En medio de una epidemia de soledad, algunas amistades se hacen más fuertes

(CNN) — Durante más de una década, Marie Fiebach y Kelly Schoeppner realizaron caminatas semanales después de dejar a sus hijos en la escuela en Wichita, Kansas. Las dos mujeres disfrutaban del ritual, pero cada una tenía cuatro hijos y una vida ocupada, con familia, trabajo y muchos otros amigos. Cuando llegó la pandemia, ese ajetreo disminuyó, al igual que muchas amistades.

Fiebach, de 45 años, siempre había pasado mucho tiempo charlando con sus amigos en el gimnasio, pero este cerró. El esposo de Schoeppner fue despedido y su hija mayor perdió su trabajo y se mudó a casa. A medida que las formas de sus vidas cambiaban –se volvían más difíciles, más extrañas– su amistad se fortalecía. La caminata semanal de Fiebach y Schoeppner se convirtió en una llamada telefónica semanal y su tono cambió.

«Tuvimos muchas conversaciones que fueron mucho más profundas», dijo Schoeppner, de 47 años. «Fue un alivio saber que ella estaba allí siempre que yo la necesitaba», agregó.

Angustia psicológica y sentimientos de soledad causados por el covid-19

«Kelly se convirtió en mi ventana al mundo y yo en la de ella, aunque nuestros mundos eran mucho, mucho más pequeños», dijo Fiebach.

Menos amistades pero más profundas

La soledad estaba en niveles epidémicos antes de la pandemia y el aislamiento es un subproducto común del covid-19. Los adultos han reportado una disminución significativa en la salud mental desde marzo.

Pero algunas personas han descubierto que a medida que sus mundos se reducen, también se recalibran y algunas cosas son más simples y, a veces, incluso mejores. Muchas mujeres, especialmente aquellas con trabajos, niños pequeños y horarios frenéticos, encontraron que tenían menos amistades, pero más profundas. Reemplazaron cantidad por calidad.

«La soledad no suele ser por no conocer a suficientes personas», dijo Shasta Nelson, autora y experta en amistad. «Es por sentirse conocido por pocas personas», agregó.

La pandemia afecta la amistad de varias maneras. La verdadera amistad, dijo Nelson, se basa en tres cosas. Consistencia: la frecuencia y fiabilidad con la que los amigos interactúan. Vulnerabilidad: sentirse visto y seguro. Y positividad: sentirse bien con las interacciones. La pandemia acabó con cierto tipo de amistad casual, basada más en la consistencia (encontrarse con personas en la escuela, haciendo deporte o en el mercado) que la vulnerabilidad y la positividad.

«(La pandemia) nos quitó nuestra ajetreada vida social y nos dejó con: ‘¿Con quién quiero agendar e interactuar realmente?’», dijo Nelson.

Algunas amistades se están fracturando

Algunas amistades se están fracturando bajo la tensión de nuestro tiempo, sin lograr suficiente positividad para continuar. «Muchas relaciones en este momento están luchando con cómo la gente responde a la pandemia de manera diferente», dijo Nelson. «Se sienten juzgados, o se sienten culpables, o juzgan a la otra persona por no usar mascarillas o poner a sus hijos en determinadas situaciones», explicó. La gente no tiene el ancho de banda, dijo, para las relaciones que consumen más de lo que alimentan.

El lado oscuro de trabajar desde casa: la soledad

La poda de algunas amistades hizo espacio para que otras crecieran. A medida que nuestros horarios se liberaron y la tecnología nos conectó, se hizo posible una mayor consistencia con las personas que no habían sido partes casuales recurrentes de nuestras vidas. «Era más fácil alinear los horarios, más fácil sentir que podíamos comprometernos», dijo Nelson.

La propia Nelson comenzó a hacer encuentros por Zoom semanales con sus amigas cercanas. «No estoy esperando nuestro próximo viaje de chicas para contarles lo que sucedió durante la pandemia», dijo. «Nos encontramos con más regularidad y en realidad podemos impactarnos y apoyarnos mutuamente en tiempo real y sentirnos apoyados, vistos, amados y animados», agregó.

Es más fácil hablar de la soledad

La soledad era un problema previo a la pandemia 1:26

Al mismo tiempo, debido a que el aislamiento es tan generalizado, se ha vuelto más fácil hablar de él. «(El covid-19) eliminó un poco el estigma de la soledad», dijo Nelson. De repente no era extraño acercarte a alguien que extrañaste y decirle que querías conectarte.

«Nos permitió este permiso cultural de mantenernos en contacto con la gente», dijo Nelson. Y nos permitió ser más vulnerables. «Estamos dispuestos a profundizar y decir: ‘Oh, Dios mío, esto es difícil’. Y estamos todos juntos en esto», opinó.

A Sandra Newsome, de 60 años, de Queens, Nueva York, la pandemia le proporcionó un camino inesperado hacia la intimidad. Como hogareña e introvertida, valoraba a su grupo de amigos muy unido, pero rara vez disfrutaba salir a verlos, lo que la dejaba con un constante sentimiento de culpa.

«Cada vez que hablábamos era ‘Chica, tenemos que juntarnos’», dijo Newsome. «Pero en la era de la pandemia, ahora la forma en que expresas tu amor a alguien es manteniéndote alejado de ellos», explicó.

Newsome comenzó a hacer videollamadas semanales con esos amigos. «Zoom ha sido el salvavidas de todos. Verlos digitalmente eliminó la presión de estar juntos en persona», dijo. «Somos realmente más libres en nuestra conversación. Es amor puro», opinó.

Newsome y muchos de sus amigos se embarcaron en proyectos creativos y sueños de vida. Y ven cómo están los otros de manera regular y se hacen responsables unos de otros. «No es tanto porque nos dimos cuenta de que la vida era corta», dijo Newsome. «Nos dimos cuenta de que la vida era para vivir», explicó.

La pandemia, dijo, «permitió que la gente que realmente importaba diera un paso al frente y que la gente que importaba menos se retirara».

Para Newsome, los que se retiraron incluyeron algunos miembros de la familia y amigos del trabajo. Trabajó durante 25 años en el sistema judicial del estado de Nueva York, pero ha hablado regularmente con un solo amigo del trabajo.

Conocidos que se convierten en amigos

Otras personas han encontrado conocidos que inesperadamente se convierten en amistades en toda regla. La artista y educadora Diane Moroff, de 56 años, se había mudado de Brooklyn, Nueva York, a un pequeño pueblo al norte del estado en 2019. Pero solo había tenido breves conversaciones y algunas cenas con su vecina del otro lado de la calle, una mujer con diferentes inclinaciones políticas que es una década mayor.

«Ella me preguntó muy al principio, después de que comenzó la pandemia, si quería dar un paseo una mañana», dijo Moroff. Se convirtió en un ritual diario, lo que las llevó a formar una manada improvisada, compartiendo cenas, alegrías, aflicciones, apoyo e intimidad. «Venimos de orígenes muy diferentes», dijo Moroff. Pero, «cuando compartes un momento presente común, no importa tanto cuán diferente sea tu pasado», afirmó.

Moroff se dio cuenta de que se había sentido mucho más sola en la ciudad de Nueva York, rodeada de docenas de personas de ideas afines, que en el campo, con unos pocos amigos que veían el mundo de manera diferente. «Sin la pandemia», dijo, «no creo que esto hubiera sucedido».

¿Qué pasará cuando la vida vuelva a alguna forma de normalidad? «Sospecho que caminaremos juntas los miércoles por la mañana hasta que tengamos 85 años y estemos en silla de ruedas», dijo Fiebach sobre su amistad con Schoeppner.

«Ya hemos pasado por muchas cosas juntas. Esta amistad seguirá creciendo», afirmó.

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