“Extrañamos a nuestros amigos canadienses”: las amenazas de Trump contra Canadá golpean a Las Vegas

El magnate de casinos de Las Vegas Derek Stevens está cada vez más desesperado por recuperar a una base crucial de clientes: los canadienses.

Stevens ha promocionado durante años sus propiedades entre turistas de Canadá, pero muchos están evitando viajar a Estados Unidos en protesta por los aranceles del presidente Donald Trump y sus amenazas de convertir a Canadá en el estado número 51 del país. Las visitas de canadienses a las propiedades de Stevens en Las Vegas —incluidos Circa, Golden Gate, The D y BarCanada, que ofrece bebidas temáticas como “Slap Shot”— han caído cerca de un 40 % en el último año.

Por eso Stevens está lanzando una nueva promoción para atraer a los canadienses. Sus casinos aceptarán las monedas canadienses conocidas como “loonies” con una paridad “uno a uno” con el dólar estadounidense hasta agosto, lo que supone más de un 30% de descuento según las tasas de cambio actuales.

“Extrañamos a nuestros amigos canadienses”, dijo Stevens, quien creció en Michigan, a dos millas de la frontera con Canadá. “Ellos llenan muchas habitaciones de hotel. Muchas comidas no se sirven sin ellos”.

En general, cerca de un 24 % menos de canadienses visitaron Las Vegas el año pasado. En respuesta a esta falta de demanda, aerolíneas canadienses redujeron vuelos, lo que llevó el número de asientos en rutas desde Canadá hacia Las Vegas a su nivel más bajo en dos décadas.

“Si te llaman el estado número 51, vas a ir a gastar tu dinero en las Bahamas”, dijo Stevens.

Canadá es la mayor fuente de turismo internacional hacia Las Vegas, y la caída de estos visitantes representa un golpe significativo para la ciudad. Alrededor de 1,5 millones de visitantes procedentes de Canadá viajan a Las Vegas cada año, y por lo general se quedan más tiempo y gastan más en casinos y hoteles que los turistas estadounidenses. La caída en 2025 contribuyó al mayor descenso general de turistas en Las Vegas en 50 años fuera del período de la pandemia.

La ausencia de canadienses en Las Vegas es un símbolo de la fracturada relación entre Estados Unidos y su vecino, y de los efectos en cadena de la ruptura de los vínculos entre ambos países.

Al igual que Stevens, líderes en Las Vegas buscan maneras de recuperar a los visitantes canadienses.

Operadores de casinos y funcionarios de turismo han viajado al norte para tranquilizar a líderes canadienses; la alcaldesa de Las Vegas les rogó públicamente que regresaran el año pasado y la oficina de turismo de la ciudad está intensificando la publicidad en los principales mercados de Canadá.

Miembros del Congreso de Estados Unidos por Nevada presentaron este mes la “Ley de Resiliencia del Turismo” para crear un grupo de trabajo con Canadá y México que busque mejorar el turismo entre los países.

Las Vegas es solo uno de muchos lugares en Estados Unidos que están lidiando con una menor llegada de visitantes de Canadá.

Los Angeles, Nueva York y Seattle reportan cada una caídas de cerca del 20% en el número de visitantes. Negocios en ciudades fronterizas como Buffalo y Bellingham, en Washington, están en dificultades. Y los llamados snowbirds canadienses están vendiendo sus viviendas en el Sun Belt.

Las fluctuaciones en las tasas de cambio han mantenido durante mucho tiempo a algunos canadienses alejados de Estados Unidos. Pero ahora los canadienses están boicoteando activamente al país porque sienten que “no se les trata como a un aliado”, dijo Martin Firestone, presidente de una empresa canadiense de seguros de viaje.

En su lugar, los canadienses realizaron el año pasado más viajes dentro de su propio país y al extranjero, a destinos como Japón, España y México, según datos del Gobierno de Canadá.

Los casinos en Canadá también registraron un aumento en el número de visitantes.

El enfoque del Gobierno de Trump ha trastocado el flujo de viajeros entre Canadá y Las Vegas, que creció durante décadas gracias a decisiones políticas cuidadosas y estrategias de mercadeo.

Los canadienses comenzaron a viajar a Las Vegas alrededor de la década de 1950, subiéndose a vuelos organizados por los casinos de la ciudad para atraer a grandes apostadores, explicó Firestone. Los casinos fletaban vuelos y pagaban los gastos de alojamiento y comida para jugadores VIP con la expectativa de que apostaran grandes sumas.

“Los viajes organizados se convirtieron en lo más popular que había. Canadá se sumó a eso”, dijo.

Pronto, turistas canadienses y snowbirds comenzaron a unirse a esos grandes apostadores. Los vuelos cortos, el clima cálido, el golf y el entretenimiento convirtieron a Las Vegas en un destino atractivo para los canadienses.

“No te sorprendas si ves nuevos vecinos disfrutando de tocino redondo, dulces de arce y Labatt Blue”, dijo el Las Vegas Review-Journal en 2012.

Canadá también se convirtió en el mayor inversionista extranjero y empleador en Nevada, gracias a los bajos impuestos, a una gran base de trabajadores del sector servicios y a la proximidad con California, dijo Richard Perkins, exlegislador estatal que fundó el Business Council of Canada and Nevada, una organización sin fines de lucro para promover el comercio y la inversión.

El hockey, el pasatiempo nacional de Canadá, también ha atraído visitantes desde que Las Vegas recibió un equipo de expansión de la Liga Nacional de Hockey en 2016. La liga consideró que Las Vegas tenía sentido como mercado para el hockey en parte porque esperaba que turistas canadienses llenaran los asientos.

Los Vegas Golden Knights llegaron a la final de la Stanley Cup en su primera temporada y convirtieron a Las Vegas en una “ciudad del hockey”.

La fuerte caída del turismo canadiense también ha golpeado a los trabajadores y a la economía de Las Vegas, que depende del turismo. La ciudad tiene una de las tasas de desempleo más altas del país.

Cristhian Barneond, cocinero en el buffet del casino del Cosmopolitan de Las Vegas, se despierta todos los días a las 6 a. m. y espera para ver si el Cosmo lo llama para trabajar. Pero el casino lo necesita cada vez menos a medida que el turismo se desacelera.

“Si no llaman antes de las 8 a. m., eso significa que no hay trabajo”, dijo.

Barneond, originario de Guatemala, ha trabajado durante nueve años en la industria de casinos de Las Vegas y también es delegado sindical del poderoso Culinary Union del estado. Ese empleo de clase media le permitió a él y a su esposa comprar una casa en la ciudad.

Consiguió trabajo como cocinero por llamada en el Cosmo después de perder su empleo de tiempo completo en otro casino del Strip en agosto. Los cocineros suelen tener una gran demanda en Las Vegas, pero ahora solo está trabajando dos o tres días a la semana en el Cosmo.

Para ayudar a pagar las cuentas, Barneond tomó un segundo empleo en una tienda de ropa en un centro comercial por US$ 13 la hora. Pero sus horas en la tienda también han disminuido.

Está buscando ofertas en el supermercado, vendiendo cosas extra en Facebook y consintiendo un poco menos a sus tres perros rescatados y a su gato.

“Todo va hacia atrás ahora”, dijo.

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