España vuelve a generar divisiones en la política mexicana, esta vez, de la mano de Isabel Díaz Ayuso

El Centro Histórico de la Ciudad de México, la antigua Tenochtitlán, ha sido escenario de controversias en estos días. El lugar, donde conviven expresiones culturales que contrastan, está ligado a la figura del conquistador español Hernán Cortés, cuya denostada figura hoy demanda reivindicación por medio de algunos defensores de lo que llaman “un proceso civilizatorio”, mientras genera una gran resistencia entre quienes, por el contrario, exigen el reconocimiento del genocidio que habría implicado la conquista.

Una de las voces que plantean la reivindicación de Hernán Cortés es la de la presidenta de la comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, quien, en medio de una visita de 10 días a México, optó por suspender sus actividades y regresar a España, ante la polémica que generó por sus posturas políticas e históricas, no sin antes responsabilizar al Gobierno de Claudia Sheinbaum de precipitar su salida del país por medio de presiones hacia sus anfitriones, algo que el Gobierno de México y algunos involucrados han negado tajantemente.

Incluso la presidenta de la comunidad de Madrid, a su regreso a España, recriminó al Gobierno de Pedro Sánchez por haberla dejado sola ante la presión de la presidenta de México que la puso en un serio riesgo, sin aportar pruebas de sus dichos.

El pasado 4 de mayo, la Arquidiócesis Primada de México canceló una misa en la Catedral Metropolitana, ubicada en la misma plaza central, en homenaje al conquistador Hernán Cortés y a la Malinche, quien fue su pareja en México. La eucaristía había sido bautizada por sus organizadores “por la evangelización de los pueblos, el mestizaje y la paz”. Según indicó la Arquidiócesis en un comunicado, la celebración fue cancelada “debido a que la producción responsable no reunió la totalidad de los permisos necesarios para la grabación en el recinto”.

Pero, más allá de permisos y burocracias, la impresión es que las autoridades eclesiásticas no quisieron ser parte de la confrontación y optaron por cancelar el evento, ya que en el atrio de la Catedral y en la explanada del Zócalo se habían concentrado decenas de integrantes de organizaciones de pueblos originarios dispuestos a protestar e impedir la ceremonia religiosa. Al mismo tiempo, el Episcopado de México prometió abrir un espacio de reflexión sobre la conquista y sus consecuencias “positivas y negativas”. Un tema muy vigente en México.

La producción de la ceremonia religiosa estaba a cargo del exmiebro de la banda Mecano, Nacho Cano, quien presenta en México su espectáculo “Malinche”. Entre los organizadores estaban algunos de los dirigentes del derechista Partido Acción Nacional (PAN). La gran invitada de honor al homenaje era Díaz Ayuso, quien realizó una visita de 10 días a México para reunirse con organizaciones aliadas, como el PAN, que ha encontrado en la política madrileña de derechas una interlocutora muy afín a sus principios.

Esta visita armó un revuelo en la política mexicana. Consultada por el tema, la presidenta Sheinbaum manifestó su disconformidad. “Pues la verdad, sí estuvo un poco fallida la visita”, dijo en su conferencia de prensa matutina este lunes. “Pero fíjese lo que más llama la atención, porque fue noticia allá en España, incluso la mencionó el presidente de España ayer: lo mal que le fue”.

“Vale la pena analizar quién trajo a Díaz Ayuso”, destacó la presidenta. Sheinbaum señaló también que la idea de que México surgió con la llegada de los españoles “está equivocada”. “Tiene que ver con el racismo y la discriminación actual, no solo es el pasado. El racismo, el clasismo, es lo que propaga la ultraderecha”, señaló.

El escenario de la polémica, la Catedral Metropolitana, es aquella que el propio conquistador Cortés ordenó levantar sobre (literalmente) las ruinas de la Gran Tenochtitlán, que era la capital del imperio azteca y una de las ciudades más grandes y pobladas del mundo desde ese entonces.

Incluso gran parte de la estructura de la Catedral fue construida con las piedras de los templos prehispánicos. Quienes han visitado el Centro Histórico de la Ciudad de México conocen lo impresionante que es este lugar, tan lleno de historia palpable. Allí se pueden ver las ruinas que sobrevivieron el proceso de conquista y la colonia conviviendo con los grandes edificios que se hicieron sobre ellas. Esta es, entre otras, la razón de que se viera frustrado el homenaje a Cortés en ese lugar: fue tomado como un acto de provocación para quienes han exigido un reconocimiento a las atrocidades del proceso de conquista y colonización.

Lo curioso es que, al ser cancelada la misa de homenaje a Cortés, cuya imagen ha sido reivindicada por Díaz Ayuso en distintas tribunas, los organizadores decidieron llevar el evento al Frontón México, un recinto histórico en donde se presenta el espectáculo musical de Nacho Cano y donde, hace 87 años, fue fundado el PAN. Es decir, un lugar con una historia vinculada a la derecha mexicana.

Y, por cierto, los restos del polémico conquistador Hernán Cortés descansan en el Centro Histórico de la capital mexicana, a tres cuadras del Zócalo, en el templo de Jesús Nazareno, anexo al Hospital de Jesús que él mismo fundó. No hay registro de personajes notables que lo hayan visitado recientemente, ni reclamos por su repatriación.

Si bien el debate sobre la conquista de la Nueva España —sus aciertos, errores y contradicciones— ha acompañado a los mexicanos durante cinco siglos, fue en 2019 cuando el tema volvió a cobrar notoriedad, provocando una enorme polarización entre los mexicanos. El tema tocó directamente a la monarquía española, a su Gobierno y, por consecuencia, a la relación bilateral.

Cerca de cumplirse el 500 aniversario de la toma final de Tenochtitlán, que los historiadores datan un 13 de agosto de 1521, el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador dijo que había enviado una carta a la corona española —en marzo de 2019—, en la que mencionaba la necesidad de emitir una disculpa pública por la serie de agravios y crímenes cometidos durante la conquista de México. Esto, según el mandatario, con la finalidad de comenzar una nueva era de reconciliación entre los pueblos que parta del reconocimiento de los hechos, en el marco del importante aniversario que, además, coincidiría con los 200 años de la Independencia de México.

La respuesta de España llegó a través del Ministerio de Exteriores, que lamentó “profundamente que se haya hecho pública la carta” privada del presidente de México al rey. Rechazó rotundamente los términos de la misiva y la posibilidad de ofrecer una disculpa por hechos que, en su opinión, “no pueden ser juzgados a la luz de consideraciones contemporáneas”.

El tema no quedó en anécdota; por el contrario, fue creciendo, dividiendo opiniones en México y en España. ¿Era necesario que España se disculpase por los hechos de la conquista? ¿Es un buen paso reconocer que se cometieron atrocidades? Por una parte, los líderes políticos y sociales afines a López Obrador, como Sheinbaum, quien en ese entonces era jefa de Gobierno de la capital, se sumaron a la postura de exigir un reconocimiento público, mientras la derecha manifestaba las contradicciones de un hombre (el presidente) cuyo abuelo nació en Cantabria.

En España el tema fue abordado de manera más o menos similar: voces en el Parlamento exigiendo un reconocimiento de los excesos y las violaciones durante la conquista y otras voces en contra, como la de Díaz Ayuso, quien incluso postula la reivindicación de Hernán Cortés que, dice, trajo “civilización, evangelización y esperanza a los pueblos sometidos por el imperio azteca”.

Para febrero de 2022, casi dos años después de la famosa carta, López Obrador declaró una pausa en las relaciones con España. No una ruptura: una pausa que, en sus términos, implicaba un distanciamiento. Y así fue.

La Malinche ha sido todo un tema de reflexión en México. Algunos consideran que es el gran símbolo de la unión de dos culturas, al formar una familia con Cortés y procrear las primeras generaciones de mestizos. Un símbolo de amor y unidad que surge del dolor de la conquista. Esa visión romántica es la que predomina en el espectáculo de Nacho Cano que lleva su nombre.

Otros piensan muy diferente y consideran que fue una mujer entregada a los conquistadores por su familia y que no tuvo más remedio que sufrir las consecuencias de la esclavitud.

Lo cierto es que la Malinche —Malitzin para los pueblos originarios o Doña Marina para los españoles— se convirtió por siglos en el símbolo de la traición a sus orígenes, una pieza central para Hernán Cortés, por su facilidad para aprender idiomas como el náhuatl y sus variantes (lengua de los mexicas), el maya y el español. Estas condiciones hicieron ver a la Malinche como una traidora a sus orígenes, al supuestamente aliarse a las causas de los conquistadores. Tanto es así que el término “malinchismo” se usa hasta hoy y, según la Real Academia de la Lengua, para definir una “actitud de quien muestra apego a lo extranjero con menosprecio de lo propio”.

¿Una injusticia hacia la mujer indígena que fue entregada a los enemigos? Seguramente sí, pero la historia, y cómo se cuenta, generalmente tiene poco de justicia.

La visita a México de la presidenta de la comunidad de Madrid no hizo más que exacerbar todos los debates aquí expuestos sobre la conquista y sus distintas visiones. A sus anfitriones del PAN se les ha acusado de “malinchistas” por intentar subir a la discusión a la polémica política madrileña, quien aprovechó distintos foros para cuestionar las políticas de la llamada “cuarta transformación” en México, más allá de expresar sus consideraciones sobre Hernán Cortés.

La izquierda mexicana la cuestionó por su actitud “colonialista y evangelizadora” en México. Y, finalmente, sus opositores en Madrid la señalaron de oportunista y de entorpecer la relación bilateral que comenzaba a mostrar signos de mejora con varios hechos recientes, como la visita de la presidenta Sheinbaum a Barcelona, en el marco de un foro de las izquierdas iberoamericanas, y la postura del rey Felipe VI, quien estuvo lejos de ofrecer una disculpa por las vejaciones de la conquista, pero reconoció el mes pasado que “hubo mucho abuso” y controversias “morales y éticas”.

Por supuesto, como sucede en este tipo de debates históricos, cada argumento cuenta con un contrargumento y cada crítica tiene su réplica, en una discusión sinfín como es la de la conquista. Es casi imposible pensar en que habrá un ganador sobre cuestiones tan profundas y fundacionales.

Durante su conferencia matutina del miércoles 6 de mayo, la mandataria mexicana habló extensamente de la visita de Díaz Ayuso y el contexto en el que se produjo. En resumen, cuestionó las alianzas de la derecha mexicana con la española que, en su opinión, dejan al descubierto sus intereses y estrategias comunes. Dijo que en México hay libertades para los que opinan distinto, incluidas posturas de extrema derecha, como la que representa Díaz Ayuso.

Por supuesto, las diferencias entre Díaz Ayuso y Sheinbaum no se limitan a sus visiones sobre Hernán Cortés. Van mucho más allá y, en diversas oportunidades, Díaz Ayuso se ha referido al partido oficialista de México como un “narcopartido”.

En medio de la controversia, Sheinbaum publicó en sus redes sociales una carta atribuida al rey Carlos I, como una forma de demostrar que los abusos de Cortés durante la conquista eran conocidos desde entonces. “Aquí les dejo el edicto de Carlos I de España en Valladolid, de 1548, en el que habla de las atrocidades de Hernán Cortés, a quien hoy pretende reivindicar la derecha mexicana. Los pueblos originarios son la verdadera reserva de valores del México de ayer y de hoy”, dice la publicación.

Más tarde, la presidenta de la comunidad de Madrid anunció que cancelaba el resto de su gira en México, en medio de más denuncias y polémicas.

En el Centro Histórico de la Ciudad de México confluyen todo tipo de expresiones políticas y culturales. Allí se manifiestan las grandes diferencias entre unos y otros, sobre todo en un momento de la historia en el que la polarización parece ser la regla del juego y es usada para fines políticos, de forma intencional y programada.

Pero en ese lugar también pueden coexistir el pasado y el presente sin conflicto y las diferencias pueden llevar a acuerdos. Allí, la diversidad es riqueza.

Es el lugar de respeto a las diferencias, que nos identifica y concilia con lo que somos como mexicanos.

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