ANÁLISIS | La poderosa dualidad del ascenso de Kamala Harris

(CNN) — Dos semanas después de que una insurrección mortal mostrara la ira de algunos blancos que amenaza la democracia multirracial del país, en el Capitolio se desarrolló una escena drásticamente diferente.

El 20 de enero, Joe Biden y Kamala Harris tomaron posesión de sus cargos.

La toma de posesión de la primera mujer, la primera negra y la primera persona con ascendencia surasiática después del asalto antes mencionado hizo dos cosas a la vez: marcó un punto de inflexión esperanzador en la larga lucha por la representación racial y la justicia, y subrayó de manera aleccionadora que enfrentarse al supremacismo blanco será uno de los principales desafíos del nuevo Gobierno.

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El ascenso político de Harris, incluso en el último año y medio, no es motivo de desdén. Quizás lo más obvio es que el ascenso de la exsenadora de California a la vicepresidencia cambiará el rostro del poder manera literal.

‘Puedes ser la primera en hacer muchas cosas, pero asegúrate de no ser la última’

No falto cobertura sobre cómo el campo de las primarias demócratas de 2020, de las que Harris formó parte, comenzó como uno de los más destacables de la historia. Más específicamente, la diversidad de la lista de personas que compitieron por la candidatura no tenía precedentes: latinos, asiáticos, negros, homosexuales, mujeres. Sin embargo, en diciembre de 2019 Harris suspendió su campaña. En esos momentos, el campo demócrata gradualmente cerraba filas en torno a la heterosexualidad, la blancura y la masculinidad en términos del candidato a elegir.

No fue poca cosa, entonces, cuando Biden eligió a Harris como compañera de fórmula en agosto. «Siento que las chicas negras como yo pueden postularse para presidenta de la clase. Las chicas negras como yo pueden optar por las cosas grandes de la vida como ella», dijo a CNN ese mes Paris Bond, una adolescente.

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O, como solía decirle la difunta madre de Harris a su hija que logró romper barreras, «Kamala, puedes ser la primera en hacer muchas cosas, pero asegúrate de no ser la última».

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El poder de Kamala Harris como vicepresidenta

Igual de conmovedor fue cuando el dúo demócrata derrotó a Trump en las elecciones generales de noviembre. Impulsados por una coalición multirracial, Biden y Harris no solo frustraron la campaña de reelección de un hombre que usó su blancura como arma, sino que también pusieron fin a la ostentación perversa de un Gobierno que abrazó la masculinadad agresiva.

Sin embargo, como vicepresidenta Kamala Harris podrá ofrecer más que una representación simbólica.

«El vicepresidente de Joe Biden probablemente será el vicepresidente más poderoso de la historia porque la tendencia es hacia vicepresidentes más poderosos. Joe Biden conoce el valor de tener un vicepresidente con mucha responsabilidad, y Joe Biden heredará una desastre épico «, dijo el año pasado el exasesor sénior de Barack Obama Dan Pfeiffer, en referencia al daño de la pandemia de coronavirus.

Lucha contra la disparidad en la salud

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Kamala Harris ya ha indicado cómo luchará contra una crisis única en un siglo y contra las disparidades raciales que la acompañan, disparidades que son el resultado de una historia de políticas discriminatorias.

En mayo pasado, presentó la Ley del Grupo de Trabajo sobre Disparidades Raciales y Étnicas del Covid-19 para «reunir a expertos en salud y otras políticas, organizaciones de base comunitaria y líderes federales, estatales, locales, tribales y territoriales para enfrentar las disparidades raciales y étnicas de esta pandemia de frente».

En diciembre, Biden seleccionó a Marcella Nunez-Smith, profesora asociada de Medicina Interna, Salud Pública y Administración en la Universidad de Yale, para liderar el grupo de trabajo de equidad en salud.

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«Una atención médica libre de racismo y discriminación es un derecho y no un privilegio», dijo Nunez-Smith durante una sesión informativa por internet el mes pasado. «Es hora de que respondamos a la crisis de discriminación en la atención médica».

En otras palabras, Kamala Harris cambiará cómo se ve el poder e influirá directamente en a quién sirve.

El Gobierno de Joe Biden y Kamala Harris deberá enfrentar al supremacismo blanco

Pero incluso con esas dimensiones triunfales, el nuevo Gobierno tendrá que navegar desde un principio por las corrientes del supremacismo blanco que resurgen.

En una entrevista con NPR la semana pasada, Harris no se anduvo con rodeos en su condena del reciente ataque al Capitolio.

«Fue lo mismo que pasó por mi mente cuando vi Charlottesville», dijo. «Es lo mismo que pasó por mi mente cuando vi una foto de Emmett Till. No es la primera vez que veo una demostración como la que estás describiendo en la historia de nuestro país», agregó.

Tiene sentido que Harris haya trazado paralelismos entre el horror de los años de Trump y la brutalidad de décadas pasadas. La toma del Capitolio fue un espantoso recordatorio de que el supremacismo blanco siempre ha estado bien cocido al tejido estadounidense.

De hecho, los historiadores han señalado cómo la toma se hizo eco del período de la Reconstrucción en términos de la reacción negativa de los blancos a la igualdad racial.

Una perspectiva histórica

En 1873, por ejemplo, más de 150 hombres blancos armados, la mayoría afiliados al Ku Klux Klan, asesinaron a entre 60 y 150 miembros de una milicia negra. La milicia había estado defendiendo el juzgado de Grant Parish en Colfax, Louisiana, después de las elecciones para gobernador del estado muy disputadas de 1872.

«La masacre de Colfax, el caso más sangriento de carnicería racial en la era de la Reconstrucción, enseñó muchas lecciones, incluso hasta dónde llegarían algunos opositores a la Reconstrucción para recuperar la autoridad habitual», explica el profesor de la Universidad de Columbia Eric Foner en su libro de 1988 «Reconstruction: America’s Unfinished Revolution, 1863-1877«.

Autoridad habitual. Más de un siglo y medio después del final de la Guerra Civil, Estados Unidos todavía tiene que lidiar por completo con la amenaza duradera del derecho de los blancos al control político, como lo demuestra el asalto al Capitolio por parte de una turba que ondeaba la bandera confederada.

«Todavía tenemos mucho trabajo que hacer», dijo Kamala Harris en la entrevista.

Sin embargo, podría haber una perspectiva consoladora para la carnicería de principios de este mes.

El ataque podría dar a Biden y Harris el impulso político necesario para actuar con más vigor que algunos de sus antecedentes demócratas para desterrar a los grupos de supremacistas blancos y reprimir la corrupción y el racismo en los departamentos de policía, argumentó Ronald Brownstein la semana pasada.

A menudo, Estados Unidos asume que es mejor de lo que es, particularmente cuando se trata de alimentar el progreso racial. El nuevo Gobierno tendrá la oportunidad de acortar la distancia entre ese supuesto y la realidad.

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