OPINIÓN | Por qué es un problema para las niñas que los profesores de gimnasia informen sobre su menstruación

Nota del editor: Megan Ranney, MD, MPH, es vicedecana de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Brown y profesora de medicina de urgencias en la Facultad de Medicina Warren Alpert de la Universidad. Las opiniones presentadas en esta nota del pertenecen únicamente a su autora.

(CNN) — Como médica, profesional de la salud pública y madre de una adolescente, he seguido con interés, y preocupación, las noticias sobre la decisión de un distrito escolar de Florida de digitalizar los historiales deportivos escolares de los menores.

Lo que debería ser una simple decisión sobre buenas prácticas médicas se ha convertido en un nudo gordiano no solo en cuestión de salud, sino también de política, tecnología y autonomía corporal.

Ser activo es obviamente importante para los menores, en general. Deberíamos hacer todo lo posible para animar a todos los jóvenes a realizar actividades físicas, ya sea a través de deportes organizados o de actividades informales.

Aunque, tradicionalmente, las mujeres eran menos propensas a ser atletas de competición, el número de atletas estadounidenses que se identifican como mujeres y estudian el bachillerato se ha multiplicado por más de 10 en las últimas cinco décadas. Este crecimiento merece ser apoyado.

Para que los menores de todos los sexos puedan participar con seguridad en deportes de competición, un consorcio de organizaciones médicas ha acordado un examen físico estandarizado previo al deporte. Las normas y regulaciones exactas difieren entre los estados, pero el objetivo general de un examen físico previo al deporte es permitir a los médicos (u otros clínicos apropiados) identificar y luego mitigar los daños potenciales de la participación en ciertos deportes juveniles.

El formulario de evaluación utilizado por la Florida High School Athletic Association, y por extensión el Distrito Escolar del Condado de Palm Beach, incluye la detección de todo, desde los antecedentes familiares de trastornos cardíacos hasta las conmociones cerebrales, la depresión y los trastornos alimenticios. Estas preguntas se incluyen por una buena razón. Los atletas de competición de todos los géneros son propensos a la deficiencia de energía, ya sea debido a trastornos en la alimentación o debido al uso excesivo de energía durante las prácticas.

Esta deficiencia energética puede causar daños duraderos, especialmente en los adolescentes.

Cuando la deficiencia energética va acompañada de amenorrea (falta de menstruación), es especialmente preocupante, ya que los efectos secundarios metabólicos y endocrinos pueden debilitar los huesos de los deportistas, aumentar el riesgo de fracturas por estrés y aumentar el riesgo de osteoporosis a largo plazo. Por lo tanto, es médicamente apropiado preguntar a los atletas sobre los signos de algún trastorno de la alimentación, amenorrea y otros signos de peligro físico a la hora de decidir si es seguro para un atleta practicar y competir. Esta es también la razón por la que el formulario de detección incluye también cuatro preguntas “solo para mujeres” sobre la menstruación.

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Sin embargo, hay una gran diferencia entre que un médico u otro profesional sanitario capacitado haga estas preguntas en privado, como parte de una evaluación clínica, y que el médico comparta todos los detalles con terceros.

El hecho de que algunos estados puedan compartir el examen físico y de detección completo, incluida la información sobre los ciclos menstruales de las jóvenes atletas, con los distritos escolares, los funcionarios estatales y las empresas de mantenimiento de registros digitales de terceros es, para mí, profundamente preocupante. Las restricciones del mundo después del caso Dobbs [que dio pie a la reversión de Roe vs. Wade], la realidad del mundo tecnológico actual y los sugerentes ejemplos de otros casos en los que estas intersecciones han dejado a las mujeres y a las niñas en situación de vulnerabilidad podrían poner a los padres y a los médicos en una posición insostenible.

Desde una perspectiva puramente médica, los formularios de exámenes previos a la participación en deportes aprobados por la Academia Estadounidense de Médicos de Familia, la Academia Estadounidense de Pediatría, el Colegio Estadounidense de Medicina Deportiva, la Sociedad Médica Estadounidense de Medicina Deportiva, la Sociedad Ortopédica Estadounidense de Medicina Deportiva y la Academia Osteopática Estadounidense de Medicina Deportiva, especifican que solo la decisión final (por ejemplo, si un paciente está autorizado o no para hacer deporte, y si hay restricciones) debe ser compartida con un distrito escolar. En concreto, comentan que el examen médico y las preguntas de detección deben permanecer en manos del clínico o médico evaluador.

Esta orientación refleja la enorme importancia de proteger la privacidad de la relación médico-paciente. La confidencialidad de las conversaciones clínicas es importante en general, pero aún más en el caso de los adolescentes. Y la atención reproductiva y ginecológica, incluidas las discusiones sobre la menstruación, se consideran apropiadamente más privadas que, por ejemplo, un examen de pulmón, corazón o rodilla.

Pero mi preocupación por la divulgación de datos va más allá de los temores de perjudicar la relación médico-paciente. El actual entorno social, político y tecnológico crea una tormenta perfecta para que este intercambio de información ponga en peligro a los jóvenes de muchas maneras.

En primer lugar, las leyes relacionadas con la salud reproductiva, el género y el aborto se están reescribiendo rápidamente en todo el país. En Texas y Oklahoma, esos estados ofrecen efectivamente una recompensa a quien denuncie un presunto aborto. En otros estados, ser transgénero puede suponer la exclusión de los deportes organizados. Es fácil imaginar un mundo en el que, si se espera que los funcionarios escolares o los entrenadores sigan el ciclo menstrual de una atleta, algunas jóvenes serían denunciadas (con exactitud o inexactitud) por la falta de períodos. En el caso de algunas jóvenes, esta notificación podría dar lugar a exámenes ginecológicos inapropiados e invasivos. Para otros jóvenes, esto podría resultar en que ellos y sus padres sean acusados de un delito. Además, el conocimiento de la menstruación de una menor puede poner a los centros escolares en una posición de responsabilidad legal.

En segundo lugar, la seguridad de un sistema de software de terceros (como el que utilizan los distritos de Florida) suele ser dudosa. Aunque no puedo juzgar el nivel de seguridad del programa de software particular que se está utilizando en Florida, muchos de nosotros hemos discutido previamente nuestras preocupaciones sobre las “aplicaciones de seguimiento del periodo” mal diseñadas y mal protegidas. El acceso criminal a los historiales clínicos electrónicos va en aumento. Incluso las organizaciones sanitarias más grandes y conscientes de la seguridad están en riesgo, y los datos de las organizaciones de salud reproductiva han sido específicamente atacados y compartidos. En cuanto compartimos los datos menstruales con una aplicación digital, también debemos preocuparnos de que puedan acceder a ellos quienes tienen intenciones nefastas.

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Dudo que la mayoría de los sistemas escolares estén preparados para estos riesgos legales y de seguridad.

Por último, como madre de una adolescente (y antigua atleta de instituto) me estremece la idea de que un entrenador, ¡incluso con las mejores intenciones!, siga el ciclo menstrual de una niña en busca de signos de falta de menstruación. Incluso en mi estado (que protege el aborto como asistencia sanitaria, aunque con el consentimiento de los padres), este tipo de seguimiento sería vergonzoso en el mejor de los casos e invasivo en el peor. Y mi preocupación sería mucho mayor si estuviera en un estado que limitara mis derechos reproductivos y los de mis hijos.

Me alegro de que el condado de Palm Beach haya reconsiderado esta peligrosa política y haya pedido que se eliminen las preguntas sobre el historial menstrual del formulario de evaluación de Florida. Espero que la Florida High School Athletic Association escuche y haga lo correcto por el bien de los menores, los padres, los entrenadores y las escuelas.

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