ANÁLISIS | Joe Biden se enfrenta a una crisis de competencia

(CNN) — En la base de la campaña presidencial de Joe Biden se encontraba una sola palabra: competencia.

Después de cuatro años de la incompetencia de Donald Trump en, bueno, en todo, el argumento de Biden era que el país necesitaba urgentemente una mano firme en el timón, alguien que hubiera estado allí y lo hubiera logrado. Alguien que no necesitara formación para hacer el trabajo. Alguien que fuera exactamente lo opuesto al hombre que actualmente ocupa el cargo.

Y funcionó. En lugar de ver la edad de Biden (78 años) como algo negativo, muchos votantes creyeron que sus décadas de experiencia eran lo que el país necesitaba en la era post-Trump. Saber cómo funcionaba la burocracia federal era importante. También lo era tener buenas relaciones con los líderes mundiales. Y haber visto todo lo que había que ver tanto en el frente de la política interior como en el de la exterior.

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Sin embargo, a los siete meses de su primer mandato, Biden se enfrenta nada menos que a una crisis de esa competencia, acosado en varios frentes por acontecimientos que parece que toda su experiencia y conocimientos no han podido evitar.

El ejemplo más evidente es, por supuesto, la rápida toma de posesión de Afganistán por los talibanes tras la decisión de Biden de retirar las tropas estadounidenses del país.

Al anunciar el fin del compromiso militar estadounidense en Afganistán hace poco más de un mes, Biden había proclamado que “no habrá ninguna circunstancia en la que se vea a gente siendo levantada del techo de una embajada de Estados Unidos en Afganistán”.

Sin embargo, durante el fin de semana se transmitieron a Estados Unidos imágenes de helicópteros que levantaban a personas desde el estacionamiento de la Embajada de Estados Unidos en Kabul. Y el lunes por la mañana llegaron imágenes aún más devastadoras: afganos aferrándose a un avión de Estados Unidos mientras éste despegaba del país.

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¿El mensaje abrumador? La situación estaba total y completamente fuera de control, y ni Biden ni sus principales asesores de política exterior podían impedirlo.

Si bien la crisis de Afganistán está en el centro de este reexamen del argumento de la competencia de Biden, no es ni mucho menos el único dato en esa conversación.

¿Recuerdan que, en mayo, Biden anunció que los CDC habían dicho que las personas vacunadas ya no necesitaban usar mascarillas en el interior, un hecho que describió como un “gran hito”? Sin embargo, apenas dos meses después, Biden se vio obligado a dar marcha atrás en medio de un aumento de los casos causados por la variante delta.

Y mientras Biden se felicitaba a sí mismo y al país esta primavera por el número de personas que se habían vacunado contra el covid-19, su administración se quedó corta en su objetivo, tantas veces declarado, de que el 70% de los adultos elegibles recibieran al menos una dosis de la vacuna antes del 4 de julio.

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Para ser claros: el aumento de la variante delta, impulsado por los que aún no se han vacunado y por muchos gobernadores republicanos que se niegan a seguir las directrices para mitigar la propagación continua, no puede achacarse por completo (ni siquiera en su mayor parte) a Biden.

Pero no hay duda de que la narrativa dominante del final de la primavera, la gestión competente de la administración Biden de un programa de vacunas a nivel nacional y la retirada del virus, ha recibido un gran golpe.

Luego está la frontera. Las detenciones de quienes intentan cruzar ilegalmente la frontera sur de Estados Unidos alcanzaron el mes pasado el nivel más alto de las últimas dos décadas. Alejandro Mayorkas, director del Departamento de Seguridad Nacional, admitió a finales de la semana pasada que Estados Unidos se enfrenta a un “serio desafío” en la frontera.

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Si bien Mayorkas culpó al menos en parte de la crisis a la administración de Trump, que, según dijo, “desmanteló nuestro sistema de asilo”, tampoco hay duda de que la administración de Biden no está ni cerca de donde quiere o necesita estar cuando se trata de su manejo de la crisis fronteriza.

Como escribió Priscilla Álvarez de CNN la semana pasada: “El gobierno de Biden se ha visto atrapado entre la expresión de compasión hacia los migrantes y el hecho de depender en gran medida de la disuasión de los que viajan a la frontera sur de Estados Unidos. Como resultado, la situación fronteriza sigue siendo un lastre político para la Casa Blanca que está atrayendo críticas tanto de la izquierda como de la derecha”.

Teniendo en cuenta todo esto, no es de extrañar que los números de las encuestas de Biden hayan sufrido un golpe últimamente. El 50% de aprobación del trabajo de Biden a finales del mes pasado fue el más bajo de su presidencia, según la encuesta de Gallup. Y eso fue antes de que se produjera el desastre de Afganistán, que está dominando la cobertura informativa nacional, y de que se viera todo el alcance de la oleada de covid-19.

La promesa de Biden al pueblo estadounidense fue que sus años en la vida pública lo habían preparado mejor para evitar el caos que definió la era Trump. Pero de momento, el caos está ganando a la competencia. Y eso es un gran problema para Biden y su administración.

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