OPINIÓN | Tras el debate… todo queda igual

Nota del editor: Roberto Izurieta es director de Proyectos Latinoamericanos en la Universidad George Washington. Ha trabajado en campañas políticas en varios países de América Latina y España, y fue asesor de los presidentes Alejandro Toledo de Perú, Vicente Fox de México y Álvaro Colom de Guatemala. Izurieta también es colaborador de CNN en Español. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas del autor.Ver más opiniones en cnne.com/opinion

(CNN) — Durante años he trabajado enseñando cómo una democracia moderna y civilizada puede funcionar. Pero el debate del martes me pareció recordar muchos conocidos debates de ciertos políticos de la historia de América Latina que se asemejan a una pelea de perros. Lo del martes no se parecía a un debate, sino más bien a un programa de Laura Bozzo con su famosa y apropiada frase “que pase el desgraciado”.

¿Quién gana cuando se produce un debate como el de esta semana entreDonaldTrump yJoeBiden? Pues ninguno. Pero al no ganar ninguno, seguiría ganando el que estaba de primero en las encuestas, o sea Biden.

Mehubieragustado que Trump haya sido confrontado (o puesto en orden) por alguien como Kamala Harris, quien con toda una carrera trabajando como abogada y fiscal de California, sabe cómo poner en orden a quienes no cumplen las reglas. Sin duda, una respuesta firme del candidato demócrata habría motivado bastante a su base, como lo habrá hecho Donald Trump con la suya. Pero es difícil saberlo, porque una confrontación mutua y directa quizás produciría que algunos indecisos o votantes “blandos”, que en esta elección escasean, no vayan a votar. Aún así, seguiría ganando el que va primero.

Como a muchos, me hubiera gustado una confrontación de ideas y planes: tener un mejor horizonte de cómo manejará cada uno lo que quede de esta pandemia. También que Donald Trump responda por qué la negó y que asuma su responsabilidad. Pero lo único que demostróen unahora y media de debatefueun gran despliegue de lo mismo que venimos viendo en cuatro años de Donald Trump. Si tiene un mérito, es su consistencia en demostrarnos que para él todo es personal y sus respuestas son generalmente una agresión.

¿Cómo se responde a un abusivo? Sin duda, con educación, pero también con disciplina y firmeza. Disciplina que no pudo lograr el moderador que, a pesar de ser de Fox News, se sorprendió de lo que ya nosotros estamos curados de espanto: así es el presidente y así seguirá siendo. No habrá sorpresas.

A Biden se le notaba afectado. No lo culpo: no es fácil lidiar con un abusivo o un niño malcriado.La mejor parte del debate me recordó la famosa frase del rey emérito de España, Juan Carlos I, cuando se hartó de la verborrea del entonces presidente de Venezuela, Hugo Chávez, y le gritó: “¿Por qué no te callas?” durante la Cumbre Iberoamericana realizada en Santiago de Chile en 2007.

Lo único bueno, es que en general, el segundo debate no afectará tanto a Biden o al menos se irá acostumbrando. ¿Pero quién tiene estómago para ver el segundo y el tercer debate? Pienso que menos que el primero. Por eso, el debate de esta semana era importante. No hay nada como la primera impresión.

De todas las frases y confrontaciones, la que pasará a la historia y en este caso, trágicamente, será la respuesta de Donald Trump a un grupo supremacista blanco “Proud Boys: retrocedan y esperen” (“stand back and stand by”)”.En un país que ha pasado por una guerra civil contra la esclavitud y las luchas por los derechos civiles de los años 60, es realmente vergonzoso que a esta altura del partido tengamos que escuchar que se legitime a los racistas. No es la primera vez y tampoco será la última.

Luego de que The New York Times publicara el lunes un reporte sobre el indefendible pago de impuestos federales sobre la renta de US$ 750 de Donald Trump en 10 de 15 años contados desde 2000, y de que las encuestas no se mueven mayormente, dándole a Biden una ventaja de al menos 5 puntos (pasó de 9 en algunas), Trump necesitaba cambiar la dinámica. Solo la reforzó.

Trump sufre de lo que es muy común entre muchos presidentes: de la arrogancia y la distancia que produce el poder. Al fin y al cabo, es muy fácil que en el poder nadie te cuestione y por lo tanto, más difícil que él mismo se cuestione. Donald Trump habrá diseñado su propia estrategia, que no es otra cosa que su personalidad: agresiva.

Sin duda eso ha consolidado su base electoral, a pesar de una pandemia pésimamente manejada. Con el 4% de la población mundial, EE.UU. tiene el 20,4% de las muertes por covid-19, según datos de la Universidad Johns Hopkins. Su base no se ha movido por la crisis económica o la hipocresía que mostró hace cuatro años, cuando decía queBarack Obama no podía nombrar y el Senado de EE.UU. confirmar un juez de la Corte Suprema de Justicia. Eso fue meses antes de la elección de 2016 y ahora, ya en pleno proceso electoral, la mayoría de los senadores republicanos ya están listos para confirmar a una jueza tras la muerte de Ruth Bader Ginsburg el 18 de septiembre,aunque sea con solo 51 votos (Bader Ginsburg llegó a su puesto con el votode 96 de los 100 senadores el 3 de agosto de 1993).

No hay elección más importante para EE.UU. que esta, y no hay una elección más clara que esta. A nadie le puede sorprender la conducta de Donald Trump. No antes y no ahora. Con tanta información pienso que la gente ya está decidida. Lo que no sabemos a ciencia cierta es por cuál y por qué.

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