Necesitó 72 operaciones tras un accidente, pero este atleta paralímpico dice que “cuerpo y mente son más fuertes de lo que se imaginan”

(CNN) — Diederick Schelfhout volvía a casa en su moto tras un entrenamiento, cuando todo cambió en un instante.

El ciclista belga había firmado su contrato profesional varios meses antes, con el objetivo de convertirse en un corredor profesional.

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Era un objetivo que había perseguido desde que tenía ocho años, pues creció escuchando las historias de su padre, que también había corrido profesionalmente.

Pero después de que Schelfhout chocara contra un coche y luego contra otro aparcado, el depósito de combustible de su moto estalló, al igual que el del vehículo. Quedó atrapado entre dos explosiones y dice que los bomberos necesitaron 14 intentos para apagar el fuego.

Fue entonces cuando supo que la carrera con la que una vez soñó había terminado efectivamente.

“Solo tuve una sensación, y fue la de sobrevivir”, cuenta Schelfhout a CNN Sport sobre el accidente de 2008. “El dolor que sentía ya no era humano”.

Schelfhout dice que es “un tipo afortunado” por tener amigos y familiares que le apoyan.

Las secuelas

Schelfhout sufrió múltiples lesiones y el 80% de su cuerpo se quemó, incluidos los pulmones.

“Tuve huesos rotos, mi brazo estaba en pedazos, mi pierna, mis manos. Fue terrible”, dice.

Pasó casi tres meses en coma, uno tan severo que pensaron en desconectarlo, pero como él dice: “Mi corazón estaba fuerte”.

Cuando Schelfhout despertó por fin, descubrió que el lado izquierdo de su cuerpo había quedado paralizado por el accidente.

Cuando los médicos le pusieron un espejo en la cara, pudo ver las cicatrices físicas que había sufrido.

“Cogí un espejo y me dijeron: ‘Mira, así es como te ves ahora y así es como vas a vivir'”.

Después del accidente, Schelfhout dice que los médicos le dijeron que tendría que olvidar sus sueños de ciclista.

Según recuerda, su reacción ante su nuevo rostro fue “el primer colapso mental”.

“No pensé en el ciclismo en las primeras semanas. Solo necesitaba hacerme más fuerte”, dice. “Lo que más me importaba era aprender, volver a caminar, escribir y hablar”.

Sus amigos y su familia le ofrecieron un inestimable apoyo moral, algo que sigue apreciando 13 años después.

“Para mis padres fue un momento muy desagradable”, dice, “tengo suerte porque mis padres me apoyan mucho y muy bien en todo lo que hago”.

“Tengo muchos amigos que me apoyan […] Puedo decir que soy un tipo con suerte. Con amigos así y con la familia”.

Luchando por seguir en la carrera

Los expertos médicos acabaron diciendo a Schelfhout que tenía que dejar de lado su sueño de ciclismo, debido a los grandes daños en los nervios de su pierna izquierda y su cadera.

Tras leer un artículo en una revista sobre el paraciclista belga Kris Bosmans, Schelfhout se animó a practicar este deporte.

Dice que decidió intentar pedalear ese mismo día para ver de qué era capaz su cuerpo. “Los primeros 20 metros fueron los más terribles de mi vida. Me dolía todo, y era como un niño de seis años que intentaba ir en bicicleta”.

“Los médicos también me dijeron que la recuperación total no era posible”.

“Tenía una novia. A ella no le gustaba el ciclismo […] y me dijo: ‘Tienes que dejarlo todo’. Le dije: ‘No, quiero terminar lo que empecé, y dejo de montar en bicicleta cuando quiero, no cuando alguien me dice que tengo que dejarlo'”.

En los meses que transcurrieron entre el coma y la rehabilitación, Schelfhout persistió, utilizando una handbike –un triciclo manual utilizado por personas con movilidad reducida– para mejorar su movilidad superior. Al cabo de dos semanas, dice que tuvo un atisbo de esperanza, cuando observó “una sensación extraña” en su bíceps. Quince días después, tuvo una contracción en el músculo.

Apenas un año después de su accidente, Schelfhout iba y venía del hospital en su bicicleta.

“Fui directamente a la habitación del médico y le dije: ‘Mira, he vuelto a la bicicleta y me haré cada vez más fuerte y volveré a competir. No sé cuándo, pero tengo la sensación de que es posible”, dice.

Schelfhout espera que al compartir su historia pueda inspirar a otros a no perder la esperanza.

“Me dijo que es mi mente la que es tan fuerte. Si quiero algo, haré cualquier cosa por ello”.

Un bache en el camino

En 2011, la suerte de Schelfhout cambió cuando leyó un artículo en una revista sobre Kris Bosmans, un paraciclista belga que había empezado a competir tras sufrir un derrame cerebral. Inspirado por su historia, decidió acercarse a Bosmans.

“En aquel momento, no pensé en el paraciclismo porque en Bélgica no es un deporte tan famoso”, dice Schelfhout.

Sin embargo, tras conocer la historia de Bosmans, empezó a ver el paraciclismo como una vía para competir.

Decidido a volver a competir, se puso en contacto con la Unión Ciclista Internacional (UCI) -el organismo que gobierna este deporte- y, para estar físicamente preparado para competir, se deshizo de más de 40 kilos en tres meses.

El ciclista paralímpico Diederick Schelfhout fotografiado durante en el campo de entrenamiento de los atletas del Equipo Paralímpico de Bélgica, el 29 de octubre de 2019, en París Francia. (Crédito: Eric Lalmand/Belga via ZUMA Press)

Su último año de competición había sido en 2007, así que Schelfhout dice que estaba entusiasmado con su primer evento de paraciclismo en 2012 en Roma. “La sensación era agradable de volver a subirme a la bicicleta para competir”.

Aunque la carrera no salió como estaba previsto.

Los atletas paralímpicos que utilizan una bicicleta estándar participan en cinco categorías deportivas –C1 a C5–, donde los números más bajos representan una limitación más aguda en las extremidades inferiores y/o superiores.

Schelfhout, que había sido colocado en la categoría C4 antes de la carrera, dice que le dijeron antes de competir que en realidad debería haber participado en la categoría C3.

En sus primeros años de competición como paraciclista, Schelfhout dice que el aspecto más difícil de entrenar y competir fue tener que reconciliar la idea de que su cuerpo nunca sería tan fuerte como antes del accidente.

“El primer año en el paraciclismo fue terrible porque siempre estaba comparando cómo era antes del accidente y después”.

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“Para mí, el principal problema es el problema nervioso que tengo en el lado izquierdo de mi cuerpo. Mi pierna izquierda solo tiene una cuarta parte de potencia en comparación con el lado derecho, y mi brazo tiene una séptima parte de potencia.

“Mi espalda en el lado izquierdo está parcialmente paralizada. Tengo menos potencia para acelerar. Hay atletas que antes de su accidente no corrían, y no conocen las posibilidades de su cuerpo. Yo sé lo que podía hacer antes y quería hacer lo mismo”.

Persiguiendo un sueño paralímpico

Desde entonces, Schelfhout ha podido recuperar la confianza en sí mismo centrándose en la ventaja mental y física que puede tener sobre sus compañeros. Por ejemplo, dice que el lado derecho de su cuerpo es más fuerte que el de los atletas sin discapacidad.

“Cuando estoy compitiendo, hay como un botón en mi cabeza –y definitivamente en las grandes carreras– que me dice que simplemente siga adelante, que vuele y vea lo que puedo lograr”.

En 2016, Schelfhout experimentó otro revés cuando tuvo un accidente, rompiéndose la clavícula y la cadera.

Posteriormente, se vio fuera de la primera selección de Bélgica para los Juegos Paralímpicos de Río.

“Después de unas semanas, volví a subirme a la bicicleta, pero no estaba en buenas condiciones para competir”.

Después de cuatro años de trabajar por el sueño paralímpico, decidió tomarse un descanso. Pero dos semanas antes de los Juegos de Río, recibió una llamada de la federación, diciendo que se había abierto una plaza para su selección.

“No estaba en buena forma para los Juegos”, dice. “Normalmente, en la pista, si salgo, siempre estoy compitiendo por el podio. Ahora, tenía que hacer el décimo u octavo puesto. En Río, hice el décimo puesto. No estaba contento con ello”.

“Mentalmente fue un poco triste, pero me hizo más fuerte”.

Cuando la pandemia de coronavirus llegó en 2020, Schelfhout dice que, aunque se sintió decepcionado, consideró necesario priorizar la seguridad sobre la competición.

“Es (…) mejor salvar a nuestras familias y amigos de la pandemia. Fue solo un año y un año no te hace peor o mejor. Cuando estás al máximo nivel, puedes volver al año siguiente”.

Ahora, espera reaparecer en Juegos Paralímpicos Tokio 2020 –que comienzan el 24 de agosto de 2021–, donde competirá en cuatro pruebas, entre ellas la de persecución individual en pista de 3 km, la de contrarreloj en pista de 1 km y las de contrarreloj y ruta.

Después de todo, Schelfhout está deseando representar a Bélgica en los JJ.OO. “Para mí es una bonita sensación, es una sensación dorada porque no todo el mundo puede decir que puede hacerlo. Amo a mi país y me encanta mostrar a la gente de Bélgica una gran campaña ciclista”.

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El poder de la visibilidad

En retrospectiva, Schelfhout dice que la fortaleza mental le ha llevado a los momentos más difíciles de su carrera.

“Mentalmente […] tengo un lema, y es ‘no se trata de lo fuerte que golpeas, se trata de lo fuerte que te pueden golpear y que sigas avanzando'”.

“Quiero hacerme más fuerte”, dice. “No se trata de cómo te ves, sino de cómo te sientes y de lo que quieres lograr y convertirte”.

¿El mejor aspecto de competir como atleta paralímpico? Schelfhout dice que es encontrar la fuerza en la comunidad.

“Creo que eso es lo bueno de los paradeportes, todo el mundo es amigo de los demás porque saben lo dura que es la vida”.

Desde que llegó al escenario mundial, ha dedicado su plataforma a aumentar la visibilidad de las víctimas de quemaduras en el deporte.

“Quiero mostrar a la gente del mundo que, aunque tengas un accidente muy desagradable, […] tienes que seguir adelante con tu vida. Quiero motivar a la gente para que vuelva a hacer deporte, a vivir de nuevo como antes”, dice.

“Tengo muchas cicatrices en mi cuerpo. Allá donde voy, la gente me mira porque mucha gente en Bélgica no sabe cómo son las personas con marcas de quemaduras. Quiero demostrarles que no me importa”.

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“Quiero demostrar que soy Diederick y que lucho por mi vida, pero que sigo disfrutando de ella”.

‘Soy lo suficientemente fuerte’

Schelfhout dice que no habría podido cumplir su sueño de infancia de ser un ciclista de clase mundial si no hubiera sido por su estrecha red de amigos y familiares.

“La gente que me apoya, la federación, es realmente necesario tener buena gente a tu alrededor para conseguir algo bueno en tu vida”, dice. “Estoy muy agradecido por tener eso, es muy importante”.

“Todos los que me rodean están realmente orgullosos de mí, pero también estoy orgulloso de mí mismo porque he demostrado al mundo que soy lo suficientemente fuerte como para volver a ser ciclista. Quiero demostrar al mundo que es posible”.

Competir como paraatleta ha dado a Schelfhout un nuevo sentido de respeto y gratitud por su cuerpo. “He aprendido que tu cuerpo y tu mente son más fuertes de lo que puedes imaginar”.

“Antes de mi accidente, siempre quería ganar. Tengo el mismo sentimiento. Pero la gran diferencia es que cuando tengo un puesto entre los diez primeros, también estoy contento. Quiero hacerlo mejor. No se trata de decir: ‘Vale, estoy contento’. No, pero puedo entenderlo y vivir con ello.

“No necesito nada más que mi bicicleta, mi novia y mis perros para ser feliz”.

Desde vivir un aterrador accidente hasta someterse a 72 operaciones, es justo decir que Schelfhout ha sufrido más golpes que muchos en la vida.

Pero si hay algo que ha demostrado su viaje de Bélgica a Japón es que el poder de levantarse, luchar y mantener la confianza en uno mismo –especialmente cuando las probabilidades están en contra de uno– siempre triunfará sobre una racha de mala suerte.

“Cuando algo va mal, hay que luchar por ello”.

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