Otra muerte a manos de un agente federal agrava la pesadilla política autoinfligida de Trump

El presidente Donald Trump y su administración parecieron darse cuenta esta semana, aunque tarde, de que sus operaciones de Inmigración y Control de Aduanas en Minneapolis no están saliendo bien.

Trump apareció en una sesión informativa el martes y lamentó la comunicación de su equipo. Él y el vicepresidente J. D. Vance comenzaron a reconocer que ICE ha cometido o cometerá “errores”.

CNN informó el viernes que todo surgió del temor de que el tema se les estuviera yendo de las manos, un temor que sin duda respaldan las encuestas.

Sin embargo, lo que Trump y su equipo notablemente no hicieron fue señalar algún cambio real en las tácticas que los han llevado a esta situación.

Y ahora la situación corre el riesgo de salirse verdaderamente de control, tanto en el terreno como en el ámbito político.

El tiroteo fatal de otra personaAlex Pretti, de 37 años— a manos de un agente federal en Minneapolis recuerda en muchos sentidos el episodio de hace dos semanas y media, cuando un agente de Inmigración y Control de Aduanas disparó y mató a Renee Nicole Good. También ocurre en medio de una serie de movimientos políticamente problemáticos que sugieren que las cosas solo están empeorando para la administración.

Queda por ver cómo reaccionará el país ante la muerte de Pretti. Pero lo que está claro es que los estadounidenses están muy predispuestos a creer que ICE va demasiado lejos. Y los detalles sugieren que podríamos estar viendo una repetición de lo que ocurrió tras la muerte de Good, cuando las opiniones ya negativas sobre ICE se endurecieron y expandieron.

Por un lado, la administración nuevamente ha salido en defensa de los agentes federales involucrados y ha atacado a la persona fallecida de manera prematura y, en el mejor de los casos, poco creíble.

Al igual que con Good, la administración ha presentado a Pretti no solo como alguien que hizo temer por sus vidas a los agentes, sino como alguien que los habría atacado deliberadamente con intención de matarlos.

La secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, apostó que Pretti había intentado “causar el máximo daño”. Su departamento especuló que intentaba “masacrar a las fuerzas del orden”. El asesor de la Casa Blanca, Stephen Miller, resumió el hecho diciendo que “un homicida intentó matar a agentes federales”.

Pretti estaba armado —tenía permiso para portar el arma, según el jefe de policía de Minneapolis— y se vio envuelto en un forcejeo después de que los agentes le rociaran un irritante químico. Pero no ha surgido ninguna evidencia que respalde la acusación de que intentaba matarlos, y en los videos que se han visto hasta ahora no aparece tocando su arma.

De hecho, el video parece mostrar a un agente quitándole el arma a Pretti poco antes de que le disparen, lo que sugiere que ni siquiera tenía su pistola cuando fue muerto. Y aunque el DHS, la agencia que incluye a la Patrulla Fronteriza y a ICE, afirmó que Pretti se acercó a los agentes, los hechos parecen haberse desencadenado cuando un agente empujó a una mujer que estaba junto a Pretti.

Si Pretti realmente hubiera querido masacrar a los agentes, eligió un momento muy precario para ejecutar su supuesto plan.

Y este prejuzgamiento de la situación es parte de lo que hizo que la muerte de Good se volviera en contra de la administración. Las encuestas mostraron que los estadounidenses simplemente no creyeron la versión oficial. Solo alrededor de una cuarta parte estuvo de acuerdo con Noem en que Good estaba cometiendo “terrorismo interno”.

Otro paralelismo se encuentra en las acciones de la administración tras la muerte. Claramente intentó evitar una investigación a fondo del agente de ICE que disparó a Good y, en cambio, comenzó a investigar a la propia Good, una postura que llevó a la renuncia de los fiscales. En el incidente del sábado, el jefe de policía de Minneapolis dijo que funcionarios federales intentaron impedir que la Policía local accediera a la escena del crimen, y la Oficina de Detención Criminal de Minnesota dijo que el DHS no está cooperando con la agencia estatal.

Pero en muchos sentidos, la muerte de Pretti es un crescendo más que un hecho aislado. Incluso cuando la administración ha comenzado a temer las consecuencias políticas, la situación probablemente ha empeorado a medida que la paciencia de los estadounidenses se pone aún más a prueba.

Esta semana supimos que la administración ha reclamado el poder de entrar en los hogares de las personas sin una orden judicial. Cada vez se conocen más casos de ciudadanos estadounidenses atrapados en redadas migratorias y de personas que podrían estar siendo objeto de perfilamiento racial (según la Policía local). También estamos viendo que ICE comete errores en las personas que elige como objetivo. Y luego están los niños pequeños —de 2 y 5 años— que la administración ha detenido y subido a aviones junto a sus padres.

Aunque los estadounidenses ya desaprobaban a ICE durante gran parte del año pasado, la imagen de la agencia ha empeorado aún más este mes.

Encuestas de CBS News-YouGov muestran que el porcentaje de estadounidenses que dicen que ICE ha sido “demasiado duro” pasó de 53 % en octubre a 56 % en noviembre y a 61 % en una encuesta publicada la semana pasada. Ese 61 % fue reflejado también en una encuesta de The New York Times-Siena College esta semana, que planteó una pregunta similar.

Estas nuevas encuestas son, posiblemente, incluso peores para la administración que las realizadas inmediatamente después de la muerte de Good. Ahora vemos que 7 de cada 10 independientes e incluso 2 de cada 10 republicanos dicen que ICE ha ido demasiado lejos, en ambas encuestas recientes.

Eso sugiere que será difícil que los estadounidenses den el beneficio de la duda a los agentes federales en el caso de la muerte de Pretti. Y, una vez más, tenemos un punto crítico que añade urgencia a un tema sobre el que antes los estadounidenses estaban descontentos de manera más pasiva.

Más allá de eso, la nueva situación parece sumar dificultades políticas que no existían en el caso de Good. Algunos defensores acérrimos de la Segunda Enmienda, incluida la Asociación Nacional del Rifle (NRA, por sus siglas en inglés), están mostrando su rechazo ante lo que consideran que la administración habla como si el hecho de que Pretti estuviera armado le diera al agente de ICE más derecho a matarlo.

“Las voces públicas responsables deberían esperar una investigación completa, no hacer generalizaciones ni demonizar a ciudadanos respetuosos de la ley”, dijo la NRA en respuesta a los comentarios de un fiscal federal designado por Trump.

Y algunos conservadores y legisladores republicanos parecían menos dispuestos el sábado a defender las acciones del agente; incluso un presidente de comité republicano en la Cámara pidió audiencias.

Es normal que los presidentes quieran creer que sus problemas se deben a la comunicación y no al fondo de sus políticas, como parece pensar Trump. Eso les permite creer que siguen teniendo la razón.

Pero Trump ya estaba en una mala posición política, con algunos de sus peores números en las encuestas de cualquiera de sus dos mandatos. Ha perdido terreno especialmente en el tema migratorio, a pesar de que quizás sea su tema principal y a pesar de una caída masiva en los cruces fronterizos.

Y su decisión de básicamente no modificar la política de deportaciones masivas ha creado ahora otro gran problema para una administración que ya estaba a la defensiva, sin mencionar cuánto ha contribuido a una situación explosiva en Minneapolis.

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