¿Es apropiación cultural usar el traje nacional de un país cuando viajas?

(CNN)– Entrar a la tienda de alquiler de qipaos de Pandora Cheng, en el centro de Hong Kong, es como viajar en el tiempo. Un sofá Chesterfield de cuero café se encuentra en una esquina junto a un tocadiscos, frente a filas y filas de qipaos hechos a medida, el tradicional vestido de cuello alto de China.
Cheng ofrece a los turistas de Hong Kong “experiencias de vestir” que utilizan la moda como forma de explorar la cultura. Se inspiró en los cambios de imagen de las geishas en Japón y en otras actividades de “vestimenta cultural” en las que ha participado en sus viajes.

“Creo que si los turistas se visten con el qipao como nosotros, pueden adentrarse en la cultura, (explorar) el estilo antiguo de Hong Kong”, dice, y añade: “Es una experiencia para conocer una cultura a fondo”.

Pero para muchos turistas que viajan al extranjero, la idea de “vestirse” con la ropa de otra cultura puede suscitar dudas sobre la apropiación cultural… y hacer que se resistan a hacerlo. Entonces, ¿cuáles son las reglas?

¿Apropiación cultural o apreciación?

Cuando se analizan las cuestiones de apropiación cultural, es importante tener en cuenta quién es el “iniciado” cultural y cuál es la dinámica de poder, dice Erich Hatala Matthes, profesor de ética cultural en el Wellesley College de Massachusetts.

La cultura está “en constante transformación, evolución e hibridación”, y determinar quién es un iniciado o un extraño en la cultura “siempre va a ser una negociación”, añade.

Matthes afirma que, en casos como el de las geishas o el de los qipaos, los turistas son invitados por personas de dentro de la cultura, pero a menudo son personas de fuera las que plantean problemas de apropiación cultural, por ejemplo,  en las redes sociales.

Los qipaos suelen llamarse cheongsams en inglés.Crédito: Shutterstock

“El contexto es la clave para pensar en las acusaciones de apropiación”, dice Matthes. “Si hay casos en los que la gente de Japón o China invita a los turistas a llevar esta ropa, negarse porque te preocupa la apropiación cultural acaba siendo una especie de afirmación problemática de tu autoridad para delimitar lo que es aceptable en ese contexto”.

Además, añade que esto puede tener consecuencias económicas negativas para los artesanos tradicionales que dependen de la venta de artesanías o experiencias culturales típicas para ganarse la vida.

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Mientras que una invitación de un conocedor de la cultura suele significar que la actividad será de apreciación y no de apropiación cultural, las redes sociales “tienden a descontextualizar” las situaciones, dice Matthes. Sin embargo, no cree que la respuesta sea que la gente no comparta estas experiencias en Internet, ya que puede ayudar a “conseguir más clientes” para los que deciden compartir su cultura con los turistas.

Matthes afirma que lo más importante para los visitantes de la cultura es escuchar: “Intentar ser respetuoso con los que tienen la experiencia y el conocimiento cultural, y escuchar lo que te dicen sobre cómo usar la ropa o cómo actuar con respeto dentro de ese contexto”.

Un vestido simbólico

Cheng es una de las “conocedoras de la cultura” que invita a los turistas extranjeros a probarse un qipao en su tienda de alquiler en Hong Kong. Aunque el vestido es simbólico para Cheng, no cree que deba reservarse para el uso tradicional, o que únicamente lo usen quienes tienen ascendencia china. “El qipao no tiene un significado tan fuerte”, dice.

También conocido como cheongsam, el qipao, que en su día era una prenda básica holgada para el día a día, se popularizó en Shanghái en la década de 1920 y se fue ajustando cada vez más a medida que las mujeres adquirían mayor control sobre sus vidas y sus cuerpos.

“El qipao es un punto de partida de la moda (china), y también el punto de partida de la independencia de las mujeres”, dice Cheng. Ella abrió su tienda en 2017 para ofrecer a los turistas una forma tangible de conectar con el viejo Hong Kong que desaparece rápidamente.

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Con más de 200 qipaos hechos a mano entre los que elegir, las clientas pueden escoger entre una gama de estilos y tamaños hechos a mano por Cheng, y luego pueden peinarse y maquillarse por un precio adicional.

Después, acompañados por un fotógrafo, los clientes visitan lugares históricos cercanos, como el templo Man Mo y el mercado de antigüedades de Cat Street, para una sesión de fotos (con un costo a partir de US$ 164).

Viajeros, algunos de los cuales llevan hanboks tradicionales, se reúnen en Seúl.Créditos: Shutterstock

Antes de la pandemia, la mayoría de sus clientes eran turistas extranjeros. Ahora, sus principales visitantes son personas de Hong Kong que buscan explorar su ciudad de una forma nueva. Con las estrictas normas sobre el uso de mascarillas contra el covid-19 en la ciudad, Cheng amplió los conjuntos de fotos retro en su tienda para que la gente pudiera sumergirse en el viejo Hong Kong sin salir a la calle.

Además de anunciarse en Airbnb Experiences, Klook y KK Day, Cheng se ha asociado con hoteles locales, como el hotel boutique tradicional Hotel 1936 y el Grand Hyatt Hong Kong, para ofrecer “experiencias de estancia qipao”. Dice que muchos hongkoneses no han usado antes un qipao ni han tenido la oportunidad de conectar con su significado cultural.

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“A los hongkoneses les encanta esta prenda, pero no consiguen encontrar la que quieren usar. Por eso alquilamos el qipao, para que ellos y otros (turistas) lo experimenten”, dice Cheng.

Preservar las artes antiguas

Las experiencias de vestimenta cultural han demostrado ser populares entre los turistas extranjeros y nacionales de toda Asia.

En Corea del Sur, una iniciativa gubernamental puesta en marcha en 2013 permite la entrada gratuita a los cinco palacios de Seúl a todo aquel que lleve un hanbok, el traje nacional coreano que usan tanto hombres como mujeres. Esta iniciativa pretende preservar la tradición, educar a la gente y “popularizar y globalizar” el hanbok, dice Danny Park, director ejecutivo de la Organización de Turismo de Corea (KTO, por sus siglas en inglés).

Como resultado, ahora hay muchos negocios locales alrededor de los palacios que ofrecen alquiler de hanboks, además de accesorios y peluquería. “A la mayoría de los coreanos les gusta ver a los turistas vistiendo diferentes estilos de hanbok en Corea”, añade Park.

Al igual que Cheng, KTO se asoció con el Grand Hyatt Hong Kong para ofrecer una estancia inspirada en Corea que incluía una experiencia de vestir el hanbok. Con una ceremonia del té y una visita de realidad virtual a lugares famosos, el paquete ofrecía a los hongkoneses en tierra una experiencia de inmersión en Corea, dice Park, con la esperanza de que les inspire a visitarla en el futuro.

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Vestirse de geisha, una de las atracciones de Japón

En Japón, la experiencia de vestirse de geisha y llevar kimono es otra de las actividades más comunes en la lista de deseos. El Studio Geisha Cafe de Tokio ofrece maquillajes completos de geisha y samurái, que su fundador y fabricante de pelucas de segunda generación, Mitsuteru Okuyama, lanzó hace 15 años para enseñar a extranjeros y locales la cultura japonesa y el arte de la “katsura” (fabricación de pelucas).

Antes del covid, Okuyama afirma que la mitad de sus clientes eran turistas extranjeros, sobre todo de Estados Unidos y Europa. Al ofrecer experiencias tanto para hombres como para mujeres, Okuyama acoge a una mezcla diversa de personas en su tienda.

Aunque Okuyama está encantado de vestir a cualquiera como una geisha, incluido el presentador de “Good Morning Britain”, Richard Arnold, su única condición es que los hombres deben afeitarse antes de pedir la cara completa de “shiro-nuri” (maquillaje blanco).

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La misión de Okuyama es mostrar “la verdadera forma” del arte de las geishas, preservar la cultura y corregir las caricaturas y la desinformación. “Las geishas aparecen a veces en las películas estadounidenses, y es demasiado irreal”, dice Okuyama.

Okyama señala que no es ofensivo que los extranjeros se vistan de geishas, siempre que lo hagan de forma adecuada.

Con la esperanza de familiarizar a los extranjeros con la auténtica etiqueta y cultura japonesas, Okuyama dice que quiere ofrecer a los turistas una experiencia inmersiva y agradable. “Solo quiero que se diviertan con la cultura japonesa”, afirma.

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