OPINIÓN | Trump para rato

Nota del editor: Roberto Izurieta es director de Proyectos Latinoamericanos en la Universidad George Washington. Ha trabajado en campañas políticas en varios países de América Latina y España, y fue asesor de los presidentes Alejandro Toledo, de Perú; Vicente Fox, de México; y Álvaro Colom, de Guatemala. Izurieta también es colaborador de CNN en Español. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas del autor. Ver más opiniones en cnne.com/opinion

(CNN Español) — Era previsible que Trump no reconozca su derrota, al fin y al cabo, lo dijo reiteradas veces antes de las elecciones. Tampoco fue sorpresa su discurso incendiario del 6 de enero, lo hizo muchas veces. Asímismo, es lo más natural que Trump siga haciendo política y que siga haciendo declaraciones delirantes al respecto, hasta los últimos días de su vida.

Hay políticos que no pueden dejar la política. Algunos por convicción, pero temo que la mayoría no pueden dejar la política porque vive de la atención y la vanidad; otros porque siguen buscando poder y otros lo hacen por dinero. Trump tiene el poder casi total dentro de su partido porque el poder político está en relación directa con el respaldo popular, y él es al fin y al cabo el personaje más popular y conocido de su partido. Las operaciones de recaudación de dinero de Trump son su negocio con mayor flujo de caja, en contraste con sus negocios de hoteles y bienes raíces, golpeados particularmente por la pandemia. Además, tiene algunas deudas multimillonarias por pagar que se le vienen en los próximos meses. No necesito explicar las muestras de vanidad de Trump porque las ha demostrado toda su vida.

Hay otra razón que empuja a algunos políticos para seguir en carrera: el defenderse de sus juicios. En muchos de los países de la región el poder político y económico pueden protegerlos de sus juicios legales, investigaciones y acusaciones. Cristina de Kirchner es una buena muestra de ello. En EE. UU. existe enorme independencia del Poder Judicial con el político, pero Trump ha dicho y demostrado que espera lealtad de aquellos jueces que ha nominado.

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El gran reto político de Trump estará en las elecciones intermedias de2022. Aclaro que me refiero a su reto político porque en los judiciales tiene muchos frentes abiertos. No me cabe duda de que los candidatos que respalde Trump en las elecciones internas, a todo nivel (Congreso, Senado, gobernaciones y alcaldías) estarán dentro del Partido Republicano. El grave reto es que escogerá a sus más fervientes seguidores y, por lo tanto, serán los candidatos a los que les será más difícil ganar en las elecciones contra los demócratas porque representan a la base más extrema del partido.

El mayor poder de Trump está en el endoso que pueda dar a los candidatos dentro de su partido en las elecciones internas, exigiendo lealtad, sino, él los boicoteará. De nuevo, Trump tiene enorme popularidad en su partido y enorme capacidad de recaudar dinero para él y sus aliados.

Sin duda, el éxito de los demócratas dependerá de la recuperación económica y la misma dependerá de cómo se combate la pandemia. La masiva vacunación que de acuerdo con una estrategia distinta de Biden, comparada a la estrategia de Trump, es un muy buen augurio. El dinamismo y crecimiento de la bolsa de valores es otra buena señal.

Asumiendo entonces una recuperación en la salud pública y la economía, no veo cómo a los republicanos le pueda ir bien en las elecciones intermedias. Y eso a pesar de que históricamente las elecciones de medio período son más bien negativas para el presidente de turno, sobre todo en su primer mandato.

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Sería difícil imaginarnos que Biden apoye a los candidatos más extremistas conocidos como “liberales” o progresistas dentro de su partido para las elecciones de 2022 o a otros como Sanders, que es socialista (y no hablo mal, sino que efectivamente es miembro de los Socialistas Democráticos que libremente compiten en las elecciones internas del Partido Demócrata). Si algo así llegara a pasar, a pocos les quedarían dudas sobre que logren ganar en las elecciones generales. Aunque la misma lógica no se aplica a Trump porque generalmente refuta casi toda lógica.

Trump ha demostrado audacia en todos sus actos. Algunos de sus mensajes han sido atrevidos, otros irresponsables y otros más han bordeado lo ilegal, como pedir a Rusia que “libere los e-mails de Hillary Clinton”, apoyar a Julián Assange y dar un mensaje incendiario el 6 de enero.

Lo bueno de hacer pronósticos dos años antes es que casi nadie se acuerda de ellos. Claro que, si acierto, seré el primero en recordarlo. Mi vaticinio es que los candidatos respaldados por Trump serán los grandes ganadores en las distintas elecciones internas del Partido Republicano en 2022, pero su partido será el gran perdedor en las mismas elecciones generales. Y todo eso correrá en paralelo con las investigaciones y los juicios que Donald Trump deba afrontar los próximos años. Serán dos años muy interesantes.

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