“Un curita para tapar un agujero enorme”: expertos advierten que las dosis de refuerzo para los países ricos no acabarán con la pandemia de covid-19

(CNN) — La guerra contra el covid-19 está cambiando, poniendo de manifiesto la creciente división entre los países que tienen las herramientas para luchar contra el virus y los que no las tienen.

A medida que aumenta la preocupación por la variante delta, altamente contagiosa, los países ricos refuerzan sus arsenales de vacunas, mientras que en otras partes del mundo mueren personas desesperadas por falta de dosis.

Al borde de una nueva y temida ola de infecciones por coronavirus, Estados Unidos y Europa despliegan una serie de incentivos monetarios y mandatos para convencer a los que se resisten a vacunarse, y aumentan el impulso para repartir dosis de refuerzo a los grupos vulnerables.

Los funcionarios de EE.UU. y la Unión Europea tienen la vista en el Reino Unido, donde se criticó al gobierno el mes pasado por eliminar casi todas las restricciones por el coronavirus en Inglaterra.

Los críticos describieron la medida como un “experimento peligroso y poco ético”, justo cuando el país se encontraba en medio de un aterrador pico de infecciones impulsado por la variante delta.

Ahora parece que los casos disminuyen, lo que plantea la cuestión de si la población británica, altamente vacunada, puede estar en la cúspide de algún tipo de inmunidad de rebaño, pero los epidemiólogos dicen que es demasiado pronto para decirlo.

“Probablemente haya que hacer vacunaciones anuales para el Covid”

Cientos de millones, aún en espera por la primera dosis de la vacuna contra covid-19

Mientras tanto, en todo el mundo, cientos de millones de personas siguen esperando recibir su primera dosis de la vacuna contra el nuevo coronavirus y la perspectiva de una inmunidad generalizada parece una utopía.

En África y el sudeste asiático, donde las tasas de vacunación son bajas, se producen algunos de los peores brotes de coronavirus de la pandemia. Las autoridades se enfrentan a un problema apremiante y aparentemente insuperable: cómo reducir las muertes sin dosis y entre poblaciones que ya no pueden permitirse quedarse en casa.

Las agencias internacionales, las organizaciones de ayuda humanitaria, los especialistas en enfermedades infecciosas y los expertos en ética han advertido a los países de que no busquen vacunas de refuerzo hasta que se disponga de más datos sobre si son necesarias o no, y han pedido a los gobiernos con excedentes que donen dosis a las naciones más pobres que luchan contra los problemas de suministro y el aumento de los brotes.

Pero la variante delta cambió ese cálculo para los funcionarios de EE.UU. y de la Unión Europea, que intentan evitar otra ola invernal del virus y evitar la abrumadora tarea de volver a imponer confinamientos.

Personas esperan en un centro de vacunación temporal de covid-19 en Londres, Inglaterra. El Reino Unido, Estados Unidos y los países de la Unión Europea han dicho que pronto podrían empezar a poner en marcha dosis de refuerzo.

La disparidad entre países ricos y de bajos ingresos

El miércoles, el director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, pidió una suspensión de las dosis de refuerzos de la vacuna hasta al menos finales de septiembre, con el objetivo de conseguir que el 10% de la población de cada país esté vacunada para entonces.

“Entiendo la preocupación de todos los gobiernos por proteger a su población de la variante delta. Pero no podemos aceptar que los países que ya utilizaron la mayor parte del suministro mundial de vacunas usen aún más, mientras las personas más vulnerables del mundo siguen desprotegidas”, dijo Tedros.

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Los países de altos ingresos han administrado casi 100 dosis por cada 100 personas, según la OMS, mientras que los países de bajos ingresos solo han podido administrar 1,5 vacunas por cada 100 personas debido a la falta de suministros.

“Necesitamos un cambio urgente: de que la mayoría de las vacunas vayan a los países de altos ingresos, a que la mayoría vayan a los países de bajos ingresos”, señaló Tedros, y pidió a los líderes del Grupo de los 20, que incluye a EE.UU. y la Unión Europea, que hagan más para mejorar el acceso a nivel mundial.

“Una curita para tapar un agujero enorme”

Alemania y Francia hicieron caso omiso del llamado y dijeron que seguirían adelante con sus planes de administrar dosis de refuerzo a las personas vulnerables y, al mismo tiempo, cumplir con sus promesas filantrópicas, pero no está claro si ellos, o cualquier otro país, tienen la capacidad o la voluntad de cumplir con ambas cosas.

Andrea Taylor, directora adjunta de programas en el Centro de Innovación en Salud Global de la Universidad de Duke, dijo a CNN que dar prioridad a las dosis de refuerzo por encima de poner fin a la transmisión mundial pondría a todos, incluidos los habitantes de los países de altos ingresos, en una posición más peligrosa.

“Si países como Alemania, Estados Unidos, el Reino Unido deciden poner en marcha las vacunas de refuerzo antes de que nos hayamos asegurado de que todas las comunidades del mundo tengan acceso a las dos primeras dosis de la vacuna, no estamos resolviendo realmente el problema… Es un poco como poner una curita sobre un agujero enorme”, dijo Taylor, que dirige en Duke una investigación sobre la distribución mundial de vacunas.

Hay peligro de variantes más peligrosas si no se atiende el problema de forma adecuada

“Al igual que vimos en el sur de Asia, cuando hubo una transmisión sin control y la variante delta realmente despegó, no hay nada que impida que eso ocurra ahora mismo en el continente africano. Así que es muy probable que acabemos en una situación en la que tengamos variantes aún más peligrosas, más transmisibles y más infecciosas que salgan de la propagación que estamos viendo actualmente en África”.

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De las cuatro principales regiones que producen vacunas a gran escala (Estados Unidos, la Unión Europea, India y China), la Unión Europea es la que menos ha exportado, incluso después de que India cortara las exportaciones tras su mortífera ola de la variante delta, según Taylor.

Mujeres esperan para recibir la vacuna Covishield en un centro de salud de Siliguri, en Bengala Occidental. India bloqueó las exportaciones de vacunas en marzo para luchar contra una devastadora segunda ola de infecciones.

Europa se queda corta

Aunque la UE hizo grandes promesas, ha sido difícil hacer un seguimiento de las donaciones. Incluso el vicepresidente de la Comisión Europea declaró que el bloque se queda muy corto en cuanto a los 200 millones de dosis que prometió entregar para finales de año.

“Sí, pero ¿cuándo?”, dijo Josep Borrell a los estudiantes de una clase universitaria en España, al hablar del compromiso de la UE en materia de vacunas, según Politico Europe. “El problema no es solo el compromiso, sino la eficacia”.

Un portavoz de la Comisión declaró a CNN que, hasta el 2 de agosto, la UE había donado 7,1 millones de dosis a los países asociados, incluidos 1,59 millones a través de COVAX, el programa de distribución de vacunas que dirige la OMS.

“Confiamos en que los Estados miembros harán todo lo posible para alcanzar la promesa de 200 millones de dosis”, añadió el portavoz, trasladando la responsabilidad de cumplir esa promesa a cada uno de los 27 países de la Unión Europea.

¿Y qué hay del Reino Unido y Estados Unidos?

La semana pasada, el ministro de Asuntos Exteriores del Reino Unido, Dominic Raab, anunció que el país comenzaría a suministrar 9 millones de vacunas en todo el mundo, las primeras de las 100 millones que el primer ministro Boris Johnson prometió repartir en la cumbre del G7 que se celebró el mes pasado en Cornualles (Inglaterra).

Aunque Estados Unidos aún no anuncia un programa de dosis de refuerzo, la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Jen Psaki, pareció rechazar el llamado de la OMS, al decir a periodistas el miércoles: “Definitivamente creemos que es una opción errónea y que podemos hacer ambas cosas”.

El gobierno del presidente Joe Biden celebró la semana pasada el envío de más de 110 millones de dosis de vacunas contra el coronavirus al extranjero (la mayor parte de las cuales se repartieron a través de COVAX), más que cualquier otro país.

Apenas una gota de agua

Aun así, es una gota de agua comparada con los 11.000 millones de dosis que, según la OMS, se necesitan para acabar con la pandemia. Hasta ahora, COVAX ha enviado 188,1 millones de dosis a 138 países, de acuerdo con los datos de la agencia infantil de la ONU, Unicef.

La OMS y otros organismos de salud pública sostienen que nadie está a salvo hasta que todo el mundo lo esté, ya que, cuanto más tiempo circule el coronavirus sin control, mayor será la posibilidad de que surjan nuevas variantes (potencialmente una resistente a las vacunas) y se prolongue la amenaza para el mundo.

A pesar de ello, Occidente ha seguido centrando su atención en la “carrera de las vacunas” y enmarcando el final de la pandemia como una cuestión doméstica más que internacional.

Una mujer recibe la vacuna Sinovac en Banda Aceh, Indonesia. Con menos del 8% de su población totalmente vacunada, Indonesia superó a la India como nuevo epicentro del covid-19 en Asia.

África: una oferta que supera la demanda

EE.UU. y la UE celebraron la semana pasada que el 70% de los adultos recibieran al menos una dosis. En un claro contraste, menos del 4% de los habitantes de África tiene al menos una dosis: unas 50 millones de personas de una población de más de 1.300 millones.

“Es completamente absurdo que a estas alturas de la pandemia sea noticia que un avión con dosis de vacunas aterrice en África. Creo que solo eso ya indica las disparidades a las que nos enfrentamos”, dijo Taylor, la investigadora de Duke.

El suministro de donaciones a África empieza a aumentar después de que las entregas se ralentizaran hasta casi detenerse.

Los funcionarios de la Unión Africana dijeron el jueves que habían empezado a recibir los primeros envíos de la vacuna de una sola dosis de Johnson & Johnson, pero la demanda seguía superando ampliamente la oferta. En el último mes, a medida que las muertes en todo el continente se disparaban en un 80%, los líderes africanos, que antes contenían las críticas públicas, comenzaron a hablar.

Los líderes africanos alzan la voz

En julio, mientras ciudades de toda Europa acogían partidos del Eurocopa ante miles de aficionados, John Nkengasong, director de los CDC de África, arremetió contra la UE y otros países por el nacionalismo de las vacunas.

“Europa ha vacunado a una gran parte de su población, y en Estados Unidos la vida está volviendo a la normalidad. Ahora se está celebrando el campeonato europeo de fútbol… Se puede ver que los estadios están llenos de jóvenes que gritan y se abrazan… En África no podemos hacer eso”, dijo en una entrevista con The Associated Press.

La semana pasada, el presidente de Kenia, Uhuru Kenyatta, se sumó a los crecientes llamados para que se renuncie a los derechos de propiedad intelectual sobre la tecnología de las vacunas (en el marco de las negociaciones en curso en la Organización Mundial del Comercio) y dijo que, aunque su país tiene dinero para comprar vacunas, no podía acceder a ellas porque los países más ricos habían reservado muchas.

“¿De dónde sacamos estas vacunas, cómo podemos proteger a nuestra población? Esta es la lucha que hay”, dijo a Sky News.

Las dosis de refuerzo no resolverán el problema

No es de extrañar que, dado que “la guerra ha cambiado” frente a la variante delta (según un documento interno de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE.UU. que se filtró la semana pasada), los países más ricos se vuelvan más hacia dentro para proteger a sus propias poblaciones, según expertos.

Sin embargo, si se centran en las medidas de protección para vacunar a un mayor número de personas, Estados Unidos y la UE no impedirán que el virus siga propagándose en otros lugares, advierten.

Nuevas medidas

En el último mes, las autoridades de EE.UU. intentaron animar a los estadounidenses reticentes mediante una serie de incentivos, desde armas hasta viajes gratis en Uber y dinero en efectivo. Pero, tras tener poca suerte, empezaron a desplegar medidas más coercitivas para conseguir inyecciones en los brazos.

Biden exigió recientemente a todos los empleados y contratistas federales que se vacunen contra el covid-19, o que se sometan a pruebas periódicas y a medidas de mitigación. El anuncio se produjo después de que el Departamento de Asuntos de los Veteranos de EE.UU. se convirtiera en la primera agencia federal, California en el primer estado y Nueva York en la primera gran ciudad en anunciar requisitos de vacunación para sus trabajadores.

Durante el mismo periodo, un grupo de gobiernos europeos, entre los que se encuentran Francia, Alemania y Grecia, empezó a establecer sus propios requisitos, y con cierto éxito: el anuncio de un pase de vacunación francés que permite la entrada a museos, teatros, cafés y otros lugares hizo que las solicitudes de vacunación alcanzaran niveles récord, lo que hace esperar que sea posible un cambio de actitud.

La gente se apunta a las vacunas en una clínica móvil de Brooklyn. La ciudad de Nueva York pronto exigirá una prueba de vacunación para los restaurantes y gimnasios en interiores, en un esfuerzo por frenar una tercera ola de infecciones.

Incentivos para recibir la vacuna, algo que roza lo “obsceno”

A pesar de ello, la cobertura de la vacunación y los niveles de indecisión siguen variando mucho entre los países europeos, al igual que entre los estados de Estados Unidos.

Para Maureen Kelley, miembro del comité de ética de la OMS para la investigación de covid-19, la idea de que EE.UU. tenga que ofrecer incentivos para convencer a la gente de que se vacune roza lo obsceno, cuando la gente está tan desesperada por conseguir dosis en otros lugares.

“Pensar que la lucha en EE.UU. es contra la indecisión en la vacunación… tiene algo realmente perverso cuando hay trabajadores sanitarios que no pueden acceder a una primera vacuna y están atendiendo a pacientes de covid-19” en países más pobres, indicó Kelley.

Kelley señaló que si las naciones más ricas, con una cobertura de vacunas adecuada, no se dejan influir para compartir más dosis por los argumentos éticos de justicia y equidad, es de esperar que puedan ser persuadidas por la amenaza de futuras variantes que se avecinan más allá de sus fronteras.

“Es una ignorancia deliberada pensar que no van a volver a atormentar a los países más ricos”, afirmó.

James Frater, de CNN, contribuyó a este informe.

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