OPINIÓN | Hija en duelo le recuerda a Estados Unidos que no tenía por qué ser así

Nota del editor: Frida Ghitis, ex productora y corresponsal de CNN, es columnista de asuntos mundiales. Es colaboradora frecuente de opinión de CNN, columnista colaboradora de The Washington Post y columnista de World Politics Review. Síguela en Twitter @fridaghitis. Las opiniones expresadas en este comentario son las del autor. Leer más opinión en cnne.com/opinion

(CNN) — Nada se sintió más real, más abrasador, en la primera noche de la surrealista Convención Nacional Demócrata 2020 que las palabras de una hija en duelo, Kristin Urquiza, culpando al presidente Donald Trump de la muerte de su padre por coronavirus.

«Mi papá era un hombre sano de 65 años», dijo bruscamente, «su única condición preexistente era confiar en Donald Trump, y por eso, pagó con su vida».

¿Qué podría importar más al elegir un presidente en medio de una pandemia que la capacidad de un candidato, su determinación, de hacer todo lo que esté en su poder para evitar que la gente muera? Al escucharla contar la historia de su padre, Mark Anthony Urquiza, manifestó el dolor detrás del número de muertos de covid-19 que sigue en aumento, incluso cuando Trump busca implacablemente minimizar la amenaza y socavar las medidas que salvan vidas.

La historia de esta pandemia es uno de los temas de la convención, como debería ser. En muchos sentidos, esta convención podría llamarse la «Convención Demócrata no tenía que ser así».

Quizás las palabras de Urquiza me conmovieron porque perdí a mi padre temprano en mi vida. Entiendo el dolor, la frustración, la ira después de una tragedia tan aplastante. Siempre he sentido un vacío persistente en ese lugar, en algún lugar del plexo solar, donde reside la conexión especial de una hija con su padre. Sentí las palabras de Urquiza emanar desde ese lugar, recién herido, aún ardiendo y blando.

No es el momento de mi historia, sino de la de ella, una que muchos estadounidenses están experimentando ahora y que podría llevar a millones a las urnas para derrotar al hombre al que Urquiza culpa con razón por la muerte de su padre.

¿A cuántas personas tocó Urquiza el lunes por la noche? Al menos 170.000 multiplicadas por hijos, cónyuges, hermanos, amigos y compañeros de trabajo. En resumen, los millones de estadounidenses que han perdido a sus seres queridos. ¿Y por qué?

Mientras relataba lo ocurrido sobre imágenes de su papá sonriendo antes de que se enfermara, de la familia reunida, sin duda esperando muchos años más juntos, dando paso gradualmente a imágenes de él enfermo, escuchamos lo sucedido.

Su padre votó por Trump, confió en él y le tomó la palabra al presidente. Él «lo escuchó, le creyó a él y a sus voceros cuando dijeron que el coronavirus estaba bajo control y que iba a desaparecer; que estaba bien terminar con las reglas de distanciamiento social…».

Cuando se levantaron las restricciones en Arizona, fue a un bar de karaoke con sus amigos. Vimos una foto de su padre, radiante, micrófono en mano. Al poco tiempo, cayó enfermo. Vimos la imagen desgarradora de él, hospitalizado, acercándose el final. Lo pusieron en un respirador. «Después de 5 agonizantes días», dijo Urquiza, «murió solo, en la UCI, con una enfermera de la mano». Eso fue todo. Otra estadística trágica.

Urquiza fue una de las muchas estadounidenses que se destacaron en la primera noche de la Convención Nacional Demócrata. Su historia, y otras, buscaban unir a los demócratas mientras tocaban la fibra sensible de los republicanos. Se convirtió en parte de una convención que tenía como objetivo presentar al partido como una coalición amplia, con espacio para personas de todos los ámbitos de la vida.

De manera reveladora, uno de los primeros oradores en video, un agricultor, dijo: «En primer lugar, me gustaría dar el pésame a la familia Trump» por la pérdida del hermano de Trump, Robert. Y la invocación al principio pedía a Dios que bendijera a todos los estadounidenses, republicanos, demócratas e independientes. Fue un esfuerzo por mostrar a los demócratas en el molde de su candidato, Joe Biden: conciliadores, sanadores, decentes, con el objetivo de restaurar el país a un sentido de unidad nacional.

Los discursos de republicanos y demócratas, palabras elocuentes como las de Michelle Obama, contribuyeron en gran medida a defender ese argumento. Pero el mensaje de Urquiza fue visceral. Esta es una convención como ninguna otra. ¿Cuándo más hemos visto un in memoriam de personas perdidas recientemente a causa de una enfermedad tan terrible?

Más que nada, los estadounidenses están unidos hoy en día en el dolor, en el sufrimiento, en la extrañeza de la vida cotidiana que hubiera sido inconcebible hasta que el virus golpeó y se volvió más mortífero, más costoso, por las retorcidas prioridades del actual presidente. No tenía por qué ser así. Al igual que el padre de Urquiza, millones de estadounidenses votaron por Trump y confiaron en él para hacer grande a Estados Unidos.

Se convirtió en desastre. No tenía por qué ser así.

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