que no tiene la influencia que parecía querer mostrar.
Y, para ser claros, Trump no ha ocultado que quiere que estos jueces sientan la presión.
Arremetió contra Kavanaugh en 2021 por fallar ocasionalmente en su contra, a pesar de que Trump lo respaldó durante un arduo proceso de confirmación en 2018.
Trump también ha criticado con frecuencia a la jueza Amy Coney Barrett, quien se ha convertido en un voto difícil para él. Y tras la decisión sobre aranceles en febrero, dijo que tanto Barrett como el juez Neil Gorsuch eran una “vergüenza para sus familias”.
Pero no es solo la tensa audiencia del miércoles lo que dibuja un panorama cada vez más adverso para los intentos de Trump de doblegar a los jueces. Eligió hacerlo en un momento particularmente desfavorable.
En las últimas semanas, una serie de fallos han ido en su contra en asuntos de alto perfil:
- Un juez anuló los esfuerzos de su Gobierno para cerrar de facto de “Voice of America”.
- Otro anuló la política restrictiva del Departamento de Defensa sobre la prensa, que terminó excluyendo a prácticamente todos los medios tradicionales.
- Luego, un juez detuvo las sanciones de su Gobierno contra Anthropic después de que la empresa se negara a permitir que el Pentágono utilizara su tecnología de inteligencia artificial como pretendía. El juez calificó la medida del Pentágono de “orwelliana”.
- Y solo el martes, jueces anularon el decreto de Trump de eliminar el financiamiento de NPR y PBS, y detuvieron sus planes de construir un nuevo salón de baile en los terrenos de la Casa Blanca, que podría ser una de sus iniciativas más preciadas en este momento.
Ninguno de estos casos ha concluido. Pero contribuyen a un panorama cada vez más complicado sobre cómo han sido recibidas las políticas de Trump en los tribunales. (Debido a que los procesos judiciales toman tiempo, este panorama ha ido tomando forma poco a poco).
Trump parece pensar que puede influir en los jueces de manera similar a como lo hace con los republicanos en el Congreso. Después de todo, muchos legisladores del Partido Republicano evitan confrontarlo para no alienar a su base y perjudicar sus posibilidades en las primarias.
Pero los jueces son distintos. No solo cuentan con nombramientos vitalicios, sino que valoran la apariencia de independencia. Es un activo, incluso algo que buscan cultivar y destacar.
Trump lamentó esa independencia en declaraciones durante un almuerzo de Pascua tras regresar a la Casa Blanca desde la Corte Suprema.
“Los jueces y magistrados republicanos siempre quieren demostrar que son independientes”, dijo en un video difundido por un periodista de Business Insider, quien aseguró que la Casa Blanca lo había publicado en YouTube. (El video ya no estaba disponible la noche del miércoles).
Trump continuó describiendo cómo cree que actúan esos jueces: “‘No me importa si Trump me nombró. No me importa… no hace ninguna diferencia para mí. Voy a fallar en su contra’, porque quieren demostrar su independencia”.
Pero es muy posible que la demostración de fuerza de Trump tenga el efecto contrario. Podría hacer que los jueces y otros magistrados sientan que deben defender su rama de Gobierno, para evitar la impresión de que Trump ejerce algún tipo de control sobre ellos.
Eso no significa que los jueces sean inmunes a la presión. Pero el cálculo es distinto. Y Trump no parece tener una respuesta ante la creciente lista de casos en los que los jueces, incluidos muchos designados por él o por republicanos, han fallado en contra de sus audaces intentos de expandir su poder.
Así que el miércoles intentó algo diferente. Podría desear no haberlo hecho.
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