Los pacientes en este centro de rehabilitación no son humanos, son pingüinos

(CNN) — Descarados, resistentes y mezquinos: así es como describen con cariño a los pingüinos de ojos amarillos las personas que se pasan el día trabajando con ellos.

“(No) son tan lindos y mimosos como parecen”, dice Jason van Zanten, gerente de conservación de Penguin Place en la península de Otago, Nueva Zelandia. “Pueden darte una bofetada muy fuerte”.

Llamado localmente hoiho, que significa “gritón” en maorí, el pingüino de ojos amarillos es la mayor de las especies de pingüinos que viven y se reproducen en el territorio continental de Nueva Zelandia.

Pero su población ha disminuido drásticamente en los últimos 30 años debido a las crecientes amenazas de los depredadores, el cambio climático y las enfermedades. “En los últimos 10 años, más o menos, hemos perdido unas tres cuartas partes de la población”, dice van Zanten.

Con unos 3.000 ejemplares maduros en libertad, es una de las especies de pingüinos más amenazadas del mundo.

Ahora, los conservacionistas se están movilizando para salvar la especie. Penguin Place, donde trabaja Van Zanten, ofrece un lugar para que los hoiho descansen y se recuperen, mientras que en las cercanías, The Wildlife Hospital, de Dunedin, trata a los que tienen lesiones y enfermedades graves.

Estos refugios para pingüinos corren a contrarreloj para salvar la población, que disminuye rápidamente, y dar a los “gritones” una oportunidad de sobrevivir.

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Pingüinos en rehabilitación

Aunque Penguin Place es un refugio para todas las aves enfermas y hambrientas, incluidas otras especies de pingüinos, los hoiho constituyen la mayoría de los pacientes que pasan por allí, dice van Zanten.

El centro se fundó en 1985, cuando el granjero local Howard McGrouther cercó unas 60 hectáreas de su terreno para crear una reserva para las ocho parejas reproductoras de pingüinos de ojos amarillos que anidaban en su propiedad.

McGrouther “sentó las bases del centro de rehabilitación” y empezó a replantar árboles autóctonos que habían sido talados para la agricultura, dice van Zanten, que empezó a trabajar en el centro como obrero, cortando hierba y haciendo tareas de mantenimiento, y ahora supervisa las operaciones. El centro se financiaba íntegramente con el turismo hasta la pandemia de covid-19, cuando tuvo que cerrar al público y recibió financiación del gobierno a través del departamento de conservación, dice Van Zanten.

La inanición es un gran problema para los hoiho, ya que alrededor del 80% de los pingüinos llegan al centro con bajo peso, dice van Zanten. La pesca comercial, que ha provocado que algunos pingüinos sean capturados accidentalmente, ha reducido la disponibilidad de los pequeños peces y calamares de los que se alimentan los pingüinos, y las fluctuaciones de la temperatura del mar debidas al cambio climático han alterado la distribución de sus presas.

En Penguin Place, los hoiho son alimentados dos veces al día para ayudar a engordarlos antes de su liberación, dice Jason van Zanten, director de conservación de Penguin Place (en la foto).
Crédito: CNN

Los problemas medioambientales, como la proliferación de algas tóxicas y la contaminación del agua, han aumentado la presión sobre el hábitat de los hoiho, y el aumento de las temperaturas en tierra firme está amenazando aún más a esta especie “gorda y con mucho plumaje”.

“Les gusta estar un poco más frescas y, con el aumento de las temperaturas, se estresan mucho más y se sobrecalientan”, dice van Zanten.

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Una enfermedad misteriosa

Además de la inanición, muchos hoiho llegan al Penguin Place con enfermedades y lesiones, y ahí es donde interviene el Wildlife Hospital de Dunedin, especializado en especies autóctonas.

En tierra, los hoiho son cazados por mamíferos como perros, armiños y zorros, lo que puede dejarlos a ellos o a sus polluelos gravemente heridos, mientras que en el agua, los tiburones y la barracuda, un pez depredador con dientes afilados, a menudo les producen “lesiones horribles”, dice Lisa Argilla, veterinaria superior de vida silvestre y directora de The Wildlife Hospital, Dunedin.

Los hoiho suelen permanecer en Penguin Place durante unas dos semanas, para descansar, recuperarse y engordar antes de volver a la naturaleza.Crédito: Ben Foley / CNN

Los hoiho también padecen diversas enfermedades, como malaria aviar y dermatitis, que el hospital puede tratar con antibióticos. Además, la difteria aviar ha hecho estragos en la población de hoiho en los últimos 20 años: provoca lesiones, similares a úlceras, en la boca del ave y les dificulta la alimentación, lo que en última instancia conduce a la inanición.

Y ahora hay otra enfermedad nueva y desconocida que afecta a los polluelos de hoiho. Denominada provisionalmente “pulmón rojo”, la enfermedad provoca problemas respiratorios, según Kate McInnes, veterinaria de especies amenazadas del departamento de conservación de Nueva Zelandia.

Los casos empezaron a aparecer hace cinco años, pero “ha habido un aumento significativo en los dos últimos”, dice McInnes. Añade que la enfermedad no parece ser infecciosa, pero los investigadores siguen tratando de determinar la causa.

Si los polluelos llegan al hospital ya enfermos con la misteriosa enfermedad, Argilla dice que no se pueden salvar. Pero Argilla y su equipo han encontrado una solución: criar a los polluelos a mano en el hospital.

En el Hospital de Fauna Silvestre de Dunedin, un equipo de veterinarios especializados en fauna silvestre, entre los que se encuentra la directora del hospital, Lisa Argilla (en la foto), trata a las aves heridas y enfermas. Crédito: CNN

“Si los recibimos a cierta edad, cuando son muy jóvenes, podemos evitar que contraigan esta enfermedad”, dice. Los polluelos se sacan del nido poco después de nacer y se reúnen con sus padres en la naturaleza al cabo de 10 a 14 días.

En el caso de las aves enfermas o lesionadas, The Wildlife Hospital las envía a Penguin Place después del tratamiento, donde se recuperan antes de ser liberadas de nuevo en la naturaleza, dice Argilla. “Es emocionante para nosotros saber que lo que hacemos está marcando la diferencia”.

¿Una oportunidad para recuperarse?

De vuelta a Penguin Place, los hoiho se mantienen en pequeños recintos con rocas, bloques de madera y refugios. Se les somete a un programa intensivo de alimentación para que engorden antes de su liberación, y se les alimenta con pescado dos veces al día.

La mayoría de las aves permanecen en el centro unas dos semanas antes de ser liberadas en la reserva, donde pueden aparearse y anidar, dice van Zanten, y añade: “cuanto más estén en la naturaleza, mejor para ellas”.

Al ser la única especie solitaria de pingüinos del mundo, los hoiho son antisociales y no les gusta anidar a la vista de sus vecinos, a veces incluso abandonan sus huevos si ven a otro pingüino, dice van Zanten. Para que se sientan más seguros, Penguin Place ha repartido pequeñas casas de madera con forma de A por toda la reserva, escondidas bajo la sombra de los árboles y arbustos cercanos a la playa.

Aunque siempre hay un riesgo cuando se sacan animales de la naturaleza, McInnes dice que es necesario un enfoque práctico de la conservación: “Si no intervenimos, un gran número de esos polluelos morirá”. McInnes prevé un aumento de las parejas reproductoras que volverán a la playa en los próximos uno o dos años, como resultado de las intervenciones.

Y van Zanten es optimista respecto a la posibilidad de que la especie se recupere. Penguin Place presume de una tasa de éxito extremadamente alta: más del 95% de las 200 a 300 aves que llegan al centro cada año son liberadas de nuevo en la naturaleza, afirma. El año pasado, el centro logró un récord personal, con un 99% de aves liberadas, lo que da esperanzas a esta ave en peligro crítico.

“El trabajo que hacemos es absolutamente crítico para estos (pingüinos) y su supervivencia aquí en el continente”, dice van Zanten.

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