La historia de una pareja de “ecosexuales” que celebra alegres bodas con la Tierra

(CNN) — Cuando Annie Sprinkle y Beth Stephens, compañeras desde hacía mucho tiempo, se casaron con la Tierra en 2008, fue un acontecimiento exuberante entre las secuoyas de Santa Cruz, en California, al que asistieron más de 300 invitados jubilosos vestidos de verde.

En el evento hubo varias performances: dos artistas atados por una boa constrictor, una cantante de ópera de striptease y una sesión de azotes con rosas de tallo largo en lugar de paletas. Cuando Sprinkle y Stephens leyeron sus votos para honrar y cuidar la Tierra, pidieron a los invitados que también los hicieran. A cada asistente se le regaló una bolsa de tierra y se le pidió que inhalara su aroma.

(Crédito: cortesía de Elizabeth Dobson)

Esta “boda verde” no fue la primera vez que Sprinkle y Stephens se casaron, ni mucho menos la última. Desde su primera celebración, una unión libre en 2003, las artistas de performance se han casado con el cielo, la Luna, la nieve y el Sol, entre otras entidades naturales. Han celebrado ceremonias en todo el mundo con cientos de invitados, e incluso se han casado con el mar Adriático en la prestigiosa bienal de Venecia.

Tras su “boda verde”, Sprinkle y Stephens le dieron un nombre al movimiento, e hicieron un manifiesto. Se declararon a sí mismas “ecosexuales” y se comprometieron a tratar a la Tierra como una amante para salvarla.

El artista Guillermo Gómez-Peña ofició la “boda verde” en 2008, en la que interpretó a un sacerdote azteca. (Crédito: Cortesía de Lydia Daniller)

“Realmente estamos tratando de cambiar el lente a través del cual la gente ve la Tierra”, dijo Stephens en una entrevista conjunta por video con Sprinkle. “Más que como un recurso, queremos que la gente vea la Tierra como una fuente de placer en la vida y de salud. Están realmente interconectados”.

A primera vista puede que las ceremonias parezcan parodias. Pero por muy festivas que sean Sprinkle y Stephens, responden a cuestiones de peso. Las artistas adoptaron los rituales de boda como vehículo para actos sexuales positivos de la comunidad LGBTQ en un momento en el que las parejas del mismo sexo no podían casarse en Estados Unidos, y para el activismo medioambiental en un momento en el que se hacía evidente lo peligrosa que se había vuelto la emergencia climática.

Como artistas, dijo Stephens, utilizan “estrategias de alegría” y del “absurdo”.

La “boda verde” dio comienzo al viaje ecosexual de las artistas, catalizando un manifiesto y un movimiento para tratar a la Tierra como una amante. (Crédito: Cortesía de Lydia Daniller)

Su colaboración de casi 20 años ha dado lugar a performances ecosexuales, exposiciones, eventos y teoría. Un nuevo libro llamado “Assuming the Ecosexual Position: The Earth as Lover” detalla la totalidad de su práctica, desde los primeros proyectos sobre el amor y la intimidad, pasando por sus bodas anuales, hasta sus películas documentales como “Water Makes Us Wet”. (Su próxima película sobre los incendios forestales y los “incendios sociales”, según Stephens, contará con el apoyo de una beca Guggenheim).

El compromiso de la pareja con la Tierra como amante (en lugar de concebir a la Tierra como madre) significa que están “loca, apasionada y ferozmente enamoradas” de nuestro planeta, como proclamaron en su manifiesto hace una década.
“Abrazamos árboles sin vergüenza, masajeamos a la Tierra con nuestros pies y hablamos eróticamente con las plantas”, escribieron. “Hacemos el amor a la Tierra a través de nuestros sentidos”.

El curador Jota Castro invitó a Sprinkle y Stephens a crear una performance de boda en la bienal de Venecia de 2009, así que decidieron casarse con el mar Adriático e invitaron a artistas de todo el mundo a colaborar en la ceremonia de ocho horas de duración. (Crédito: Cortesía de Gigi Gatewood)

Las bodas como performances

La primera unión de Sprinkle y Stephens fue una ceremonia de unión libre en San Francisco que celebraron más de una década después de haberse conocido en la Universidad de Rutgers. La ceremonia fue un asunto comunitario: declararon su amor junto a otras 33 parejas, tanto LGBTQ como heterosexuales. Sprinkle llevaba un vestido plateado y un plumero con adornos de plumas, y Stephens un esmoquin plateado. El evento contó con las actuaciones del San Francisco Gay Men’s Chorus y del coro transgénero The Believers.

Como explica la pareja en “Assuming the Ecosexual Position”, fue ahí que se dieron cuenta de que “podían movilizar la ceremonia de la boda (…) como medio para entablar una conversación política más amplia, para construir una comunidad y generar amor”.

“Todo el mundo conoce la narrativa de las bodas, los anillos, los votos, el beso”, añadió Sprinkle. “Realmente es una performance”.

Sprinkle y Stephens cortan la tarta en la “bodas plateada con las rocas”. (Crédito: Cortesía de Strangelfreak/Luis Pedro de Castro)

En sus bodas siguientes, que pasaron a formar parte de un proyecto de siete años titulado “Laboratorio de Arte del Amor”, los asistentes también podían participar y hacer los votos. Colaboraron con diferentes artistas en cada evento y rechazaron los regalos materiales. (Usualmente también tienen a alguien que expresa sus objeciones al matrimonio, una tradición iniciada por un amigo que leyó una lista de “Las diez razones principales por las que el matrimonio debería ser abolido”, detallando cómo se trata de una institución desigual y anticuada).

Inspiradas en el trabajo de su amiga y mentora, la artista de performance Linda Montano, Sprinkle y Stephens asignaron un “color de chakra” y un tema a cada uno de los siete años que trabajaron en el proyecto. En el primer año, 2004 (o el “año rojo”), la pareja estrenó una serie de performances públicas de abrazos y sesiones de besos de una hora de duración, organizó clínicas de sexo en las aceras y celebró su “boda roja” en un antiguo club de burlesque. En el “año naranja”, se casaron con su comunidad, y los invitados acudieron disfrazados de exprimidores de naranjas y zanahorias. El “año verde”, cuando declararon su ecosexualidad, fue el cuarto año.

“Nuestro amor mutuo se convirtió en amor por la comunidad, que a su vez se convirtió en amor por el medio ambiente”, dijo Sprinkle.

En 2010, las artistas se casaron con la Luna bajo la luna llena de la cosecha en el Ampitheater Farnsworth de Los Ángeles. El reverendo Billy actuó como oficiante. (Crédito: Cortesía de Leon Mostovoy)

Cuando empezaron a casarse con el mundo natural, las bodas se hicieron más grandes y teatrales. En su “año azul”, además de su boda en Venecia con el mar, se casaron con el cielo en Oxford, Reino Unido. Le siguió el “año púrpura”, con una boda nocturna tipo rave con la Luna y una unión diurna con los montes Apalaches. La última boda del proyecto de siete años fue con la nieve, en Ottawa, Canadá, donde todo el mundo se vistió de blanco en una catedral secularizada justo después de una gran tormenta de nieve.

Aunque el “Laboratorio del Arte del Amor” terminó en 2011, continuaron con sus performances de boda, incluso cuando se embarcaron en una serie de proyectos en curso a través del E.A.R.T.H. Lab de la Universidad de California Santa Cruz (donde Stephens preside el Departamento de Arte). Las ceremonias posteriores al laboratorio han incluido una “boda con el carbón” en la región del carbón de España, de estilo punk-rock y totalmente negra, y la “boda sucia con el suelo” en Krems, Austria.

Pero aunque Sprinkle y Stephens ya no organizan las bodas ellas mismos, otros entusiastas ecosexuales han tomado la causa. Justo antes de la pandemia del covid-19, un grupo llamado Future Farmers invitó a Sprinkle y Stephens a casarse con la niebla en la Universidad de Santa Cruz. Y este septiembre, la artista y académica Ewelina Jarosz organizará una boda entre Sprinkle, Stephens y la artemia del Gran Lago Salado, en Utah.

La boda blanca con la nieve se celebró en Ottawa, Canadá. (Crédito: Cortesía de Benoit Aubrey)

“Le pasamos la antorcha de las bodas a las generaciones futuras y a las futuras novias y novios”, dijo Sprinkle. Su libro incluso tiene instrucciones sobre cómo casarse con elementos de la naturaleza para aquellos que quieran celebrar sus propias ceremonias. Tras el informe de las Naciones Unidas de la semana pasada, con la evaluación más urgente sobre el cambio climático hasta la fecha, la pareja añadió por correo electrónico: “Generar más amor por el medio ambiente (…) se necesita más que nunca”.

Sprinkle y Stephens han usado durante mucho tiempo sus proyectos colaborativos para generar alegría en medio de la injusticia y las dificultades, para darle otra forma a la relación de las personas con el medio ambiente y para hacer que salvar el planeta sea un poco más sexy.

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