OPINIÓN | Lula en Brasil y la soledad del intolerante

Nota del editor: Jorge Dávila Miguel es licenciado en Periodismo desde 1973 y ha mantenido una carrera continua en su profesión hasta la fecha. Tiene posgrados en Ciencias de la Información Social y Medios de Comunicación Social, así como estudios posuniversitarios en Relaciones Internacionales, Economía Política e Historia Latinoamericana. Dávila Miguel es columnista de El Nuevo Herald en la cadena McClatchy, y analista político y columnista en CNN en Español. Los comentarios expresados en esta columna pertenecen exclusivamente al autor. Mira más en cnne.com/opinion

(CNN Español) — La lucha presidencial de Brasil pasó a segundo capítulo en cuanto terminó el conteo de los votos del domingo 2 de marzo. Ni Jair Bolsonaro, ni Luiz Inácio Lula da Silva obtuvieron más del 50% de los votos. Por eso, hay una segunda vuelta el 30 de octubre.

Como es usual, los dos declararon victoria. Bolsonaro porque había superado lo que las encuestas le habían pronosticado y Lula porque “nunca he ganado en la primera vuelta”. Lo único “objetivo”, un término no muy popular en estos tiempos, es que Lula da Silva superó a su rival, llamado de “extrema derecha”, por más de seis millones de votos.

Falta ahora llegar al 30 de octubre. Tanto Lula como Bolsonaro deben encontrarse enfrascados en conseguir el apoyo de otros partidos minoritarios que totalizaron el 8,7 % de los votos emitidos, y en animar a nuevos votantes. En estas elecciones no votaron 32.770.982 (i) de electores que pueden ser animados a emitir sufragio. Pero ese casi 20% de personas que no votaron, pertenecen en más del 80% a barrios de clase media y media alta, que solo votan en situaciones extremas, como debe ser para ellos que la izquierda gane en Brasil. Lo más probable.

Simone Tebet, del Movimiento Democrático Brasileño (MDB), el tercer lugar en los comicios, que obtuvo casi cinco millones de votantes ya declaró que apoyara a Luiz Inácio Lula da Silva. Al igual que Ciro Gomes, del Partido Laborista Democrático (PDT), el cuarto lugar, que obtuvo más de tres millones de votos, también ha dado su apoyo a Lula da Silva.

Como es natural, las quinielas seguirán hasta el día de la elección definitiva. ¿Quién ganará, la izquierda o la derecha? Aunque todo parece indicar que será Lula, la izquierda, que a su ventaja de más de seis millones de votos el dos de octubre, ahora sumaría ocho millones y medio de boletas si los seguidores de Tebet y Gomes son brasileños disciplinados y les hacen caso a sus líderes para apoyar a Lula.

Una victoria de Lula Da Silva repercutiría radicalmente en el teatro político latinoamericano. Sería la décima victoria electoral de la izquierda –con todos sus matices- en la región, después de Pedro Castillo, en Perú (2017); Andrés Manuel López Obrador, en México (2018); Alberto Fernández, en Argentina (2019); Nayib Bukele, en El Salvador (2019) (ii); Luis Abinader, en República Dominicana (2020); Gabriel Boric, en Chile (2021); Xiomara Castro, en Honduras (2022); y Gustavo Petro, en Colombia (2022). Algunos de ellos han evolucionado y sus posiciones no parecieran de izquierda. Se asemeja a la “marea rosa” en la región alrededor de 2014, que según el presidente Obama cambió su percepción sobre el diferendo Cuba—EE.UU. ¿Se repetirá el caso?

Burgueses y proletarios piensan igual

En la drástica polarización que crece en el mundo, la derecha sueña con la eliminación de la izquierda y la izquierda sueña con la eliminación de la derecha. ¿Para qué hacen falta en el planeta?, cada uno de ellos se pregunta intrigado sobre “los otros”. La pregunta es real, objetiva y se puede escuchar incluso expresada verbalmente con todas sus palabras, en cuanto entra en confianza el tonto expositor de turno. “No sirven, hay que eliminarlos”.

La respuesta es tan vieja como la historia de la humanidad: la obvia necesidad del límite. ¿Qué podemos desear realmente que no sea limitado? ¿Una felicidad sin límites? Requeriría que tampoco tuviera límite nuestra existencia, ni la de las personas que amamos, y dicha felicidad debe de ser también sin límites, al igual que la existencia eterna de todas las personas que amamos y que a su vez aman esas otras personas.

Fue el influyente demógrafo canadiense Nathan Keyfitz, a quien se le ocurrió calcular cual ha sido la población total del mundo en todos sus años de existencia. Partió de un dato totalmente científico, indiscutible. Empezó su cálculo con dos personas: Adán y Eva. Al final Keyfitz, después de incontables cálculos y anotaciones, llegó a la conclusión de que hasta el año 2017, no recuerdo la fecha y la hora que escogió para finalizar su cuenta, habían existido en el mundo, con toda seguridad, 108.470.690.115 personas. El demógrafo sin límites quiso ser especialmente contundente con esta cifra. Había muerto en 2010 pero dejó sus cálculos hasta 2050. No se conoce que haya calculado que no cabríamos en este planeta si nadie hubiera muerto por aquello de la “felicidad sin límites”.

Este desvío temático nos sirve para regresar al asunto de los que no entienden porque sus opositores, de derecha o de izquierda, siguen viviendo en el planeta Tierra. Muy sencillo: porque entonces ellos tampoco seguirían en este planeta. Lo que nos define y lo que nos identifica como animales políticos son nuestras ideas y las de quienes no están de acuerdo con nosotros. Si no existe el otro no podemos existir nosotros. Podemos tener el poder sin límites, que es lo que quiere esa derecha o esa izquierda intolerante. Pero en ese momento, como Stalin, Hitler o Calígula, estamos totalmente solos, abandonados a nosotros mismos. Porque no tuvimos límites.

i . 156.454.011 votantes registrados, de los cuales votaron solo 123.682.372 millones.

ii. Que se autotitula de izquierdas

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