OPINIÓN | La muerte de Roe es desconcertante, alarmante y peligrosa

Nota del editor: Mary Ziegler es autora de “Abortion and the Law in America: Roe v. Wade to the Present” y “Dollars for Life: The Anti-Abortion Movement and the Fall of the Republican Establishment”. Las opiniones expresadas en este comentario le pertenecen únicamente a su autora. Lee más opiniones en cnne.com/opinion.

(CNN) — Aunque hay mucha gente que lleva tiempo alertando sobre la anulación de Roe vs. Wade por parte de la Corte Suprema y el retroceso del derecho al aborto, eso no hace que este momento sea menos desconcertante.

En los últimos años, numerosos países, entre ellos México y Corea del Sur, han liberalizado las leyes y normas sobre el aborto. Solo un puñado de naciones ha ido en la otra dirección.

Con la decisión de este viernes, Estados Unidos se ha unido a esa lista. La Corte Suprema sostuvo que no existe ninguna disposición constitucional que proteja el derecho al aborto y que el caso Roe vs. Wade fue un error garrafal el día en que se decidió.

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El tribunal no solo rechazó el razonamiento detrás de la decisión de 1973, sino que trató de cerrar la puerta a cualquier argumento constitucional futuro para el derecho al aborto. Se espera que aproximadamente la mitad de los estados penalicen prácticamente todos los abortos en las próximas semanas y meses. ¿Qué significa todo esto?

Las consecuencias de esta decisión serán más difíciles de procesar, en parte porque nunca antes nos habíamos encontrado en esta situación. Es cierto que muchos estados habían penalizado el aborto antes de que existiera Roe, pero el mundo ha cambiado mucho desde 1973. Lo que parece claro ahora es que la guerra de décadas contra el aborto continuará, y puede contribuir más ampliamente a un declive democrático en Estados Unidos.

Durante casi un siglo, antes de Roe, el aborto en EE.UU. era ampliamente inaccesible, ya que la gran mayoría de los estados lo consideraban un delito, a menos que la vida de la persona embarazada estuviera en peligro. A principios de la década de 1970, solo Alaska, Hawái, Nueva York y Washington permitían el aborto, y tres de esos cuatro estados aplicaban un requisito de residencia para quienes deseaban someterse al procedimiento médico.

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Tras la decisión de este viernes, el mosaico de leyes estatales sobre el aborto será aún más complicado. Si bien es cierto que hoy en día hay más estados que apoyan el derecho al aborto, unos 26 estados tienen leyes que indican que pretenden prohibirlo, según el Instituto Guttmacher. Otros, como Florida, restringirán el aborto y permitirán algunas excepciones.

El aborto también es ahora mucho más difícil de detener que antes de Roe: los estudios han descubierto que la práctica del aborto por consulta virtual es seguro en las circunstancias adecuadas, y organizaciones como Aid Access envían rutinariamente píldoras abortivas por todo el mundo, incluso a países y estados donde el procedimiento está prohibido.

Pero el mundo también ha cambiado de forma que hace que este sea un momento oscuro. Estados Unidos está mucho más polarizado políticamente ahora que cuando se decidió Roe. El partidismo negativo, la intensidad con la que la gente rechaza a quienes no están de acuerdo con ellos políticamente, ha crecido desde la década de 1980. En este clima político, los legisladores conservadores son más propensos a adoptar posturas extremas sobre el aborto y, en algunos casos, tratan de castigar a los proveedores de abortos y a las personas embarazadas sin hacer nada para ayudar a los nuevos padres o a los niños.

En las décadas de 1960 y 1970, el movimiento antiabortista era más fuerte en las comunidades católicas del noreste. Dado que muchos de estos estados tenían un sólido arraigo demócrata, los candidatos con fuertes convicciones antiabortistas se vieron a veces obligados a moderar sus posiciones públicas para ganar las elecciones generales.

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Después de todo, aunque los estadounidenses han apoyado durante mucho tiempo las restricciones al aborto, especialmente en las fases posteriores del embarazo, han tendido a oponerse a la penalización del procedimiento o a la eliminación del derecho al aborto en su totalidad. Eso significa que los candidatos y legisladores republicanos solían defender ciertas excepciones a las prohibiciones del aborto, como las que se dan en caso de violación o incesto.

Pero hoy en día, el movimiento antiabortista es más fuerte en el sur, donde los demócratas y los independientes a menudo no tienen ninguna posibilidad real de ganar el control de las legislaturas estatales. Teniendo en cuenta este panorama, y el hecho de que el Partido Republicano pasó años aprovechando el fervor de los votantes que apoyan a los legisladores republicanos en base a su oposición al aborto, algunos políticos no tienen ninguna razón para evitar políticas coercitivas o incluso extremas más allá de sus propias convicciones sobre el aborto.

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Todo esto crea una oportunidad para que políticas que antes parecían impensables sean consideradas seriamente en algunos estados conservadores. Los autoproclamados abolicionistas del aborto, algunos de los cuales han estado vinculados a los bloqueos de clínicas y a casos de ir contra la ley en materia de aborto por décadas, parecían antes actores marginales, con sus llamamientos a tratar el aborto como un asesinato. Pero hoy ya no es así.

Figuras prominentes del movimiento están adoptando ahora el mismo enfoque de línea dura, y algunos legisladores estatales han impulsado proyectos de ley que perseguirían a quienes buscan el aborto, mientras que conocidos candidatos del Partido Republicano han hecho campaña, en ocasiones, contra las excepciones para salvaguardar la vida de las personas embarazadas.

No hay razón para pensar que esta cuestión vaya a desaparecer. Los grandes grupos antiabortistas llevan muchos años insistiendo en que no se debe castigar a ninguna mujer por buscar un aborto, y algunas leyes estatales, como la que está en vigor en Texas, se dirigen a cualquiera que practique un aborto o que “ayude” al procedimiento, en lugar de a la persona que lo ha buscado. Pero la difusión del aborto realizado por la paciente de manera independiente complicará considerablemente esta cuestión en los estados conservadores.

Con la mayor disponibilidad de píldoras abortivas, sin duda habrá casos en los que las personas se autogestionen el aborto, con la única ayuda de médicos de otros países. Y si los estados que pretenden tomar medidas coercitivas no pueden extraditar a médicos de otros países o estados que consideran el aborto como un derecho humano, podrían recurrir a castigar a quienes abortan. No es difícil imaginar graves consecuencias legales para las embarazadas; incluso con Roe en vigor, se ha procesado a personas por sus abortos y abortos espontáneos.

También cabe señalar que la capacidad del gobierno para espiar a sus ciudadanos es mucho más sofisticada que en 1973. Dejamos datos cuando utilizamos aplicaciones, usamos Google y otros navegadores y compramos cosas en línea. Existe un mercado en gran medida no regulado en el que se compran y venden estos datos. Armados con estos datos, los estados tienen nuevas y poderosas herramientas para invadir la privacidad de cualquier persona en edad reproductiva, no solo de las que buscan abortar.

Si el mundo del aborto ha cambiado desde 1973, nuestra democracia también lo ha hecho. Y la voluntad de la Corte Suprema de anular Roe tiene implicaciones de gran alcance.

Desde los años 70, la fe en las instituciones democráticas ha caído en picada. Muchos republicanos creen en la mentira de que las elecciones de 2020 fueron robadas; el apoyo a las protestas políticas violentas ha aumentado entre los estadounidenses.

La Corte Suprema, que antes parecía reacia a emitir decisiones que socavaran demasiado la opinión popular, ahora parece dispuesto a dar cabida a la controversia y declarar su indiferencia por lo que piensan los estadounidenses. No es sorprendente que, según la última encuesta de Gallup, solo el 25% de los estadounidenses confíe en la Corte Suprema.

La guerra contra el aborto ha contribuido a este declive democrático. Al tratar de revertir Roe, los líderes del movimiento antiabortista lucharon por cambiar las reglas de financiación de las campañas y por reajustar el equilibrio de poder en el Partido Republicano. Los defensores antiaborto trabajaron para centrar a los votantes republicanos de a pie en el control de la Corte Suprema y ayudaron a ajustar la forma en que se eligen los jueces, apoyando a aquellos que eran más polarizantes y, por tanto, más propensos a votar para deshacer el derecho al aborto.

El resultado es un tribunal que no solo es más conservador, sino que está mucho más dispuesto a romper los precedentes establecidos: un tribunal contramayoritario sin nada que le haga un contrapeso.

Si hubo una reacción de la derecha después de Roe, ¿los progresistas montarán ahora una respuesta poderosa propia? Es ciertamente posible, pero Roe por sí solo no desencadenó la reacción política que hemos visto contra el aborto. Estamos en este momento no solo por la debilidad de la propia decisión de Roe, sino también por las decisiones estratégicas de los movimientos sociales, los políticos y los estadounidenses de a pie.

La Corte Suprema decidió el destino de Roe vs. Wade, al menos por ahora. Lo que ocurra después, eso depende del resto de nosotros.

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