ANÁLISIS | Las falsas afirmaciones de fraude electoral de Trump llegan a un callejón sin salida en el Congreso

(CNN) — El esfuerzo desesperado del presidente Donald Trump por subvertir la democracia y robar las elecciones chocará con un muro de la verdad y las defensas constitucionales de Estados Unidos cuando el Congreso se reúna el miércoles para culminar la victoria del presidente electo Joe Biden.

Pero un inútil intento de los republicanos radicalizados pro-Trump para bloquear el proceso con base en falsas afirmaciones de fraude electoral infligirá nuevos golpes a la unidad nacional, el respeto por las instituciones fundamentales y la legitimidad pública de la presidencia de Biden. Las objeciones a los resultados estatales que se espera sean presentadas por una docena de republicanos en el Senado podrían prolongar el proceso durante horas y es probable que profundicen la convicción de los partidarios de Trump, azotados por un aluvión de propaganda del presidente y los medios conservadores, de que fue derrotado injustamente en noviembre.

Pence le informó a Trump que no puede bloquear la victoria de Biden

En tanto, el sentido de la historia en un frágil momento nacional está siendo alimentado por los recuentos en dos elecciones del Senado en Georgia que decidirán quién controla la cámara, una preocupación fundamental para el presidente entrante.

En retrospectiva, podría haber sido inevitable que la presidencia de Trump, con sus autocráticos golpes de pecho, demandas de lealtad total, vanidad ilimitada, abusos de poder y acrobacias televisivas, llevara el sistema a sus límites en un escenario del Capitolio que normalmente es usado por vencedores y vencidos para promover la cicatrización nacional.

Así como la pandemia de covid-19 expuso el método de Trump de desear que los hechos inconvenientes sean eliminados, los eventos del miércoles revelarán el absurdo de la falsa realidad alternativa de Trump en la que afirma que tuvo una victoria aplastante en las elecciones.

Eso complicará las esperanzas de Biden de forjar una unidad patriótica y un plan nacional tardío para hacer frente a una pandemia que nunca ha sido más alarmante y que está empeorando por la interrupción del proceso de vacunación.

El drama del miércoles también seguramente abrirá divisiones más profundas en el Partido Republicano, que se ha partido en dos por las demandas de Trump de que los legisladores mantengan la fe en su culto a la personalidad en lugar de respetar una elección libre y justa.

Y la estrategia de untuosidad de cuatro años del vicepresidente Mike Pence hacia su jefe está a punto de fracasar. Trump no tiene paciencia con la ley que señala que el vicepresidente simplemente preside la certificación del proceso y no tiene poder para rechazar los votos electorales de Biden sobre la base de mentiras sobre el fraude. Pero el martes, Pence le dio al presidente una explicación paso a paso de por qué no tiene el poder para bloquear el proceso de certificación, informó Kaitlan Collins de CNN.

El dilema de Pence

Las relaciones entre Trump y Pence se deterioraron en los últimos días, informó CNN el martes, cuando Trump presionó a Pence para que actuara con base en las teorías descabelladas y el analfabetismo constitucional de abogados y asesores marginales que repetidamente han sido rechazados por jueces designados por el Partido Republicano y la Suprema Corte.

«El vicepresidente tiene el poder de rechazar a los electores elegidos fraudulentamente», declaró falsamente Trump en un tuit. Pero una persona cercana a Pence dijo el martes que el vicepresidente «seguiría la ley y la Constitución» de una manera que probablemente desataría una erupción de furia en el presidente.

La sensación de desequilibrio en Washington se está intensificando con la llegada de un gran número de manifestantes pro-Trump que esperan intimidar a los legisladores; el presidente se dirigirá a los manifestantes en un mitin el miércoles por la mañana.

Congresista republicano pide a Pence que desconozca resultados del colegio electoral 2:31

Las autoridades de la ciudad desplegaron la Guardia Nacional en medio de temores de que se repita la violencia entre manifestantes pro y anti-Trump observada en eventos anteriores. Los tuits incendiarios del presidente no ayudan al ambiente.

«Espero que los demócratas, y lo que es más importante, la débil e ineficaz sección RINO (republicanos solo de nombre) del Partido Republicano, estén viendo a las miles de personas que llegan a Washington. Ellos no aceptarán que una victoria electoral aplastante sea robada», escribió Trump el martes, etiquetando a los líderes republicanos.

El estado de ánimo desequilibrado y el temperamento vengativo del presidente proyectan una sombra siniestra, en medio de la incertidumbre sobre cómo reaccionará una vez que el Congreso dé la estocada final a su intento condenado al fracaso de revertir las elecciones durante las dos semanas previas a la toma de posesión de Biden.

Un proceso ceremonial

Pence, como presidente titular del Senado, presidirá la sesión conjunta del Congreso en la Cámara de Representantes a la 1 pm ET. Cuatro legisladores elegidos como escrutadores leerán en voz alta los recuentos certificados del Colegio Electoral por parte de los estados. Si hay una objeción a los resultados de un estado, que deben presentarse por escrito e incluir las firmas de un miembro de cada cámara, la sesión se detendrá y el Senado y la Cámara de Representantes se retirarán a su propio terreno durante dos horas de debate antes de votar sobre la objeción.

A pesar de la desinformación creada por el equipo legal de Trump y algunos partidarios, no existe una vía para que él anule la elección. Incluso si hubiera una mayoría a favor de las objeciones en el Senado liderado por los republicanos, y no la hay, la Cámara de Representantes controlada por los demócratas votaría para rechazarlas. La objeción debe ser sustentada por ambas cámaras para que no se otorguen los votos electorales.

No está claro cuántas objeciones pretenden presentar los legisladores republicanos. El senador Josh Hawley de Missouri ya se comprometió a impugnar los resultados en Pensilvania, donde los tribunales han rechazado repetidamente los casos de Trump.

«Por lo menos, el Congreso debería investigar las acusaciones de fraude electoral y adoptar medidas para asegurar la integridad de nuestras elecciones. Pero el Congreso hasta ahora no ha actuado», dijo Hawley en un comunicado.

OPINIÓN | La humillación de Mike Pence

El senador Ted Cruz de Texas planea una objeción a los resultados en Arizona, donde varios tribunales estatales y federales ya han desestimado las falsas denuncias de fraude electoral e irregularidades. Los protocolos por el covid-19, que ya han provocado que se alarguen los debates y votaciones en el Capitolio, podrían prolongar la sesión conjunta durante horas.

Implicaciones para 2024

La prominencia de Cruz y Hawley en el intento de frustrar las elecciones democráticas se considera una señal temprano de la carrera presidencial de 2024 y ha hecho que los críticos los acusen de anteponer la ambición personal a los principios personales.

Es posible que otros republicanos involucrados no tengan en la mira la Casa Blanca, pero son reacios a dar la espalda a los votantes de base de Trump y arriesgarse a ser desafiados en elecciones primarias.

Muchos de los republicanos que han decidido no unirse al intento de revocar las elecciones, como el senador de Arkansas Tom Cotton, argumentan que el esfuerzo — imponer el poder federal sobre los resultados de las elecciones estatales — va en contra de los principios conservadores. Un grupo de senadores republicanos reveló su antipatía por los desafíos el martes.

El senador de Carolina del Sur, Tim Scott, por ejemplo, concluyó que la insurrección no era ni constitucionalmente viable ni políticamente posible.

«Para que su teoría funcione, Nancy Pelosi y los demócratas de la Cámara de Representantes tendrían que elegir presidente a Donald Trump en lugar de Joe Biden. Eso … no va a suceder, ni hoy ni ningún otro día», dijo en un comunicado.

Incluso si Pence utilizara artilugios de procedimiento al negarse a aceptar el conteo de votos electorales de los estados que decidieron la elección de Biden, es probable que su acción sea rechazada en cada cámara. De modo que no tiene escapatoria de una posición odiosa que dejará imágenes de televisión de un momento que podría dañar sus propias esperanzas presidenciales futuras.

«Es un papel estrictamente ceremonial en el que él es el maestro de ceremonias. Lo he comparado en el pasado con los presentadores de los Premios de la Academia», dijo a CNN Harry Litman, ex asistente del Departamento de Justicia.

«Podría ser el jueves, podría ser el viernes, cuando tenga que decir las palabras más aborrecidas por el presidente Trump, que son: ‘El próximo presidente de Estados Unidos es Joe Biden’».

Pence no es el primer vicepresidente que se enfrenta a la incómoda tarea de concretar la derrota de una boleta presidencial en la que él era candidato. En 1961, el vicepresidente saliente Richard Nixon tuvo que anunciar su propia derrota ante John Kennedy, después de unas elecciones ajustadas que, según algunos republicanos, habían presentado un fraude. Enterrando su decepción, Nixon describió el proceso ceremonial como un «ejemplo sorprendente y elocuente de la estabilidad de nuestro sistema constitucional» y expresó sus mejores deseos al nuevo presidente.

En 2001, el vicepresidente Al Gore confirmó una elección que algunos demócratas aún creen que fue decidida de forma injusta por la Corte Suprema. En lo que fue visto como un gesto de unidad nacional y apoyo a las instituciones constitucionales, Gore dijo: «Que Dios bendiga a nuestro nuevo presidente y nuestro nuevo vicepresidente».

Tal magnanimidad por parte de Pence no le caería nada bien a Trump.

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