El mundo ha entrado en una nueva era de “bancarrota hídrica” con consecuencias irreversibles

El mundo ha entrado en “una era de bancarrota hídrica global” con consecuencias irreversibles, según un nuevo informe de las Naciones Unidas.

Regiones de todo el planeta enfrentan problemas graves de agua: Kabul podría encaminarse a convertirse en la primera ciudad moderna en quedarse sin agua. La Ciudad de México se hunde a un ritmo de unos 50 centímetros al año debido a la sobreexplotación del vasto acuífero bajo sus calles. En el suroeste de Estados Unidos, los estados están atrapados en una disputa constante sobre cómo repartirse el caudal cada vez menor del río Colorado, afectado por la sequía.

La situación global es tan grave que términos como “crisis del agua” o “estrés hídrico” no logran captar su verdadera magnitud, de acuerdo con el informe publicado este martes por la Universidad de las Naciones Unidas y basado en un estudio aparecido en la revista Water Resources.

“Si sigues llamando a esta situación una crisis, estás dando a entender que es temporal. Que es un shock. Que podemos mitigarla”, dijo Kaveh Madani, director del Instituto de Agua, Medio Ambiente y Salud de la Universidad de la ONU y autor del informe.

Con la bancarrota, aunque sigue siendo vital corregir y mitigar donde sea posible, “también es necesario adaptarse a una nueva realidad… a condiciones nuevas que son más restrictivas que antes”, explicó Madani a CNN.

El concepto de bancarrota hídrica funciona así: la naturaleza proporciona ingresos en forma de lluvia y nieve, pero el mundo está gastando más de lo que recibe, extrayendo de sus ríos, lagos, humedales y acuíferos subterráneos a un ritmo mucho más rápido del que se repone, lo que nos endeuda. El calor y la sequía provocados por el cambio climático agravan el problema, ya que reducen la cantidad de agua disponible.

El resultado son ríos y lagos que se encogen, humedales secos, acuíferos en declive, terrenos que se deterioran y forman socavones, el avance de la desertificación, la escasez de nieve y el retroceso de los glaciares.

Las cifras del informe son contundentes: más del 50 % de los grandes lagos del planeta han perdido agua desde 1990; el 70 % de los principales acuíferos está en declive a largo plazo; un área de humedales casi del tamaño de la Unión Europea ha desaparecido en los últimos 50 años; y los glaciares se han reducido un 30 % desde 1970. Incluso en lugares donde los sistemas hídricos están menos presionados, la contaminación reduce la cantidad de agua disponible para beber.

“Muchas regiones están viviendo más allá de sus posibilidades hidrológicas” y ya es imposible volver a las condiciones que existían antes, afirmó Madani.

Esto tiene consecuencias humanas: casi 4.000 millones de personas enfrentan escasez de agua durante al menos un mes cada año.

Sin embargo, en lugar de reconocer el problema y ajustar el consumo, el agua se da por sentada y “las líneas de crédito siguen aumentando”, dijo Madani.

Mencionó ciudades como Los Ángeles, Las Vegas y Teherán, donde se ha fomentado la expansión y el desarrollo pese a contar con suministros de agua limitados. “Todo parece estar bien hasta que deja de estarlo”, y entonces ya es demasiado tarde, advirtió.

Algunas regiones se ven afectadas con mayor severidad, señala el informe. Oriente Medio y el norte de África enfrentan un alto estrés hídrico y una vulnerabilidad climática extrema.

Partes del sur de Asia experimentan descensos crónicos en la disponibilidad de agua debido a una agricultura dependiente de las aguas subterráneas y al crecimiento acelerado de las poblaciones urbanas.

El suroeste de Estados Unidos es otro foco crítico, según el informe. Madani citó el caso del río Colorado, donde los acuerdos de reparto del agua se basan en una situación ambiental que ya no existe. La sequía ha reducido el caudal del río, pero no se trata de una crisis temporal, subrayó: “es una nueva condición permanente, y tenemos menos agua que antes”.

Los hallazgos son alarmantes, pero reconocer la bancarrota hídrica puede ayudar a los países a pasar de un enfoque de emergencia a corto plazo a estrategias de largo plazo para reducir daños irreversibles, dijo Madani.

El informe propone una serie de acciones, entre ellas transformar la agricultura —con diferencia el mayor consumidor de agua a nivel global— mediante el cambio de cultivos y sistemas de riego más eficientes; mejorar el monitoreo del agua con inteligencia artificial y sensores remotos; reducir la contaminación; y aumentar la protección de humedales y aguas subterráneas.

El agua también podría ser un “puente en un mundo fragmentado”, al tratarse de un tema capaz de trascender las diferencias políticas, escribieron los autores del informe. “Estamos viendo a cada vez más países apreciar su valor y su importancia, y eso es lo que me da esperanza”, afirmó Madani.

El llamado a la acción del informe “se centra con acierto en la recuperación a largo plazo, en lugar de apagar incendios de crisis hídricas”, escribió Richard Allen, profesor de ciencias del clima en la Universidad de Reading, quien no participó en la investigación. Limitar el cambio climático también será clave para garantizar suficiente agua para las personas y los ecosistemas, dijo a CNN.

Jonathan Paul, profesor asociado de geociencias en la Universidad Royal Holloway, señaló que el informe “deja al descubierto, en términos inequívocos, el maltrato de la humanidad al agua”. Sin embargo, consideró que el concepto de bancarrota hídrica global está “exagerado”, aunque reconoció que muchas regiones enfrentan un estrés hídrico agudo.

Madani espera que el informe impulse acciones concretas. “Al reconocer la realidad de la bancarrota hídrica, finalmente podemos tomar las decisiones difíciles que protegerán a las personas, las economías y los ecosistemas. Cuanto más tardemos, más profundo será el déficit”.

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