El Dr. Huerta fue seleccionado para participar en el estudio de fase 3 de la vacuna de Moderna en Estados Unidos. Así es el proceso

(CNN Español) – En el episodio de hoy, el doctor Elmer Huerta nos cuenta en primera persona cómo recibió el llamado para ser parte de la fase 3 de la vacuna contra el coronavirus de Moderna y el Instituto Nacional de Enfermedades Infecciosas y Alergias. Huerta, quien es oncólogo y profesor de la Universidad George Washington, se ofreció como voluntario para el estudio. Este es su testimonio.

Puedes escuchar este episodio en Apple Podcasts, Spotify o tu plataforma de podcast favorita, o leer la transcripción a continuación.

Hola, soy el Dr. Elmer Huerta y esta es su dosis de información sobre el nuevo coronavirus, información que esperamos sea de utilidad para cuidar de su salud y la de su familia.

Hoy es martes 18 de agosto. Son las 4 y 30 de la tarde, hora de Washington y acabo de recibir una muy esperada llamada telefónica.

La amable señorita se identifica como coordinadora del estudio de vacunas de la Red de Prevención covid-19 de Estados Unidos, con sede en la Universidad George Washington en la capital del país y me dice que he sido seleccionado para el estudio de fase 3 de la vacuna de Moderna y del Instituto Nacional de Enfermedades Infecciosas y Alergias.

Al recibir la noticia, no me pude contener y grité de alegría. Creo que la coordinadora se sorprendió y empezó a reírse.

Siguiendo el rígido protocolo que tienen los coordinadores para conversar con los seleccionados, me preguntó al menos tres veces si realmente estaba interesado en continuar con el estudio.

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Tras decir que sí cada vez que me hacía la pregunta, me felicitó y pasó a darme las pautas del estudio.

En primer lugar, me dijo: “Usted recibirá en su correo electrónico el consentimiento informado, que debe leer cuidadosamente y luego firmar y retornar. Ya lo he recibido, el documento tiene 21 paginas, que leeré al detalle.

En segundo lugar, la coordinadora me ayudó a conseguir una cita con el médico investigador en el hospital de la Universidad, ofreciéndome el turno de las siete y treinta de la mañana del miércoles 19 de agosto. ¡Qué coincidencia! Yo trabajo en ese mismo edificio, pero ellos no lo sabían ya que en el cuestionario que llené no me pidieron que especificara mi lugar de trabajo.

Me dice que el proceso durará aproximadamente dos horas, tiempo en el cual el médico me hará una serie de preguntas sobre mi historial de salud, me hará un examen clínico completo y me sacarán sangre.

Luego, me dijo, la computadora decidirá qué inyección me pondrán, si la de la vacuna o la del placebo, que probablemente será agua destilada.

Al decir eso, ella recalcó -como lo habíamos descrito en episodios anteriores- que por ser un estudio randomizado (que significa sorteado) y doble ciego, ni yo ni el médico que me aplicará la inyección sabremos lo que me están poniendo.

Es decir, al terminar las dos horas en el hospital, saldré de él sin saber qué me pusieron, si la vacuna de Moderna o un placebo de agua destilada.

Primeros pasos del Dr. Huerta como voluntario de fase 3 2:41

Como lo dijimos en los episodios del 22 de mayo y del 16 de julio, la vacuna que posiblemente reciba es una vacuna desarrollada con tecnología genética de última generación, en la que no se usa al virus en su producto final.

Recordemos en qué consiste…

Sabiendo que el virus ingresa a la célula usando unas proyecciones -a manera de antenas- que tiene en su superficie, los científicos determinaron la estructura de esa antena, descubriendo que es una proteína llamada espiga.

Sabiendo que esa proteína de la espiga es la que permite la entrada del virus a las células, los investigadores pensaron en cómo estimular al sistema de defensa del ser humano para que fabrique anticuerpos neutralizantes contra esa espiga e impedir -por tanto- la infección.

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Para eso, descubrieron que una molécula llamada ARN mensajero 1273 -y que es parte del genoma del nuevo coronavirus- constituye una especie de manual de instrucciones para fabricar la proteína espiga.

Con esa información, los investigadores sintetizaron y purificaron ese ARN mensajero 1273, lo rodearon de una cápsula de grasa y obtuvieron la vacuna.

Al inyectar la vacuna, las células de la defensa de los voluntarios toman ese ARN mensajero 1273 y -teniendo entonces el manual de instrucciones- los linfocitos empiezan a fabricar la proteína espiga, cuya presencia en la sangre engaña al sistema de defensa, haciéndole pensar que el cuerpo esta siendo atacado por el nuevo coronavirus completo y produce anticuerpos neutralizantes contra el virus.

Es decir, en esta vacuna no se usa el virus sino una secuencia del virus, haciendo que sea el organismo de la persona vacunada la que produzca, tanto el estímulo (proteína espiga) como los anticuerpos que reaccionen contra él.

Veremos qué me depara el destino este miércoles, no sé si recibiré la vacuna o una inyección de agua destilada, pero no importa. El hecho es que -ya sea que reciba una u otra- estaré contribuyendo al desarrollo de una vacuna que ayudará a controlar esta pandemia.

En los más de 30 años que uso los medios de comunicación para la educación de salud de las comunidades hispanohablantes, he siempre alentado la participación de las personas en estudios clínicos, y ahora que tengo la oportunidad de hacerlo yo mismo, por qué no… Esa es la única manera de ayudar a la ciencia a descubrir medicinas y vacunas que se sabe que funcionan.

Si tienes alguna pregunta puedes enviarla al doctor Elmer Huerta a través de Twitter. También puedes dirigirte a CNNE.com/coronaviruspodcast para todos los episodios de nuestro podcast «Coronavirus: Realidad vs. ficción».

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