Antes de poner fin a la guerra, Estados Unidos e Israel están decididos a eliminar la capacidad nuclear de Irán

A finales de marzo, mientras la lluvia caía torrencialmente sobre las provincias del norte de Irán, una multitud abatida recorría las sierras de Asara portando el ataúd de Mohammad Reza Kia.

La ciudad, de apenas unos miles de habitantes, estaba engalanada con pancartas que aclamaban al joven científico nuclear como un “mártir de la guerra impuesta”.

Recopilar información sobre Kia y las circunstancias de su misteriosa muerte es difícil, pero hace dos semanas su madre declaró en un breve vídeo que murió en un ataque.

Más allá de algunos artículos de investigación que se le atribuyen y una página inactiva en redes sociales con su nombre, la única información disponible es que fue candidato a doctorado en el Departamento de Ingeniería Nuclear de la Universidad Tecnológica de Amirkabir desde 2010 hasta 2017.

La muerte de Kia, y el de innumerables científicos iraníes en todo el país, demuestra hasta qué punto Israel y Estados Unidos están dispuestos a llegar para garantizar que la capacidad de Teherán para militarizar su programa nuclear se vea significativamente reducida una vez finalizada la guerra.

La semana pasada, el presidente Donald Trump afirmó que Estados Unidos estaba en camino de lograr sus objetivos en la guerra contra Irán —incluido impedir que Teherán desarrollara un arma nuclear— y sugirió que el conflicto podría durar dos o tres semanas más.

Sin embargo, Irán aún conserva cientos de kilogramos del componente principal necesario para fabricar una bomba, así como décadas de experiencia. Mientras Estados Unidos e Israel buscan poner fin a la guerra, están decididos a atacar esa experiencia con el fin de paralizar el programa nuclear iraní.

En las últimas décadas, Irán ha desarrollado un extenso ecosistema de conocimiento en torno a su programa nuclear: departamentos universitarios, maquinaria especializada y un sólido sistema que abarca la extracción, el procesamiento y el enriquecimiento de uranio mediante centrifugadoras avanzadas, así como su almacenamiento en depósitos.

Los expertos afirman que, incluso si el programa iraní es pacífico, Teherán cuenta con la infraestructura necesaria para convertirlo en armamento si así lo decidiera.

Una fuente de seguridad israelí afirmó que todos ellos están en su lista negra.

Pocos días después del funeral de Kia, otro ataque alcanzó un edificio a 480 kilómetros de distancia, matando a nueve personas, entre ellas Ali Fouladvand, un científico a cargo de la investigación en una importante organización acusada desde hace tiempo por las potencias occidentales e Israel de servir de tapadera para adquirir el conocimiento necesario para convertir en arma el programa nuclear de Irán.

El fundador de la organización, conocida por sus siglas en persa SPND, fue Mohsen Fakhrizadeh, un destacado científico nuclear que, según se cree, fue eliminado por Israel hace seis años.

El actual presidente de la organización, Jabal Amelian, murió en la primera oleada de bombardeos israelíes y estadounidenses a finales de febrero, mientras que otras figuras importantes han sido blanco sistemático de ataques israelíes desde el año pasado.

“Cada eslabón de la cadena de producción nuclear es un objetivo, desde la base de conocimientos hasta la planta de producción. El objetivo es eliminar todas las raíces”, declaró una fuente de seguridad israelí a CNN. “Desde el personal que trabaja en los laboratorios hasta las fábricas que producen componentes para esos laboratorios”.

Cuando Estados Unidos e Israel lanzaron la guerra contra Irán el mes pasado, el líder supremo de la República Islámica, el ayatola Ali Jamenei, y sus principales funcionarios militares y de inteligencia murieron en una operación selectiva diseñada para eliminar a las figuras más destacadas del régimen.

Israel parece haber tomado la delantera en la elimnación incluso de figuras de bajo nivel vinculadas al programa nuclear iraní, al tiempo que degrada sistemáticamente los centros de conocimiento que podrían resultar útiles en el futuro.

La estrategia de Israel se amplió en junio de 2025. Mató a las principales figuras de la fuerza aeroespacial de la Guardia Revolucionaria —los comandantes responsables de las capacidades de misiles de Irán, que podrían ayudar en el desarrollo de una ojiva nuclear—, al tiempo que atacó a más de una docena de los principales profesores e investigadores nucleares del país, incluido Mohammad Mehdi Tehranchi, uno de los físicos más destacados de Irán.

“Israel está atacando todas las etapas del proceso de producción, incluidas las plantas siderúrgicas que no forman parte directamente de la industria militar, pero que podrían contribuir a la reconstrucción del proceso de producción”, comentó la fuente.

También está afectando a departamentos específicos de las universidades, al tiempo que intenta degradar significativamente la compleja cadena de suministro necesaria para mantener el programa nuclear de Irán.

“En lo que respecta al conocimiento, tanto los científicos, las bibliotecas, los archivos, los laboratorios químicos, las personas que trabajan en todos estos lugares, como los que podrían reemplazarlos, son todos objetivos”, según la fuente a CNN.

Aunque Irán insistía en que su programa nuclear era totalmente pacífico, las naciones occidentales sospechaban desde hacía tiempo que utilizaba empresas fachada para eludir la vigilancia internacional y desarrollar tecnologías de doble uso que podrían reutilizarse rápidamente para convertir el programa en un arma si se tomara esa decisión.

Nicole Grajewski, profesora adjunta del Centro de Estudios Internacionales de Sciences Po en París, señaló que los expertos nucleares creen que Irán había realizado pruebas de diagnóstico, modelos de efectos nucleares y simulaciones de detonación, todos ellos indicios de que Teherán estaba adquiriendo los conocimientos necesarios para convertir su programa en armamento cuando lo deseara.

Según las evaluaciones de la inteligencia estadounidense, no hay pruebas de que Irán estuviera intentando convertir su programa nuclear en un arma, pero los expertos afirman que Irán utilizó su condición de Estado con capacidad nuclear —es decir, que conserva la capacidad de fabricar una bomba— como baza en las conversaciones con Occidente.

Los funcionarios iraníes del SPND, organismo sometido a fuertes sanciones, habían creado una red de organizaciones subordinadas diseñadas para desarrollar conocimientos especializados y adquirir tecnologías de doble uso que, según Estados Unidos, tienen como objetivo recopilar el conocimiento necesario para la fabricación de armas nucleares.

“Irán es el único país del mundo sin armas nucleares que produce uranio enriquecido al 60 por ciento y sigue utilizando empresas fachada y agentes de adquisiciones para ocultar sus esfuerzos por adquirir artículos de doble uso de proveedores extranjeros”, declaró el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, en un comunicado en el que anunciaba las sanciones contra el SPND el año pasado.

Tras la retirada de Trump del acuerdo nuclear con Irán alcanzado por la administración Obama en 2015, Teherán comenzó a instalar centrifugadoras avanzadas para acelerar el enriquecimiento de uranio. Logró acumular una importante reserva de uranio altamente enriquecido, suficiente para fabricar un arma nuclear.

Irán había almacenado más de 400 kilogramos de uranio altamente enriquecido, lo que generó gran preocupación entre los organismos internacionales, que cuestionaron por qué la República Islámica necesitaría tal cantidad si su programa nuclear fuera realmente pacífico.

El nivel de enriquecimiento necesario para la energía nuclear es inferior al 4 %, pero Irán comenzó a enriquecer uranio hasta un 60 % después de que Trump se retirara del acuerdo nuclear en 2018.

Cuando Israel y Estados Unidos atacaron las instalaciones nucleares fuertemente fortificadas de Irán el año pasado, el destino del uranio altamente enriquecido se volvió cada vez más incierto.

El director del organismo de control nuclear de las Naciones Unidas, Rafael Grossi, declaró a PBS en una entrevista publicada el viernes que se cree que el material se encuentra en Isfahán y que posiblemente podría ser trasladado.

“Las instalaciones nucleares que arrasamos… han sido tan afectadas que se necesitarían meses para acercarse al polvo nuclear”, afirmó Trump en un discurso la semana pasada. En una entrevista con Reuters el 1 de abril, agregó que el material enriquecido está “tan profundo bajo tierra que no me preocupa”.

Antes de ese comentario, el Wall Street Journal citó a funcionarios estadounidenses que afirmaban que Trump estaba sopesando una operación militar para extraer el uranio, aunque aún no se había tomado ninguna decisión.

Irán se ha mostrado intencionadamente vago respecto a su acceso al material, pero ofreció diluirlo durante las negociaciones con Estados Unidos antes de que comenzara la guerra en febrero.

“Fue una gran oferta, una gran concesión para demostrar que Irán nunca ha querido armas nucleares y nunca las querrá”, declaró el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, a la cadena CBS el mes pasado.

A pesar de que Israel tiene como objetivo instalaciones clave para debilitar el programa nuclear de Irán, Grajewski afirmó que las reservas de uranio de Irán y los años de conocimiento técnico acumulado serían suficientes para construir una bomba simplificada, del tipo de cañón, si el país decidiera cambiar su postura.

“Irán aún puede crear un arma nuclear; es solo cuestión de voluntad política”, opinó Grajewski. “Si la guerra termina, Irán podría, en teoría, emprender un rápido proceso de armamento en un plazo de uno a dos años”.

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