Castigo por vacunarse

Nota del editor: David Bittan Obadia es abogado, escritor, analista de temas políticos e internacionales, columnista del diario El Universal, de Venezuela, y colaborador en otros medios de comunicación. Como conferencista, participó en el Congreso Judío Mundial y fue presidente de la comunidad judía de Venezuela. Su cuenta de Twitter es @davidbittano. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas del autor. Puedes leer más artículos como este en cnne.com/opinión.

(CNN Español) — El coronavirus ha logrado mostrar la cara más frágil del ser humano, habiendo puesto al mundo en “modo reflexión”. Se han encendido las alarmas para saber en qué estamos fallando y quién o quiénes lo están haciendo mejor para superar la crisis.

Hay algo que ha quedado claro: esta película no parecía un escenario posible para nadie. Inclusive la Organización Mundial de la Salud ha quedado sin respuestas efectivas en el momento de las exigencias.

Asimismo, se evidencia que mientras países como Israel intentan vacunar a todos sus habitantes y vecinos –instalando inclusive centros de vacunación en bares–, otros todavía quedan rezagados, desde mi punto de vista por una mala gestión de los gobiernos.

Da mucha pena ver los escándalos que se han montado en Perú, por ejemplo, porque se han vacunado políticos, militares o grupos de personas que no se encuentran en las famosas listas de “prioridad”.

Ni hablar de España, donde la polémica se inicia por la vacunación de varios políticos, así como de miembros de la Policía y de las Fuerzas Armadas, lo cual llevó a la renuncia del jefe del Estado Mayor Conjunto del Ejército.

Para cerrar con broche de oro, hace unos días salió a la luz pública que las infantas Elena y Cristina –hermanas del rey Felipe VI–, se vacunaron en Abu Dhabi, lugar de residencia actual de su padre, el rey emérito Juan Carlos I. Al respecto, y en su defensa, quisiera acotar que ese evento no es algo ilegal, pues no han hecho nada diferente de lo que cualquier turista pudo haber hecho al encontrarse allí; en Abu Dhabi se fomenta el turismo para vacunarse. Además, hoy día las hermanas del rey no tienen representación institucional de parte de la casa real española. Incluso una de ellas, Cristina, fue despojada de su título de duquesa de Palma; sin embargo, esta situación es aprovechada por aquellos que están fomentando una república en España, quienes pretenden desprestigiar a la institución monárquica, la cual es constitucional y forma parte del Estado de derecho de ese país.

A decir verdad, como yo lo veo, después del personal sanitario, entre los primeros que han de vacunarse en cualquier país deberían ser los políticos, las autoridades civiles, policiales y militares. Pero algunos gobiernos ocultan su pésima gestión evadiendo responsabilidades, y no atacan la esencia del problema, que no es otra que respetar el derecho que tienen todos los ciudadanos a acceder a una vacuna que salve sus vidas, independientemente de su edad, clase social, religión, oficio y/o sexo. Quienes avivan esa crítica son los que están haciendo las cosas mal.

Hoy dependemos unos de otros y la meta es tratar de lograr una inmunidad general colectiva.

¡Basta de tanta demagogia!

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