Fernando Botero, el amigo y el artista

Nota del editor: Mari Rodríguez Ichaso ha sido colaboradora de la revista Vanidades durante varias décadas. Especialista en moda, viajes, gastronomía, arte, arquitectura y entretenimiento. Productora de cine. Columnista de estilo de CNN en Español. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivamente suyas. Lee más artículos de opinión en cnne.com/opinion

(CNN Español) –– Mas allá de sus «gordos», sus enormes frutas, sus músicos, sus mujeres voluptuosas y sus paisajes colombianos, el pintor y escultor colombiano Fernando Botero es una de las figuras más prominentes del arte internacional y un orgullo para todos.

También es un gran ejemplo de que se puede triunfar cuando se cree en sí mismo. Lo que llevó a un chico de escasos medios económicos de Medellín a seguir su vocación, a saber lo que quería hacer en su vida y, en el camino, ser uno de los artistas más famosos.

He tenido la suerte de que Fernando Botero ha sido por muchos años un buen amigo. Siempre digo que es el hombre más seguro de sí mismo que haya conocido. También que Botero siempre me haya hablado con sencillez de sus comienzos en Medellín. Haciéndolo con la satisfacción de quien demostró que estaban equivocados los que le decían «Botero, ¿por qué no pinta en los fines de semana y se busca un trabajo de verdad?». Sí, aquello sucedió en los comienzos, cuando intentaba vivir de su arte, y es una anécdota agridulce que hace reír y que siempre cuenta, incluso con cariño.

¿Y cómo es Fernando Botero?, muchos me preguntan. Pues es un hombre amable, sereno y seguro, y esa seguridad la trae su carácter afable, su sentido del humor y su gran perseverancia. Un hombre que, en el tope de su carrera, sabe disfrutar con sibaritismo la vida, incluyendo su fama y fortuna.

Fama y fortuna que comparte, mayormente en Mónaco, con su tercera esposa, la famosa escultora Sophia Vari, de origen grecofrancés, que lo acompaña desde hace muchos años y con quien tiene una excelente relación. Su vida ha sido por décadas la de un verdadero «hombre renacentista» del siglo XXI, con casas en París; Pietrasanta, Italia (donde hace sus monumentales esculturas), Bogotá, Mónaco y Nueva York, donde todo lo disfruta con una sonrisa amable y una serenidad muy a su estilo Botero.

Nacido el 19 de abril de 1932 en una buena familia en Medellín, su madre y hermanos tuvieron problemas económicos después de que murió su padre, lo que dejó a los Botero Angulo en una situación difícil. A los 12 años, su tío lo inscribió en una escuela de toreros, donde estudió y comenzó su amor por la tauromaquia, la que ha pintado a menudo. Y sobre toros vende su primera obra, lo que me cuenta con mucha gracia. «La primera obra que vendí fue una de toros. En Medellín, se vendían las boletas de las corridas en el almacén de Rafael Pérez, él ponía mis acuarelas de toros en la vitrina y alguien compró una por dos pesos. Aquella venta me produjo una gran emoción y me fui corriendo a mi casa a mostrarles a mis hermanos que había vendido un cuadro, y en el camino se me perdieron los dos pesos porque tenía roto el bolsillo del pantalón». ¡Un comienzo tragicómico que parece pertenecer a uno de los personajes de sus famosos cuadros!

¿Una nota antes de presentarles nuestra entrevista? Los «gordos» de Botero ––que él prefiere llamar «formas rotundas», muchas veces imitados y nunca igualados–– son imágenes icónicas y personajes de escenas llenas tanto de ironía como de cariño. Momentos de su amor a la Colombia de su niñez y juventud, aunque en sus últimos trabajos su arte es también comentario social.

MRI: Me da mucha alegría conversar contigo para CNN en Español. Siempre te recuerdo como un buen amigo lleno de curiosidad por la vida. A muchas personas les interesa saber ¿cuál ha sido el tema ––o sujeto–– que más has disfrutado pintar a lo largo de tu carrera? No sé por qué, pero esas mujeres en el baño ––o tiradas boca abajo, felices y con una pierna levantada––, me parece que te gustan mucho. También siempre he notado que te gusta plasmar visiones de la realidad social –– y la vida sencilla–– de tus personajes…

FB: Mi pintura tiene dos fuentes primordiales: mis puntos de vista estéticos y el mundo latinoamericano en el cual crecí. El núcleo de mi obra está inspirado en mis recuerdos de infancia y juventud en Medellín, Colombia donde nací. No hay duda… Siempre he mantenido que el arte, cuanto más local, más universal. Mi temática es local, pero mi lenguaje estético es universal, influenciado por los grandes maestros de la pintura del Quattrocento italiano que tanto admiro, en especial Piero della Francesca.

MRI: ¿Te molesta que muchos llamen a tus voluptuosas y voluminosas mujeres «las gordas de Botero»? (Gorditas que, siempre te decía, ¡las notaba muy felices y contentas!)

FB: No, no me molesta, aunque mi obra no es un comentario acerca de la flacura o la gordura o la obesidad. Mi interés principal radica en el volumen y en la sensualidad del arte a través de la exaltación del volumen. Yo pinto un universo de volumen en el cual cada cosa está pintada con la misma intención, con el mismo gesto. Una mujer o un hombre… igual que una fruta.

MRI: ¿Por qué el volumen o las grandes formas te atraen tanto?

FB: Porque eso cambió la pintura. Giotto fue el primero en los siglos XIII y XIV, creando una revolución porque hasta entonces, la pintura era plana y el creó volumen. Ahora nos parece normal que un cuadro tenga volumen, pero en el siglo XII no era así. Esto creó las bases del Renacimiento italiano, donde participaron todos los grandes artistas. Ese volumen sensual fue una marca para mí.

MRI: Tu exposición actual en Madrid, Botero: 60 años de pintura, es la mayor retrospectiva de tu obra y está teniendo un éxito maravilloso… (Estará abierta hasta el 7 de febrero de 2021 en el Centro del Ayuntamiento de Madrid)

FB: ¡Me da mucha alegría! Viajé a Madrid a principios de mi carrera con el dinero de un premio que me gané y me acuerdo de la ilusión de conocer el Museo del Prado y ver tantas obras maravillosas. Era mi primer viaje a Europa y tenía 19 años. Y recuerdo una España distinta, muy pobre… ¡pero yo estaba feliz de estar en Europa!

MRI: ¿Imaginaste alguna vez que ibas a ser tan famoso?

FB: Cuando comenzaba mi carrera como pobre estudiante de arte, jamás pensé que mi obra alcanzaría el reconocimiento que tiene hoy en día. Me tocó vivir momentos difíciles de rechazo por parte de la crítica, pero siempre me mantuve fiel a mis principios estéticos, a pesar de tener que nadar muchas veces en contra de las corrientes artísticas que predominaban en aquel entonces. ¡Creo que eso ha sido fundamental! Siempre pensé que lo primero que debe hacer un artista en la vida es acostumbrarse a la injusticia. Hoy en día siento una gran satisfacción al ver cómo mi obra despierta gran entusiasmo en el público, aún cuando he expuesto en países y en culturas muy lejanas a la nuestra como la china. Siempre he creído que el arte debe tener la capacidad de comunicarse directamente con el espectador, sin necesidad de intermediarios ni explicaciones. El gran arte tiene una actitud positiva ante la vida.

MRI: ¿Sigues pintando todos los días?

FB: Todos los días trabajo. Ahora con las limitaciones de la pandemia paso unas cuatro horas al día en mi estudio en vez de siete u ocho. Trabajar me produce un placer infinito… Es mi fuente de equilibrio. Después hago una vida normal como la de todo el mundo. Leo el periódico, voy a restaurantes que me gustan, veo películas de noche antes de dormir…

MRI: ¿Tienes una obra favorita?

FB: No tengo favoritas. Es difícil decirlo. He hecho infinidad de esculturas monumentales, por ejemplo, y le tengo gran cariño a un caballo. Hay obras que lo dejan a uno satisfecho y ese caballo me produce esa satisfacción.

MRI: ¿Y tu amor por los toros?

FB: La tauromaquia ha sido un tema de grandes pintores. Ahí nació mi interés por pintar los toros y admirar esa tradición. Empecé pintando toros en Medellín y es un tema que me ha interesado toda la vida. Y como espectáculo me encanta.

MRI: Una vez me contaste de haber visto unas copias de tu trabajo en una galería de la avenida Madison en Nueva York. ¿Cómo te sientes ante las copias?

FB: Me siento halagado casi siempre porque es una forma de mostrar admiración e interés en mi obra. ¡Claro que si luego firman el cuadro con Botero eso ya me gusta menos! Pero si hacen una copia para vender a los turistas no me molesta…

MRI: ¿Es agradable la fama?

FB: (Se ríe) Sí, es muy agradable porque siempre le dan a uno la mejor mesa en el restaurante y todo se facilita. Y cuando alguien se acerca y me dice «maestro, ¿me da un autógrafo?», me gusta mucho y no puedo negarlo. ¡Y me parece una hipocresía cuando la gente dice lo contrario!

MRI: Recuerdo lo que me has contado sobre tu niñez y que al morir tu papá, tu mamá y hermanos la pasaron mal y con muchos sacrificios. Y ahora, con el reconocimiento de tu trabajo, eres un hombre que lo tiene todo. Y te recuerdo como el hombre más seguro en sí mismo que he conocido. Aún así, ¿te falta algo en la vida?

FB: ¡Ay, Mari, me hacen falta años, muchos años para seguir haciendo lo que más me gusta que es trabajar!

MRI: Nunca te he preguntado si eras religioso o no. Muchos de nosotros nos acercamos más a ese mundo desconocido con el paso de los años.

FB: No soy religioso. Nunca lo he sido como tampoco lo fue nadie de mi familia. Sin embargo, la religión es un tema que me ha fascinado desde siempre porque permite infinidad de posibilidades plásticas, de colorido y de composición. Además, el arte sacro ha sido uno de los grandes temas de la historia del arte.

MRI: ¿Cuál es el lugar de la Tierra que más te gusta? ¿Dónde eres más feliz?

FB: ¡En mi estudio, cuando me encuentro en frente de mi obra!

MRI: ¿Cómo es ahora Fernando Botero?

FB: Soy el mismo de siempre, agradecido con la vida. Muy agradecido.

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