La salvó de ahogarse y se enamoraron

(CNN) — Nupur Gupta se acercaba al final de una temporada de dos semanas enseñando en un retiro de yoga en Goa, en la India.
Era febrero de 2019 y el tiempo era templado, bañando las famosas playas de Goa con un cálido resplandor. El mar brillaba, tentadoramente.Entre una práctica de yoga y otra, Gupta siempre se daba un tiempo para nadar.

Ese día en particular, flotó más lejos de lo que solía hacerlo. Cuando se dio cuenta de la fuerza de la corriente, era demasiado tarde. El agua había empezado a arrastrarla.

Intentó no entrar en pánico.

«En algún momento supe que, si seguía nadando continuamente y con constancia, podría lograrlo», cuenta hoy a CNN Travel.

Cada vez que Gupta intentaba volver a la orilla, la corriente la arrastraba y luchaba por volver a la superficie, jadeando.

«Entonces vi a un hombre que se acercaba a mí».

Se trataba de Attila Bosnyak, un asesor financiero de unos cuarenta años procedente de Hungría pero residente de los Países Bajos.

Casualmente, Bosnyak era alumno del retiro de yoga de Gupta, donde, dice, había estado intentando » desconectarse del ajetreo y la presión del trabajo y del invierno neerlandés».

Gupta no enseñaba al grupo de principiantes de Bosnyak, así que nunca habían hablado directamente.

Bosnyak era un nadador fuerte, así que no estaba asustado, pero le costaba alcanzar a Gupta ante la fuerte corriente.

«Se acercó mucho a mí para tomarme de la mano y sacarme, pero justo en ese momento el océano me arrastró», cuenta Gupta.

Fue entonces cuando Bosnyak se dio cuenta de que, aunque pudiera agarrar la mano de Gupta, no era lo suficientemente fuerte como para llevarla de vuelta a la orilla él solo.

La profesora de yoga Nupur Gupta tuvo dificultades mientras nadaba.Cortesía de Nupur Gupta/Attila Bosnyak

Mirando a su alrededor, tratando de mantener la calma, vio un grupo de rocas cercanas que bloqueaban a Gupta y Bosnyak de la vista de cualquiera en la orilla.

Bosnyak pensó que si podía subirse a una de ellas, podría hacer señas a tierra y llamar la atención de un socorrista, pero existía el riesgo de salir despedido hacia una roca y lesionarse.

«Así que intenté hacerlo con cuidado», recuerda Bosnyak. «Pero realmente no pude, así que dos, tres, cuatro veces básicamente fui empujado a la roca por la ola».

Desde la perspectiva de Gupta, parecía que su potencial salvador iba a la deriva sin control.

«Fue entonces cuando entré en pánico», dice, recordando que pensó: «¿Y si la ola me tira a la roca y me hago una herida en la cabeza o algo así?».

Finalmente, Bosnyak consiguió subirse a la cima y ponerse de pie. Agitando y gritando, llamó la atención del socorrista de la playa, que salió nadando inmediatamente.

El socorrista ayudó a Gupta a volver a la playa, mientras Bosnyak seguía nadando.

No fue hasta que Bosynak llegó a la orilla cuando se dio cuenta de que estaba sangrando.

«Sobre todo la espalda y los muslos, por los arañazos, y los dedos, porque había intentado agarrarme a la roca», recuerda.

«Se me encogió el corazón cuando lo vi, porque enseguida me di cuenta de lo que este hombre hizo para ayudar a alguien, lo hizo para ayudarme a mí», dice Gupta.

Mientras Bosynak, exhausto, se desplomaba en una tumbona, Gupta corrió hasta la tienda más cercana para comprar un desinfectante y, siguiendo un impulso, un helado de chocolate.

De vuelta a la playa, Gupta empezó a atender las heridas de Bosnyak. Entonces le entregó el helado y él sonrió agradecido.

«Algo cambió, para mí, en ese momento», recuerda. «Hubo un clic en mi corazón en alguna parte».

Bosnyak también lo sintió, incluso mientras yacía allí, sangrando.

«Creo que fue un momento mágico», dice.

El destino interviene

Vacaciones prolongadas: Después de esta experiencia, los dos se unieron y decidieron prolongar su estancia en Goa una vez terminado el retiro de yoga. Aquí están juntos en Goa durante ese periodo.Cortesía de Nupur Gupta/Attila Bosnyak

Una vez comprobado que ambos estaban bien, fuera de los arañazos y el susto, Bosnyak y Gupta emprendieron juntos el camino de vuelta al centro de yoga, hablando mientras caminaban.

De vuelta al centro turístico, agotados, volvieron a sus respectivas habitaciones para descansar, pero se reencontraron más tarde ese mismo día en la cena.

Allí se presentaron correctamente. Al principio, la conversación se centró en su inesperada experiencia de vida o muerte.

Hablaron de la procedencia de ambos, de lo que les había llevado a Goa, y rápidamente se dieron cuenta de lo bien que se llevaban, charlando hasta la noche y retomando la conversación al día siguiente.

El retiro de yoga debía terminar al día siguiente, Bosnyak planeaba volar de vuelta a Países Bajos y Gupta tomaría el tren de regreso a Kerala, donde vivía.

Pero Gupta empezaba a desear que tuvieran un poco más de tiempo para conocerse.

Se preguntaba si podrían posponer sus viajes a casa y pasar más tiempo juntos en Goa.

«Pero decirlo en voz alta o preguntarlo en voz alta también era un poco… tienes inhibiciones», dice ahora.

Por suerte, Bosnyak estaba de acuerdo. Ambos acordaron posponer su regreso una semana y, en su lugar, pasaron juntos el día de San Valentín de 2019, dando largos paseos por las playas de Goa, practicando kayak y explorando las iglesias portuguesas de la región.

Y cuando su semana extra juntos llegó a su fin, celebraron el cumpleaños de Gupta.

Los dos prolongaron su estancia en Goa después del retiro para poder disfrutar juntos explorando y conociéndose mejor.Cortesía de Nupur Gupta/Attila Bosnyak

«Esa mañana, recuerdo que desayunamos juntos y que Attila me llevó a la estación antes de irse», recuerda.

Ambos estaban emocionados por lo que había pasado.

«Fue una buena sensación: encontrar a alguien con una conexión y que te deje esa gran sonrisa en la cara, y esa sensación de cosquilleo, de mariposas», dice Gupta.

Los dos prometieron seguir en contacto.

«Así empezaron un par de meses muy bonitos, chateando, hablando por WhatsApp, llamando por video cada vez más», dice Bosnyak.

A pesar de estar separados por océanos, pronto se sabían de memoria las rutinas diarias del otro, y hablaban todos los días.

Un salto de fe

Un mes después de salir de Goa, Bosnyak llamó a Gupta.

«Deberíamos dar un paso adelante en esta conexión», le dijo.

«Mi corazón latía con fuerza y acepté inmediatamente sin pensarlo dos veces, a pesar de saber que es una distancia enorme, diferentes culturas, continentes, países, ciudades», dice Gupta.

Decidieron embarcarse oficialmente en una relación a distancia.

«Yo quería hacerlo. Quería vivir esta experiencia. Me encantaba la vibración que tenía cuando estaba cerca de él y era muy feliz», recuerda Gupta.

Buscando un destino a medio camino entre India y los Países Bajos para reunirse de vacaciones, habían empezado a considerar seriamente Dubai cuando surgieron factores externos.

A la madre de Gupta le diagnosticaron un tumor cerebral y la operaron de urgencia.

«Sabía que tenía que estar allí», recuerda ahora Gupta. Abandonó Kerala y voló a la casa de su familia en Lucknow, en el norte de la India, para apoyar a su familia.

«Pasé los días hablando de su salud y buscando el hospital y el médico adecuados junto con mi familia, y vi a mi madre muy decaída y sin salud», recuerda Gupta.

Volar a Dubai, o incluso salir de Lucknow, era imposible.

Continúa la conexión: Los planes de reunirse de nuevo en Dubai se frustraron cuando la madre de Gupta enfermó. En su lugar, Bosnyak voló a la India para apoyar a Gupta. Aquí están juntos en Agra, India.Cortesía de Nupur Gupta/Attila Bosnyak

Una noche, una llorosa Gupta telefoneó a Bosnyak y le explicó que no podría reunirse con él en ningún lugar durante los próximos meses.
Bosnyak la consoló desde la distancia y, mientras hablaban, se le ocurrió una idea.

«¿Qué tal si viajo hasta allí, para estar contigo?», sugirió.

Gupta no podía creer que ese hombre que había visto en persona solo una vez estuviera dispuesto a hacer eso por ella, pero sintió un alivio instantáneo al pensar que Bosnyak estaría a su lado.

Le propuso que viniera después de la operación de su madre.

La intervención fue un éxito y, tras un tiempo de recuperación en el hospital, la madre de Gupta volvió a casa.

Poco después, Bosnyak llegó al aeropuerto de Delhi, y Gupta fue a recibirle a la llegada.

De camino a Lucknow, la pareja se detuvo en Agra para visitar el Taj Mahal. Contemplando el espectacular edificio de mármol, compartieron un momento significativo. Bosnyak se arrodilló y le hizo una propuesta.

No se trataba de una propuesta de matrimonio, sino de una promesa de amarse y comprometerse a hacer que su relación funcione.

Reunidos en la India, Bosnyak y Gupta compartieron un momento especial frente al Taj Mahal.Cortesía de Nupur Gupta/Attila Bosnyak

La familia de Gupta se moría de ganas de conocer al hombre que le había salvado la vida y la había conquistado.

«Nunca los había visto tan emocionados por conocer a alguien», dice Gupta, riendo. Bosnyak encajó enseguida.

«Todo fue tan orgánico», dice Gupta.

Fue el viaje perfecto, el gran gesto romántico en el Taj Mahal complementado por momentos más tranquilos de Bosnyak apoyando a Gupta y estrechando lazos con su familia.

Todo resultó tan natural que la idea de que Bosnyak se fuera y de que ambos se separaran de nuevo fue difícil de digerir.

Un reencuentro en los Países Bajos

La pareja decidió que, una vez que la madre de Gupta estuviera totalmente recuperada, Gupta solicitaría un visado que le permitiera pasar un mes con Bosynak en los Países Bajos.

Pero como las complicaciones legales suponían un probable retraso de seis meses, la pareja decidió reunirse donde pudiera: en Dubai, en pleno verano, y luego en Serbia.

«No es un destino romántico habitual, supongo», dice Bosnyak, que explica que eligieron los lugares en función de los requisitos de visado de la India.

«Pero disfrutamos mucho de nuestra estancia allí. Estuvimos nadando en los ríos Danubio y Sava y explorando realmente esa ciudad. Alquilamos un Airbnb, así que vivimos como una pareja».

Era una muestra de la futura vida en común que esperaban.

Su último encuentro fue en Tailandia. No mucho después, en septiembre de 2019, Gupta recibió su visado de los Países Bajos y voló un mes después a ese país, donde se instaló en el departamento en el que vivía Bosnyak en La Haya.

Fueron unos meses idílicos. La pareja viajó junta a Hungría para visitar a la familia de Bosnyak, y pasaron felices fines de semana explorando los Países Bajos.

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Aunque ambos estaban encantados de estar por fin juntos, para Gupta también fue un gran cambio que requería aclimatarse a un país y una cultura diferentes, así como encontrar un trabajo.

«Fue un giro de 360 grados para mí», dice.

El frío invierno neerlandés significó todo un ajuste. También fue extraño, dice Gupta, ser una mujer india en el barrio neerlandés de Bosnyak, muy blanco.

Pero en poco tiempo se hizo amiga de muchos de los amigos y colegas de Bosnyak, y también conectó con otros expatriados indios.

Y se mantuvo en estrecho contacto con amigos y familiares en su país a través de videollamadas.

A medida que Bosnyak y Gupta pasaban más tiempo juntos, su relación se profundizaba, y la idea del matrimonio, que siempre había estado en el aire, se convirtió en el siguiente paso obvio.

Para Gupta, la idea había estado en su mente desde que Bosnyak le salvó la vida en Goa.

Pero fue cuando él visitó Lucknow tras la operación de su madre, cuando Gupta sintió que quería pasar el resto de su vida con este hombre.

«Creo que para entonces ya soñaba secretamente con casarme con él», dice.

«Fue muy natural», dice Bosnyak.

La pareja dice que sus amigos, más acostumbrados a lidiar con los altibajos de las aplicaciones de citas que a salvar a una futura pareja de morir ahogada, quedaron maravillados por el romance de la historia de Bosnyak y Gupta.

Sin embargo, algunos se mostraron escépticos sobre si la relación funcionaría en la monótona realidad del día a día. Otros se preguntaban si las diferencias culturales podrían romper la conexión.

«Pero a medida que pasa el tiempo, y seguimos juntos, no simplemente juntos, sino que nos amamos, se responden esas dudas lógicas», dice Bosnyak.

La pareja esperaba reunir a sus amigos y familiares de todo el mundo para celebrar una gran boda.

Pero estos planes quedaron en suspenso debido a que otros acontecimientos se impusieron.

Un año en confinamiento

Pequeña ceremonia: Fue una modesta ceremonia en la Trouwlocatie Groenmarkt, el antiguo ayuntamiento de La Haya. Debido a la pandemia, sus familias no pudieron asistir.Cortesía de Nupur Gupta/Attila Bosnyak

Bosnyak y Gupta se casaron el 21 de marzo de 2020 en una modesta ceremonia con solo un par de testigos en Trouwlocatie Groenmarkt, el antiguo ayuntamiento de La Haya.

La pandemia del covid-19 había empezado a hacer mella en los Países Bajos, y ellos fueron la última pareja que se casó en el lugar antes del confinamiento.

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Bosnyak y Gupta pasaron de contar los días hasta poder reunirse en un nuevo destino a pasar todos los días juntos en un pequeño departamento.

«En una nueva relación es mucho, y eso también nos enseñó mucho», dice Gupta, que afirma que su primer año de matrimonio parece mucho más largo.

«Es la prueba de fuego, creo, para una relación», coincide Bosnyak. «Que puedas vivir con esa persona durante meses y meses y meses sin eventos alrededor, sin lugares que visitar, sin actividades divertidas aparte de las que puedas inventar dentro de tu departamento, o durante tus cortos paseos en el siguiente kilómetro y medio, dos kilómetros en tu barrio. Así que si puedes lograrlo y mantener tu felicidad, esa relación es sólida como una roca».

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Hubo momentos difíciles a lo largo del camino, pero la pareja estaba feliz de estar juntos, de poder estar ahí para el otro y proporcionarse apoyo emocional.

También han sabido sortear sus diferencias culturales.

«Ambos somos bastante pacientes con otras culturas y otros pensamientos y, otras personalidades, pacientes y empáticos», dice Bosnyak.

«Fue fascinante conocer tan de cerca a alguien de otro país o cultura», dice Gupta.

Los dos cocinaban el uno para el otro, introduciendo sus cocinas natales y encontrando el punto medio cuando sus gustos no coincidían.

Aunque inevitablemente tenían desacuerdos, intentaban ser pacientes y pragmáticos, y ponerse en el lugar del otro.

Compromiso y conexión: Gupta y Bosynak se han apoyado mutuamente durante el estrés del encierro y han consolidado su relación durante el último año.

Gupta, amante de los perros, también convenció a Bosnyak de que debían tener un cachorro. Su perro Sukhi Ram se incorporó a la casa en mayo de 2020.

Gupta luchó por encontrar trabajo durante la pandemia. Había registrado su propia empresa de yoga en los Países Bajos, pero tuvo que dedicarse a enseñar yoga en línea, sobre todo a amigos en su país.

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Cuando la UE suavizó las restricciones de viaje de covid en el verano de 2020, Bosnyak y Gupta aprovecharon la oportunidad para viajar a Grecia.

El viaje de tres semanas fue una especie de luna de miel retrasada. La pareja exploró hermosos destinos como Santorini y Mykonos, donde eran algunos de los únicos turistas.

«Paseamos por las calles vacías de Santorini, viendo las puestas de sol y también nos levantamos a las 6:30 de la mañana para ver salir el sol», dice Bosynak.

También fueron a Hungría a ver a la familia de Bosnyak en agosto de 2020, y disfrutaron explorando juntos los castillos y lagos de los Países Bajos.

Aferrándose a la esperanza

Gupta y Bosnyak tienen un perro, Sukhi Ram, que les da mucha alegría.Cortesía de Nupur Gupta/Attila Bosnyak

En otoño, Europa sufrió otra oleada de covid-19 y volvieron los largos días de encierro.

La pareja pasó la mayor parte de los meses de invierno en el interior, cuidando de Sukhi Ram y cuidándose mutuamente.

Hace aproximadamente un mes, cuando la primavera empezaba a florecer y la pandemia parecía remitir en los Países Bajos y en la India, Gupta tomó la decisión de viajar a su país de origen para ver a su familia y amigos, incluido su sobrino recién nacido.

Desgraciadamente, la llegada de Gupta coincidió con un aumento de los casos de covid en India, que se ha convertido en una segunda ola devastadora para el país.

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Gupta se contagió del virus y actualmente está en recuperación, con Bosnyak apoyándola desde la distancia.

«Ahora mismo, la situación es tan abrumadora aquí», dice Gupta. «Veo a la gente luchando y solo espero que algo mejore».

Gupta y Bosnyak se centran actualmente en apoyar a sus familiares y amigos afectados por el desastre de la India, y en tratar de encontrar focos de alegría mediante la planificación del futuro y la reflexión sobre el pasado.

Esperan mudarse a Atenas, Grecia, el próximo verano, ya que Bosynak tiene una oferta de trabajo allí, por lo que están entusiasmados con esta nueva aventura. También están pensando en formar una familia.

Y reflexionar sobre cómo se conocieron, y la serie de coincidencias que los unió, nunca deja de ser un motivo para sonreír.

«Realmente parece una relación enviada por el cielo», dice Boysnak.

Hay muchos ingredientes que les han llevado hasta donde están hoy, explica. No es solo el hecho de que ambos estuvieran en Goa al mismo tiempo, o en el mismo retiro, o incluso que estuvieran unidos por lo que pasó en el mar. Era más profundo que eso.

«Porque podíamos ser personas completamente diferentes, teniendo algunos recuerdos de ese accidente, pero pasando nuestras vidas en diferentes lugares y diferentes culturas, y continuando como antes», dice.

En cuanto a Gupta, le hace gracia que a menudo cancelara citas con chicos que vivían a pocos kilómetros, pero acabara conociendo y casándose con alguien de otro continente.

«Había tanto optimismo, y todo encajaba de forma tan orgánica», dice. «Había mucha confianza y amor en todo momento, y creo que por eso estamos juntos hoy».

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