La policía religiosa de los talibanes tiene instrucciones de ser más moderada, pero los afganos vulnerables dicen que se sigue aplicando una justicia brutal

Ghazni, Afganistán (CNN) — Los cuerpos manchados de sangre de los cuatro acusados de secuestro fueron colgados de grúas de construcción con pesadas cadenas, uno de ellos con un cartel de advertencia colgado del cuello: “Los secuestradores serán castigados así”.

En los espacios públicos de la ciudad occidental afgana de Herat, la multitud entornaba los ojos al sol, mirando las figuras sin vida. Los adultos grababan y fotografiaban con sus teléfonos móviles, mientras que los niños pequeños se subían al borde de la fuente, justo debajo de uno de los cuerpos, para tener una mejor visión.

“La gente está muy contenta con esta decisión”, dijo a CNN uno de los transeúntes, Mohammed Mansour. “Porque la gente cree que haciendo esto se puede eliminar el secuestro de esta provincia”.

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Bajo el gobierno anterior, la corrupción era rampante y los índices de delincuencia eran elevados. Desde que derrocaron a la administración respaldada por Estados Unidos y tomaron el poder en agosto, los talibanes se han ganado la aprobación de muchos por impartir una justicia rápida, aunque brutal, según la estricta interpretación que hace el grupo de la Sharía.

En otro incidente, justo después de que el grupo tomara el control de la ciudad, dos presuntos delincuentes desfilaron ante una multitud que los abucheaba, con la cara pintada, un castigo que los talibanes prefieren para los ladrones de poca monta.

Poco más de un mes después de que la mayor parte de la comunidad internacional saliera de Afganistán en vuelos de evacuación, la escabrosa brutalidad en Herat recuerda al anterior reinado de los talibanes a finales de la década de 1990, cuando las sombrías medidas de disuasión pública eran habituales.

Pero los talibanes también son lo suficientemente astutos como para saber cómo ve el resto del mundo estas exhibiciones medievales.

Nueva guía para la policía

En Ghazni, una ciudad estratégica en la autopista de Kabul a Kandahar, la tan temida policía religiosa ha vuelto a las calles, pero en lugar de imponer castigos, está llevando a cabo una estrategia de publicidad positiva, con la intención de estrechar manos y presentarse.

En un patrullaje reciente por el mercado, los policías reunieron a los comerciantes para animarles a seguir la Sharía.

“Traten a sus mujeres según la ley islámica”, dijo un comandante a una multitud de comerciantes, “y asegúrense de que se cubran”.

Un combatiente talibán espera fuera de una tienda de electrónica en Ghazni.

Cerca de allí, un hombre fuma casualmente un cigarrillo, un delito castigable bajo el régimen anterior, pero ese día, el acto fue ignorado por la policía.

Los talibanes convirtieron el edificio de paredes rosas del Ministerio de la Mujer de Ghazni en la nueva sede del Ministerio de Propagación de la Virtud y Prevención del Vicio.

Cuando llegó un equipo de CNN, los hombres todavía se estaban instalando, llevando una bandera talibán a la oficina central donde ahora se encuentra el director Mawlavi Abdullah Mohammad. Él dijo que su función es animar a la población afgana a adoptar el régimen islámico y que hay normas estrictas sobre cómo pueden hacerlo.

Mawlavi Abdullah Mohammad.

“Nosotros [actuamos] de acuerdo con la Sharía”, dijo Mohammad. “En primer lugar, informamos a la gente sobre las buenas acciones. Les predicamos y les transmitimos el mensaje de forma amable; la segunda vez se lo repetimos, de nuevo; la tercera vez les hablamos con cierta dureza”.

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Lleva un folleto azul, recién publicado por los talibanes, que proporciona directrices a la policía religiosa sobre cómo hacer su trabajo.

“Respetamos las leyes y las normas. Damos consejos, pero agarrar a alguien de la mano, pegarle, enviarle un aviso o una carta de advertencia, va en contra de la política del Emirato. Si alguien ha hecho esto, es un acto de agresión”, dijo Mohammad.

El concurrido mercado principal de Ghazni.

Cuando se le preguntó por un reciente edicto en la provincia de Helmand según el cual las barberías podrían ser sancionadas por afeitar las barbas de los hombres, presentó un documento de la dirección talibán en el que se condenaba el decreto.

Talibanes prohíben afeitar barbas en provincia afgana 1:00

Pero lejos de la vista del público, no todos los talibanes siguen las nuevas directrices y los abusos son habituales.

En un lugar seguro de Kabul, Wahid muestra los moretones que tiene en la espalda, aún visibles días después de haber sido atacado. Su nombre fue modificado para su protección. Él cuenta que un grupo de combatientes talibanes lo detuvo en una concurrida rotonda por llevar ropa de estilo occidental.

“Tenía fotos en mi teléfono relacionadas con hombres gay”, dijo Wahid. Los combatientes registraron su teléfono, encontraron las fotos y descubrieron que era gay.

Wahid dijo que empezaron a golpearlo, primero con un látigo y luego con un palo.

“Me taparon la boca y también me dijeron que no hiciera ruido y que si lo hacía me golpearían aún más, así que tuve que soportar el dolor y no gritar”, dijo.

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La vida para los homosexuales siempre fue difícil y peligrosa en Kabul, dijo Wahid, y las palizas de la policía afgana bajo el gobierno anterior también eran habituales. Pero dijo que ahora tiene demasiado miedo de salir de casa y le preocupa terminar muerto.

“Ahora tengo miedo de vestirme como antes, porque me dijeron que si me ven de nuevo con ese tipo de ropa o si tengo un teléfono móvil con fotos, me matarán”, dijo.

Pero la justicia parece ser solo de un modo, y a pesar de la nueva imagen cuidadosamente cultivada por los talibanes, Wahid cree que el movimiento, nacido en el conflicto, sigue siendo brutal en su esencia.

“Cuando me golpeaban, no paraban de decir que era gay y que había que matarme”, dijo Wahid. “Tenían unas caras que daban mucho miedo. Disfrutaban golpeándome”.

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