El aumento en el precio de la gasolina amenaza la estabilidad social y la seguridad alimentaria en Latinoamérica

Bogotá, Colombia (CNN) — Los países sudamericanos se preparan para un otoño de descontento, a medida que el aumento de los precios de los combustibles a nivel mundial amenaza con provocar más protestas en los próximos meses.

El aumento de los precios de los combustibles ya ha provocado protestas en Argentina, Ecuador y Panamá. Sus vecinos podrían ser especialmente susceptibles al aumento de los precios en las gasolineras, porque la región carece de medios de transporte alternativos, como el ferrocarril y las vías navegables, más comunes en Europa y Norteamérica, y consume menos combustible.

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“El precio del combustible es un ancla para toda la economía: si el combustible aumenta, tiene un impacto directo en todo tipo de precios”, dice Sergio Guzmán, director de Colombia Risk Analysis, una consultoría de negocios en Bogotá.

Para agravar el problema, algunos sectores de la región necesitan más combustible que nunca, paradójicamente para compensar los efectos del cambio climático.

En Ecuador, donde el platano es el principal producto agrícola de exportación, las bombas de diésel mueven el agua dentro y fuera de las plantaciones, una necesidad que se ha hecho más urgente a medida que las lluvias son cada vez más intensas en el país, dicen los analistas.

Según Raúl Villacres, de Pulso Bananero, una consultora de comercio de plátanos en Guayaquil, la producción de plátanos de Ecuador ha bajado un 7% en comparación con el año pasado, en parte debido al aumento de los costos del diésel y la gasolina.

Manifestantes que protestan por el aumento del combustible y del costo de la vida en Quito, Ecuador, el mes pasado.

Una situación similar está afectando a la industria pesquera en Colombia, donde los residentes disfrutan de algunos de los precios de combustible más baratos del mundo. Sin embargo, cuando el Ministerio de Energía y Minas publicó los nuevos precios regulados a principios de julio, causó una gran conmoción en todo el país.

Dos veces por semana, el pescador Jimmy Murillo sale de la ciudad portuaria de Buenaventura, en la costa del Pacífico colombiano. Pasa una media de dos o tres días en el mar antes de volver con sus capturas, pero últimamente los viajes se han hecho más largos, ya que las poblaciones de peces se han reducido y los pescadores se dirigen más lejos de la costa para encontrar mejores presas.

Irónicamente, una de las razones por las que las capturas pesqueras han disminuido es el cambio climático, y los pescadores como Murillo deben utilizar más combustible para mitigar su impacto. Una de las razones, dijo Murillo a CNN, es que a medida que los patrones de lluvia cambian y más lluvias torrenciales golpean a Colombia, los ríos y arroyos llegan al océano llevando más arena y tierra en sus aguas, y debido a eso la mayoría de los peces migran más lejos de la costa, donde el agua es más clara, y más fresca.

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“En enero, el combustible para nuestras embarcaciones costaba 8.000 pesos (US$ 1,96) por galón, ahora supera los 9.800 pesos (US$ 2,70). Cada semana aumenta un poco más, y el gobierno no ayuda”, dijo Murillo a CNN.

Nicole Muñoz, de Albacora, una operación de pesca sostenible a pequeña escala en Bogotá que mueve alrededor de 400 kilogramos de pescado de la costa colombiana a la capital cada semana, también dice que la gasolina es clave para todo su modelo de negocio.

“Usamos combustible para los barcos de pesca, para trasladar el producto desde la costa hasta los aeropuertos, y luego en los aviones, toda nuestra logística depende de ello”, dijo Muñoz a CNN.

Aunque los precios del pescado no han aumentado tanto como los de otros sectores alimentarios en Colombia, como la carne de res y los productos avícolas, Muñoz cree que los precios empezarán a crecer a medida que se sienta el impacto del encarecimiento del combustible.

En abril, el Banco Mundial revisó su previsión de crecimiento para Latinoamérica y el Caribe hasta el 2,3% este año, reduciendo 0,4 puntos porcentuales debido al impacto de la guerra en Ucrania y al aumento global de los precios mundiales. Al mismo tiempo, el Banco estimó que los países latinoamericanos han perdido el equivalente al 1,7% de su PIB debido a desastres relacionados con el clima en los últimos veinte años, y espera que la agricultura de Latinoamérica esté en la línea de fuego a medida que el planeta se calienta.

A medida que la vida cotidiana se encarece, ¿podría la ira popular observada en Panamá, Ecuador y Argentina extenderse a Colombia y otros países de la región?

En realidad, no es una cuestión de “si”, sino de “cuándo”, dice Guzmán, de Colombia Risk Analysis.

Guzmán sostiene que los gobiernos regionales no podrán gastar lo suficiente para mitigar el aumento del costo de la vida y pacificar a sus poblaciones. “A medida que los bolsillos se aprieten, la gente irá perdiendo la paciencia, no por nada que hagan los gobiernos, sino porque estos países no tienen capacidad para aumentar el gasto social”.

Manifestantes chocan con la policía en Quito, Ecuador, el 23 de junio de 2022, durante una protesta contra los altos precios del combustible y el aumento del costo de vida.

El presidente de Ecuador, Guillermo Lasso, por ejemplo, se ha visto obligado por las protestas a limitar el precio de la gasolina a US$ 2,40 por galón, una decisión que costará al país US$ 3.000 millones más a finales de año, según el ministro de Economía, Simón Cueva.

En Argentina, donde el ministro de Economía del país se vió obligado a dimitir por la extrema inflación, un repartidor de comida de Buenos Aires dijo a CNN que el año había resultado hasta ahora más enconado que los primeros años de la pandemia.

“Todo el mundo se queja”, dijo a CNN Federico Mansilia, padre de dos hijos. “Los que reciben apoyo social porque dicen que no es suficiente, y los que no lo reciben porque quieren apoyo social. Al menos en la pandemia, gobierno y oposición trabajaban juntos, ahora la polarización y el encono vuelven a crecer”.

La única esperanza de un momento de unidad nacional, dice Mansilia, es que Argentina gane el Mundial de Fútbol en Qatar a finales de año.

“Eso sí que unirá al país. Si ganamos, todo el mundo será feliz, no habrá inflación ni precio de la gasolina que nos moleste. Pero ahora mismo, las cosas están bastante mal”.

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