OPINIÓN | Murió por ser negro

Nota del editor: Pedro Brieger es un periodista y sociólogo argentino, autor de siete libros y colaborador en publicaciones sobre temas internacionales. Actualmente se desempeña como director de Nodal, un portal dedicado a noticias de América Latina y el Caribe. Ha colaborado con diarios argentinos como Clarín, El Cronista, La Nación, Página/12 y Perfil, y con revistas como Noticias, Somos, Le Monde Diplomatique y Panorama. A lo largo de su trayectoria, Brieger ha recibido importantes premios por su labor informativa en la radio y la televisión de Argentina.

(CNN Español) — El título de esta columna repite las primeras frases de un comunicado de un grupo de trabajo de igualdad racial de la Defensoría Pública del estado brasileño de Río Grande do Sul, cuya capital es Porto Alegre. Allí, el jueves 19 de noviembre un hombre negro de nombre Beto Freitas murió mientras era retenido por agentes de seguridad en circunstancias muy parecidas a las de George Floyd en Estados Unidos, caso que tuvo amplia repercusión. Ambos negros. Ambos murieron mientras eran sujetados e inmovilizados por agentes de seguridad. Ambos hechos generaron múltiples declaraciones de repudio hacia el accionar policial en general y entre la población negra en particular. Ambos son descendientes de esclavos traídos de África. George Floyd y Beto Freitas. Estados Unidos y Brasil. Dos países unidos por una larga historia de racismo. Mientras el caso Freitas recién comienza a investigarse, en el caso Floyd ya hay acusados.

Para agregar más tensión a la situación en Brasil hay que decir que Freitas murió en las vísperas del 20 de noviembre, el día de la conciencia negra que conmemora el asesinato de líderes negros en una revuelta antiesclavista de 1695 y es feriado en múltiples ciudades del país. El hombre había ido a un supermercado y tras un altercado fue llevado fuera del local por dos agentes de seguridad privada –uno de ellos, empleado temporario de la policía militar, ambos blancos. Por razones desconocidas, Freitas dio una puñetada a uno de los guardias, y estos pasaron a pegarle y a sujetarlo contra el suelo por varios minutos, incluido con una rodilla sobre su espalda y su cuello, mientras clientes, empleados y otros guardias miraban. Freitas murió allí después de unos cuatro minutos. Además de las imágenes de las cámaras de seguridad obtenidas por un informativo de la TV, el hecho fue filmado por varias personas y se viralizó por las redes sociales, generando una ola de protestas.

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En la investigación de la muerte de Freitas, una de las empleadas dijo a la policía, según el diario Folha de S. Paulo, que el hombre parecía enojado por alguna razón que ella no entendió por la confusión del momento y porque él llevaba una mascarilla. Los abogados del policía militar que trabajaba como agente de seguridad dicen que este no tuvo intención de matar a Freitas y que tampoco estaba motivado por cuestiones raciales.

(Luis Alvarenga/Getty Images)

La lucha contra la discriminación necesita de un mensaje claro desde las principales autoridades para combatir los estereotipos, ampliar derechos y reconocer la propia historia de racismo. Más en el caso de Brasil, que fue el último país de América Latina en abolir la esclavitud y donde hoy más del 56 por ciento de la población se declara negra o mulata.

Pero hoy la lucha contra el racismo no parece estar en la agenda del gobierno. Según una compilación de declaraciones públicas de funcionarios, el discurso racista en vez de disminuir creció y se duplicó el último año.

Un día después de la muerte de Freitas, en el Día de la Conciencia Negra, el vicepresidente Hamilton Mourao dijo que no existía racismo en el Brasil, mientras que Jair Bolsonaro, por Twitter, comunicó que era “daltónico” y que no existía “un color de piel mejor que otros”. En cualquier persona esta frase podría ser interpretada como un gesto antirracista e igualitario. Pero el presidente de Brasil es conocido por su historial de expresiones discriminatorias.

Para combatir la discriminación de manera efectiva es necesario que el presidente esté en la primera línea. No es el caso.

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